Este individuo es un ser despreciable. Parece que no conoce el cine ni el fútbol. Solo se entretiene creando escenas absurdas. Realmente, el cine sí que lo conoce, es guionista, pero ya sabéis por dónde voy.
Su única forma de divertirse es mofarse de mí. No me parecería nada paranormal que se me apagase el ordenador mientras escribo este artículo. Este pequeño ser solo sabe cortar mis planes cuando más ilusionado me hallo. Su hobby favorito es redactar "plot twists". Le encantan. Cuando veo que todo va en la mejor dirección, me encuentro una story de Instagram que me baja de sopetón de mi nube (para que veáis su crueldad, con lo cómodo que se está en esa nube). Cuando estoy preparado, con todo listo y abriendo la puerta de mi casa, me llega un mensaje diciendo que todo se cancela. Cuando un proyecto está en su punto más álgido, me echan de una patada. En general, mi guionista no soporta ver que estoy feliz. Ni una semana dura una buena etapa.
¿Lo mejor (o peor)? Se asocia con el karma. Se comunican constantemente para que este último le hable sobre mis conductas negativas y así pueda compensarlo. Me alegra que el destino me de algunas hostias de vez en cuando. Bueno, no me alegra, las sufro (ahora mismo estoy llorando de hecho), pero las merezco. Pecar de narcisista y creerme superior a ciertas personas es uno de los fallos que el guionista de mi vida me está haciendo pagar ahora mismo. Ver cómo me adelantan por la derecha no es sencillo para alguien como yo. Tampoco lo es que el destino, o el guionista, me demuestre que no tengo la razón. Creerme totalmente suficiente para conseguir el amor de alguien menospreciando a esa persona y que dicha persona actualmente me tenga atado pero a una distancia kilométrica también es duro. Y así, una tras otra. No falla.
Me podréis discutir cualquier afirmación que haga en este libro menos esta última. Controla absolutamente todos los detalles, tanto los pocos que me hacen disfrutar como los muchos encargados de tirar mi débil esperanza por el vacío. Aun así, confío en él. Confío en que todas las decisiones que toma, las escoge por algo, que realmente quiere lo mejor para mí y que lo único que pretende es lograr que viva de la forma más plena posible.
Tampoco puedo olvidar que gracias a él estoy escribiendo esto. Que gracias a él me encuentro cada vez mejor. En el fondo sé que el camino es justo el que necesito para lograr lo que quiero, pero él no deja de poner obstáculos. Digamos que me pone a la izquierda del camino una fila kilométrica de árboles con frutos suficientes como para alimentarme por años pero que, para alcanzarlos, necesito hacer uso de una escalera. A la derecha me da el lujo de disfrutar de un río del que puedo extraer toda el agua que necesite pero con cuidado de no ser mordido por ningún cocodrilo. Soy consciente de que tengo cuanto necesite al alcance de mí mano siempre que me esfuerce, no es eso de lo que me quejo, si no de los árboles que me caen encima mientras descanso unos minutos en el camino o de los inviernos en los que el río crece hasta rebosar dejándolo todo embarrado. No me priva de ninguna de mis oportunidades pero me castiga cuando hago algo mal.
Es un padre al que no puedo desobedecer, ese que nunca tuve, tiene el panel de mandos de mi vida. No de mis decisiones, si no de todo lo que me rodea. No puedo avanzar si él no quiere, pero lo más probable es que me depare algo mejor, que tenga preparado algo alucinante y que esto solo sean premisas. Por lo menos eso espero. Ahora bien, hasta el momento, me cago en su puta madre.
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Tras una sonrisa
No FicciónLa adolescencia es esa etapa que tanto se pasa por alto aun siendo la que más relevancia tiene en nuestras vidas. Es mucho más que eso de "el paso a la edad adulta". Es el momento en el que le damos forma a la bola de barro con la que llevamos jugan...
