Capítulo 4: Tormenta.

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Un cocinero, un soldado y una vigía entran en un barco, ¿Cómo se llama la película?

Se llama "Cómo ser un idiota profesional", dirigida por Aratak, protagonizada por el comandante de flota Ranma y asistida por Iroh y Lu Ten.

En este momento me encuentro en un intento de sala de interrogatorio, solo que no hay vidrio, la puerta está a mi espalda y a mi lado están padre e hijo. Sentado y atado en el otro lado de la mesa está el cocinero, al parecer Lu Ten revisó hasta las esquinas de la cocina, encontrando entre dos láminas de metal una reserva de algas rojas y hojas de adelfa, las cuales estaban reemplazando la ronda estándar de algas nori y hojas de jengibre.

Eso sería bueno en la mayoría de los casos, pero me sigue molestando las caras de esos dos soldados de antes, nadie debería llorar o reírse de esa manera en un momento como ese, por ende, necesito saber qué tan implicado está este sujeto.

Por el momento no ha sucedido gran cosa, tanto Iroh como Lu Ten han usaron su fuego control para aumentar la temperatura en la habitación, no he realizado ni una pregunta, por lo que el tipo se está preguntando qué queremos de él. Después de todo, toda tortura tiene un componente psicológico.

Pasaron unos treinta minutos hasta que me levanté de la silla, caminé hacia su espalda y quité con delicadeza la cuerda que lo amordazaba, por lo que instantáneamente intentó morderse la lengua. Eso fue un sorpresa, una sorpresa que me permitió no solo detener su boca, sino saber lo comprometido que estaba este tipo con su misión.

Temor o lealtad... ¿A qué se deberá?

- Oh vamos... - comencé con un tono relajado - Te trajimos a un sauna privado y ya intentas irte, muy mal, creo que te vendría bien una pequeña lección.

Cuando terminé de hablar, todas las gotas de sudor que corrían por su cuerpo se congelaron, retorciéndose en sí mismas mientras arrancaban pequeños trozos de piel y se convertían en diminutas agujas que perforaban poco a poco su cuerpo. Puedo ver incluso la cara estupefacta de Lu Ten y la sonrisa de Iroh, parece que los sorprendí.

Por parte del cocinero cuyo nombre no pregunté porque no lo quiero recordar, pareció entrar en un shock momentáneo antes de gritar y retorcerse en vano, en otras circunstancias varias agujas se hubieran caído, pero me encargué de que poco a poco fueran entrando y perforando la carne, tomando el aspecto de un puercoespín azul.

No le pregunté nada, lo dejé por unos cuantos minutos hasta que estuvo a punto de perder la razón, momento en el cual paré y volví a hablar.

- Creo que ya has recapacitado. - mientras sacaba las algas y la adelfa - ¿Quién te entregó esto?

El hombre miró ambas cosas mientras un debate se formaba a lo largo de su mente, no dudo que si hablaba le pasaría algo malo, pero era eso o tener que enfrentarse a mí. Además, conspiración o no tenemos que saber quien le entregó esto. En la nación del fuego no son idiotas, saben que los cocineros pueden traer venenos o  armas para asesinar a personas importantes, por lo que me intriga saber cómo lo consiguió.

Obviamente tengo a mis dos sospechosos, pero no puedo ir sin la autorización de Iroh.

- Y-Yo no s-sé nada... - respondió con voz quebrada mientras agachaba la cabeza.

Bien, un hueso difícil de roer, me agrada, puedo respetar eso, desafortunadamente tuve que seguir. Mientras el tipo comenzaba a gritar a la par que las agujas se clavaban en su cuerpo, comenzó a sudar aún más, aumentando la cantidad de agua que podía usar en la tortura, gracias Iroh.

Lo bueno es que podía notar el movimiento de las puntas a detalle, desgarrando carne mientras se aproximaban a los huesos, por lo que justo antes de que tocaran la superficie de los mismos, paré.

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