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Gio
Avancé rápido a la puerta de mi casa porque pensé que podía ser algún vecino con mi gatita, pero al abrirla me encontré con el Luciano mirándome con nerviosismo.

—Ah, erís tú. —le dije limpiándome la cara. He llorado todo el santo día. —¿Qué querís?

Se tocó el pecho mirándoselo y luego se rascó la nuca.

—¿Podemos hablar?

La pensé, no era el momento ni tampoco quería hablar con él, pero me sentía tan triste que quería dejar de pensar en donde estaría mi gata por un momento.

—Hazla corta. —le dije indicando que pasara.

Su mirada se iluminó y pasó sin pensarlo. Cerré la reja y avancé limpiándome nuevamente las lágrimas que se habían acumulado en mis ojos.

—¿Como estai? —me preguntó. —Me enteré de lo qué pasó con la Kali y pucha...quería venir a ver cómo estabai.

Lo miré y las lágrimas empezaron a salir otra vez. Me acerqué sin pensarlo tanto y seguí lo que mi alma me pedía.

Un simple abrazo.

Apoyé mi cabeza en su pecho, sentí un bulto, pero lo ignoré completamente. El olor de su perfume inundó mis fosas nasales y sentí que estaba en mi lugar seguro, donde todo estaba bien y nada de lo que estaba viviendo estaba pasando. Sentí como me empezaba hacer cariño en el pelo muy suavemente, cuando el bulto en su pecho empezó a moverse.

—Ah chucha. —se separó rápido y miró adentro de su pecho. —Sé que no reemplazará a la Kali, nunca lo hará, pero cuando lo vi pensé en ti y creo que puede ser tu curita al cora en este momento.

Sacó un pequeño gatito de su pecho blanquito con manchitas amarillas, sus ojos eran del color de los míos y tenía una carita preciosa.

—¿Donde lo encontraste? —pregunté limpiándome las lágrimas con la manga del poleron para poder tomarlo. —Hola bebito.

Lo tomé como lo hacía hacer con la Kali y poco a poco mi alma se fue llenando con otro tipo de amor.

Sé que nada podrá reemplazar a la Kali, pero tener a éste gatito entre mis brazos fue lo mejor que me ha pasado desde hace semanas. La Kali es mi bebé, mi hija, mi única responsabilidad, mi mundo y mi todo. Ella había llegado en un momento muy feo de mi vida y al tenerla sentí que todo estaba bien, era mi luz y cuando desapareció sentí como todo lo malo había vuelto, dejándome en un hoyo otra vez.

Estaba con el Franco en una huea de adopciones. —me dijo mirándome nervioso. —Lo vi y pensé en ti.

—¿De verdad? —pregunté acariciando al pequeño ser que tenía en mis brazos. —Eres hermoso.

—Yo había elegido uno negro de nuevo. —me dijo acariciando al gatito. —Pero, el Franco me convenció de llevarme ese porque se parece a ti.

Sonreí.

—Gracias. —le dije.

—Gio. —me hablo en un tono más serio. —Te quería pedir perdón por todo, por lo qué pasó, por el tiempo que dejé pasar y por ser un completo ahueonao.

Lo miré, mordiéndome el labio para no volver a llorar.

—Luciano, no es momento para hablar de esto ahora. —le pedí mirándolo con los ojos cristalizados. —No tengo la cabeza para hablar de eso.

Tensó la mandíbula y asintió derrotado.

—Sé que si no hablo ahora contigo no hablaré más porque si algo sé de ti es que das pocas oportunidades y algo me dice que si no es ahora no será nunca. —me dijo dando un paso hacia mí. —Solo escúchame, no es necesario que me des una respuesta, bueno, por el momento porque para mí si es necesario.

—Entendí tu punto.

Tomó aire profundamente, cerrando los ojos.

—Sé que lo qué pasó en el carrete no tiene justificación y antes de que me digas que no te tengo por qué dar explicaciones, te las quiero dar porque me gustai más que la chucha. —me dijo, logrando que mi ritmo cardiaco se disparara a la chucha. —Ya no quiero estar así contigo y sé que igual te dañé, pero te pido una oportunidad.

Lo miré, encontrándome con esos ojitos cafés que me daban vuelta el mundo cada vez que los miraba.

—Yo te estaba buscando y el alcohol culiao me jugó tan en contra que no atiné a correrme cuando otra loca se me lanzó. —suspiró. —En verdad te pido perdón Gio, mi intención jamás fue hacerte daño, al contrario, siempre quise que te sintieras especial con mi compañía porque yo así me siento cada vez que te veo. —dio un pasó hacia mí y tomó al gatito dejándolo en el suelo para tomar mis manos. —Quiero jugármela por ti porque en verdad siento que eres la mujer de mi vida y si me lo permites quiero hacerte feliz, más de lo que ya eres.

Sonreí al mismo tiempo que unas lagrimitas se me escapan por la emoción.

Tu igual me gustai Luciano. —le dije y él sonrió como ahueonao. —Me dolió lo qué pasó, pero en verdad no puedo reclamarte nada porque no éramos nada ni tampoco habíamos dejado las cosas claras. —suspiré y el brillo es sus ojos se fue disolviendo. —Mi confianza se rompió un poco...

—Lo sé Gio. —me dijo. —No pensé que haríamos como si nada o algo por el estilo, por eso te digo que me des una oportunidad para reconquistarte como te lo mereces y bueno...Si no me la das comprenderé y me conformare con solo ser tu amigo.

La pensé.

¿Vale la pena darle una segunda oportunidad?

Totalmente.

Te la daré. —le dije y él sonrió emocionado nuevamente. —No la tendrás fácil sí.

—Nunca esperé que lo fuera. —me dijo y me guiñó el ojo, provocando que mis mejillas se ruborizaran. —Gracias Gio, de verdad gracias.

Volví a mirar al gatito que estaba en el suelo oliendo su nuevo hogar y sonreí. —¿Le pusiste algún nombre?

—Kenai. —dijo orgulloso. —El Franco dijo que el nombre valía callampa.

Me reí. —El Franco habla puras hueas. —lo miré fijamente. —Gracias por traerlo, Luciano.

Me sonrió de vuelta con la mirada iluminada.

—¿La saliste a buscar?

Negué bajando la cabeza cuando sentí nuevamente las lágrimas que amenazaban por salir.

—¿Quieres que vayamos a buscarla por los alrededores y de paso le compramos un collar al Kenai? —preguntó. —Creo que te haría bien salir.

Asentí. —Creo que sí.

Subí a mi pieza para abrigarme un poco, sacar los papeles que tenía con la foto de la Kali y las llaves para salir.

¿Escapémonos? Donde viven las historias. Descúbrelo ahora