Capítulo 11: Encargo 2

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Creo que voy a comer calamar.

- ¡Oye! ¡No te muevas!

Ante mi se encontraba mi querida discípula montando el lomo de un perro-oso polar mientras el líder lobo y yo la veíamos resistir.

¿Cómo llegamos a esto? Fácil.

Al llegar al antiguo territorio de los lobos, el cual consistía en una cueva grande, nos encontramos con una manada de perros-oso polar, los cuales habían sido desplazados ante el asesinato de uno de sus miembros más viejos.

Alguien despreciable, malvado y ruin había osado matar indiscriminadamente al pobre animal, por lo que comenzaron a temer algún ataque y decidieron moverse, luchando contra los lobos-zorro y ganando.

Obviamente ese cruel individuo no volverá a molestarlos, pero me vi en la necesidad de apostar. Si Hanta resistía montar por un minuto a uno de los miembros más jóvenes de la manada, los territorios serían restablecidos. Si Hanta no lo lograba, los territorios aún volverían a ser cómo antes, pero yo sería devorado. Naturalmente, la chica no estuvo de acuerdo, pero preferí desestimar sus preocupaciones y enviarla.

Muchos dirían que esto es una tontería y que estoy haciendo todo más difícil, pero no puedo ir por la vida imponiendo mi visión de la realidad... Por ahora. Ofrecerme como sacrificio es una muestra de mi buena voluntad, por lo que mantengo la restauración del territorio y al mismo tiempo pruebo a Hanta.

Debo decirlo, la chica es talentosa, por lo menos para alguien sin mayor entrenamiento. Se está sujetando del pelaje del animal de una forma inhumana, algo verdaderamente admirable.

- Rouf... - me dice el líder lobo.

También hay algo curioso, parece que los animales tienen la capacidad de infundir sus cuerpos en chi, por lo que pueden transmitir emociones inusualmente cercanas a la humana. Tiene sentido, después de todo, los espíritus que poseyeron a sus antepasados eran seres conscientes.

- Tranquilo, lo va a resistir. Ahora, espero que todos respeten su parte del trato.

Al instante pude sentir una mirada resentida del líder oso, desafortunadamente no me importa lo suficiente como para mirarlo. Puedo sentir el peso de esas monedas en mi mano, tintineando entre sí mientras mis ahorros crecen.

- ¡Que te quedes quieto!

Fue solo hasta que terminó el minuto que Hanta dejó de gritar, bajando súbitamente del animal mientras vomitaba algo de almuerzo.

- ¡Maldito! - dijo mientras se limpiaba y se acercaba a mi - ¡Más te vale que la paga por esto sea buena!

- Créeme, tardarás semanas en gastarlo. Si te parece, podríamo-

Desafortunadamente tuve que parar cuando noté cómo el líder oso se abalanzaba contra la sanadora.

*ahh* Odio hacer esto.

Con un movimiento de mi brazo una capa de agua explotó bajo la gran bestia blanca, provocando que su cuerpo comenzara a ser restringido por una bóveda de hielo hecha a medida, prisión bajo la cual fue obligado a soportar pequeñas estacas en el interior. Fue solo tras unos minutos de sufrimiento que decidí parar, cortando la cabeza del animal mientras sus iguales escapaban con su cuerpo.

Pese a todo, parece ser que Hanta se acaba de llevar otro susto de muerte. Me recuerda tanto a mis años de juventud.

- ¿Algún resentimiento? - dije mientras comenzaba a irme.

- Rouf.

Bien, por lo menos no molestarán. Es increíble lo razonables que pueden llegar a ser estos animales. Y así fue como todo el problema de territorios se solucionó, más le vale a Kato darnos una misión fácil la próxima vez.

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