En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
—¡Por aquí! —nos guió Peter dentro de la iglesia, y todos lo seguimos corriendo. —¡Basta, basta! —nos detuvo de golpe —Debemos saber dónde estamos. Debemos saberlo para encontrar a Scott y a Kira.
El teléfono de Stiles comenzó a sonar.
—¿Cómo es que hay señal aquí? —preguntó en un susurro. Luego contestó la llamada —Hola, papá —y se alejó unos pasos.
Peter nos miró incrédulo.
Mi cabeza viajó por los alrededores, analizando nuestra posición, pero lo único que veía eran ruinas y polvo. Intenté cambiar a mi otra visión, pero un mareo me invadió de repente. Mi cuerpo se tambaleó hacia atrás, y Peter fue el primero en sujetarme.
—Sid, ¿estás bien? —preguntó Liam, sujetando mi brazo.
Me solté del agarre de ambos con cuidado.
—No me gusta este lugar —dije cerrando los ojos para agudizar mis sentidos—. Hay algo... raro.
—¿Te refieres a las criaturas de dos metros con calaveras? —preguntó Peter con sarcasmo.
Fruncí el ceño.
—No... es algo más.
Stiles colgó la llamada y volvió con nosotros. Apenas me vio, tomó mi rostro entre sus manos.
—¿Sid? ¿Qué sucede?
Tomé sus muñecas para apartarlo suavemente.
—Creo que es Scott, pero hay algo que no me deja sentirlo del todo.
—¿Qué te dijo tu padre? —preguntó Malia a Stiles.
—Irá a la escuela, en busca de Mason y Lydia.
—¿Entonces qué hacemos ahora? —preguntó Liam.
Todos nos miramos entre nosotros, tensos.
—¡Cuidado! —gritó Malia, tomando a Liam para esquivar un ataque de un Berserker.
Peter me sujetó por los hombros y comenzó a arrastrarme con los demás.
—¡Retrocedan, retrocedan! ¡Rápido! —nos apuró mientras corríamos por un pasillo.
Mi cuerpo se sentía debilitado, casi fuera de sí. Mis sentidos estaban alterados. Podía oler algo familiar, disfrazado bajo el polvo y la putrefacción.
Corrimos hasta llegar a un espacio abierto. Malia le lanzó la katana a Stiles.
—¡Encuentra a Kira y a Scott! —le ordenó.
Stiles me miró y luego alzó la vista hacia Peter, que me sostenía para evitar que me desplomara. Estaba indeciso, pero un pequeño asentimiento de mi parte fue suficiente para que saliera corriendo.