El día llegó, y la luz artificial del infierno iluminó todo menos la vida de los que sufren. El palacio de Cowa se había convertido en un infierno que hacía que llamar infierno al exterior pareciera una burla cruel. El aire olía a sangre seca, a incienso quemado y a rabia vieja que se pudría entre las paredes de obsidiana. Yo permanecía sentada en la misma silla desde hacía horas, con la cesta de mis cachorros a mis pies. Sus cuerpos ya fríos, acomodados con cuidado, parecían dormir. Si no supiera que se habían ido, juraría que en cualquier momento abrirían los ojos y me llamarían mamá otra vez.
Bazal y Cowa gritaban a Grim con todo lo que tenían. Cada acusación que lanzaban me hacía ver con más claridad que todo lo malo que él había hecho no era suyo. Tenebris lo había poseído. Él no comprendía ni le importaban las consecuencias mortales. Seguramente, si supiera que lo haría pasar por esto, se habría calmado un poco. Pero hasta entonces dudaba que viniera a disculparse. A él no le debía nada.
—Si no fuera porque no pretendo darle el puesto de conde a alguno de tus primos, te juro que ahora mismo te mataría y haría de ti la piel con la que me limpie el culo, maldito bastardo de mierda!!! —gritó Bazal, arremetiendo con toda su ira, la saliva volando de sus colmillos.
—Padre, ya le dije que no sé nada —respondió Grim, defendiéndose sin intentar enfurecer más a su padre—. No recuerdo nada de lo que me dices. No importa si gritas más fuerte, no lo recordaré.
—OK, perdonamos todo lo demás, pero ¿el matar a tus hijos?! ¿En serio?! —gritó Cowa con su voz vieja, cansada y partida por el dolor—. Si pretendías hacer eso desde un principio, mejor les hubieras arrancado la cabeza desde el segundo que su madre los dejara a tu cargo.
—Si hubiera querido matarlos, ¿acaso no lo hubiera hecho desde el segundo que Artemisa los parió? —preguntó Grim, la voz rota.
—¿Quién sabe? Quizá mientras ella hacía algo por este reino conociste a alguna maldita amante y ella no quería competir con los hijos de la comandante... —acusó Bazal.
—Pero Artemisa no era la comandante hasta hace unas horas! —protestó Grim.
—Ohh, ¿con que sí hay una amante! —gritó Cowa.
—No saques de contexto mis palabras, abuela.
Toda esta discusión explotaba en la sala del palacio mientras mis crías yacían frías en la cesta. Yo no escuchaba la conversación completa, solo fragmentos que captaba cuando mi conciencia no se dispersaba en el vacío. El dolor era un peso físico que me aplastaba el pecho, pero debajo de él ardía algo más oscuro: una rabia fría, calculada, que me mantenía erguida como una hoja de obsidiana.
—Basta ya. Grim no tiene la culpa!!
Bazal volteó a verme. En su mirada vi incredulidad y confusión.
—¿Cómo sabes? ¿O solo lo defiendes porque es tu esposo? Wow, hijo, ella salió más fiel que tú, imbécil.
—Por favor, Bazal, mira los ojos de tu hijo. ¿No me habían dicho que sus ojos se veían violetas? ¿Por qué volverían a estar dorados justo ahora?
Cowa se quedó pensativa unos segundos y de repente vi una idea atravesar su mente, justo la que quería que ella tuviera.
—Estaba poseído! —gritó Cowa.
—¿Poseído? Madre, ¿estás segura? —preguntó Bazal.
—La niña tiene razón, Bazal. ¿Por qué no nos dimos cuenta antes!!
—Ni siquiera si tuvieran la cabeza en el culo todo el día en vez de preocuparse por Grim lo notarían...
Cowa ignoró incómodamente mi comentario y siguió hablando.
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Demon within
FantasiEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
