Que los espíritus nos salven...
- ¡Aléjense malditos mugrosos! - gritó un hombre vestido con telas verdes y doradas - ¿Por qué el rey tierra permitió su ingreso a nuestro anillo?
Al otro lado de la calle hay un grupo de personas mendigando, humillados hasta el cansancio por un noble que acaba de pasar por ahí junto a sus guardias. Las cosas han ido de mal en peor desde el inicio de los ataques, no importa la hora del día, si el sol está en lo alto o hay luna llena, siempre se escuchan los truenos en la distancia.
Mis tatarabuelo no sufrió la guerra, mi bisabuelo no sufrió la guerra, mi abuelo no sufrió la guerra, mi familia no sufrió la guerra, pero yo sí.
Mao murió en el primer ataque, todo por una explosión por parte de esas flechas gigantes, nunca recibió entierro digno. Mi padre murió de cansancio mientras trabajaba en un proyecto de construcción militar. Mi madre murió tras rechazar la propuesta de un noble de acostarse con él. No tengo familia, no tengo amigos, no tengo pasado, presente o futuro, ni siquiera nuestro antiguo taller sobrevivió los ataques.
Las explosiones, los gases, las enfermedades, las revueltas y el sufrimiento, todo se reunió en una vorágine de caos nunca antes vista. El anillo exterior solo es un páramo de escombros, repleto de cadáveres y plagas que poco a poco se infiltran en los anillos superiores. El anillo medio es un matadero para la gente como yo, incapaces de volver a levantarnos, rechazados por todos incluso teniendo el poder de controlar la tierra.
Mientras tanto están ellos: los malditos nobles, mirándonos desde sus hogares mientras escupen hacia abajo, pensando que su mera presencia es un lujo del cual deberíamos estar agradecidos. El rey tierra ni siquiera se ha pronunciado, nadie lo ha visto desde hace mucho. Muchos piensan que está muerto, pero yo sé que vive, pensando constantemente en cómo mantenernos débiles y hambrientos, susceptibles a sus maquinaciones.
Sea quien sea el que atacó Ba Sing Se, esto no quedará así. Me voy a vengar de los culpables de la muerte de mi familia, cueste lo que cueste.
- Oye chico, ¿Tienes hambre?
De repente un hombre calvo apareció a mi lado, su mirada fría contrastaba mucho con el alimento en sus manos, ofreciéndome gratamente el único alimento digno que había visto en semanas.
- ¿Qué buscas? - nadie da nada gratis.
- Estoy formando un grupo, un lugar en el cual protegernos.
Intenté probar si mentía, pero no había ni una sola fluctuación en su rostro.
- Acepto. - respondí mientras agarraba el pan - Soy Yun, ¿Cómo te llamas?
- Kaoru.
Rápidamente nos alejamos de las calles principales, acercándonos relativamente rápido a una sección media del anillo. Fue en un almacén donde lo vi, decenas de personas de todas las edades entrenando tierra control, cada uno endurecido por el dolor de la perdida y la devastación.
- Si quieres vivir, debes ser fuerte. - dijo Kaoru - Te haré fuerte, a todos ustedes.
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- No. - dijo Hanta mientras Yugoda y ella me acompañaban a mi casa.
- Pero aún falta contar las provisiones, las tendremos que usar mientras el comercio esté cerrado. - contesté mientras ambas mujeres me arrastraban.
Soy alguien trabajador, nunca me permito abandonar mi puesto, pero ellas piensan que no puedo aguantar todas las responsabilidades de la tribu. Yo no he hecho nada; Komo se ha reunido con el pueblo, Yugoda a controlado a Pakku y al consejo, Khota ha administrado a los guerreros y Hanta calmó y dirigió a las sanadoras. En retrospectiva, lo único que he hecho ha sido dar órdenes.
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Balance
Fiksi PenggemarRodeado de nieve roja... Con sus huesos martillando contra la piel de sus enemigos... Expulsando lenguas de destrucción en el cielo... Marcado por la traición... Encontrará la paz...
