Veintitrés personas, veintitrés reclusos que habitan las celdas del palacio real.
Va a sonar mal, pero no pude evitar practicar sangre control con tanta afinidad y muñecos de prueba a mi merced. Nadie los vigila, pues hace mucho sus cuerpos han sido marchitados por la falta de alimento y luz solar.
Al parecer también descubrí otra maravilla del chi, pues, al circularlo de forma lenta, logré detener la mayor parte de mis procesos, desde la circulación hasta la respiración. Algo peligroso si no se entrena bajo la tutela de alguien, pero manejable cuando puedes sentir hasta el mas mínimo de tus vasos sanguíneos.
Desafortunadamente los pensamientos intrusivos regresaron, manifestándose desde matar a los guardias hasta hacer estallar los ojos del hombre de la celda a mi lado. En circunstancias normales me hubiera detenido, pero la prueba del Espíritu del Hielo será en unas semanas, por lo que tengo poco tiempo para practicar sangre control.
Fue así como llegué a mi estado actual, un trance en el que siento la sangre de los presos, mantengo mi circulación de chi al mínimo y medito mientras calmo mi mente.
Meditar es algo raro, sobretodo cuando técnicamente puedes llegar a desligar tu espíritu. En mi antiguo mundo se consideraba como una simple técnica de concentración semi-consciente, pero aquí se manifiesta como un arte para alcanzar un mayor rango espiritual respecto a tu elemento o al mundo que te rodea.
Por ejemplo, los maestros aires meditan para desligarse del mundo terrenal, imitando la libertad del aire mientras abren sus chakras, se tiene la creencia que los nómadas aire vivían siempre en los templos cardinales, pero la mayor parte de ellos eran, bueno, nómadas, viajando a lo largo del mundo para compartir su sabiduría, por lo que su poder político era de los más grandes a lo largo del mundo.
Tomando como ejemplo contrario están los maestros tierra, los cuales, al meditar, entregan su existencia al mundo bajo sus pies, convirtiéndose en unos con la tierra, lo que a su vez les permite alcanzar nuevos niveles como el metal control. Técnicamente es posible usar el polvo como aire control o la tierra como si fuera un líquido, pero solo una persona ha logrado eso y era el mejor maestro tierra.
Debido a esto, ¿en qué me centro al momento de meditar para unirme a mi elemento?
Fácil, me concentro en blasfemar contra la lógica misma. Me explico, existe una probabilidad no nula de tomar el agua de la atmósfera y crear cristales de hielo en la piel de una persona; tampoco es imposible usar agua control de forma constante para eliminar las impurezas en mi cuerpo.
Esto último es lo que más me interesa, pues estoy seguro que puedo superar a Lao Ge, uno de los maestros del avatar Kyoshi y la única persona conocida en alcanzar la inmortalidad. Parece que era maestro tierra, pues la técnica de la longevidad fue usada por personas como Bumi o la propia Kyoshi.
Tengo una sospecha para encontrarlo, pero tendrán que pasar varios años para obtener una oportunidad segura.
*crank*
De repente mi mente se alertó al notar como alguien más entraba en el calabozo. No era Hanta o Yugoda, era otra persona, una que conocía muy bien.
Unos segundos después se reveló ante mi la figura anciana, mi primer maestro, Pakku.
- Pakku... - dije con una voz sin emoción mientras lo miraba a los ojos.
- Aratak, estoy aquí para hablar. - respondió en el mismo tono mientras se sentaba en posición de loto.
Maldito anciano... mínimo deja de mirarme con decepción.
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Balance
FanfictionRodeado de nieve roja... Con sus huesos martillando contra la piel de sus enemigos... Expulsando lenguas de destrucción en el cielo... Marcado por la traición... Encontrará la paz...
