En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
—Y bueno, me dijo que me uniera al equipo —mi cubierto cayó al plato de repente ante el comentario de Kira.
—¿Hablas en serio? — la pelinegra me miró incrédula.
—¿A eso si prestas atención? —solté un suspiro.
—Lo siento, todo este tema de la piscina de muertos me tiene loca. De todas las cosas que nos han pasado no creí que nos tocaría un lunático que le pusiera precio a nuestras cabezas —hice mi comida a un lado.
—Pero no estabas en la lista.
—Aún faltan dos listas más, Kira. Y Scott cree que es un estudiante quien se está encargando de los asesinatos. No podemos confiar en nadie —dije mirando a todas las personas en la cafetería.
—Bueno, por ahora no creo que debamos preocuparnos, esta noche hay un partido y eso es lo importante ahora. Mañana podremos concentrarnos en salvar al mundo —soltó una pequeña risa, yo solo asentí. La chica volvió a su comida y estuvimos en silencio hasta que una bandeja a nuestro lado golpeó la mesa con fuerza.
—Hola —saludó Malia con una enorme sonrisa. Desde esa noche en la casa del lago no se había despegado de mí, y ya comenzaba a irritarme un poco.
—Hola —respondimos las dos a la vez.
—Lydia sigue sin poder conseguir la llave, estamos pensando en comunicarnos con Meredith —comenzó a embutir su comida como si estuviera muerta de hambre.
—Creo que es buena idea —resalté sin dejar de ver a la castaña —Dios, baja el ritmo, te vas a ahogar —Malia me miró con el ceño fruncido y siguió comiendo, pero un poco más lento.
Kira y Malia se dedicaron a hablar por el resto del almuerzo hasta que la campana sonó y yo me levanté inmediatamente para correr a clases y escapar de la coyote. Una vez entré al salón, me senté en mi puesto y me encogí tratando de hacerme invisible. El salón se comenzó a llenar y Stiles y Scott se sentaron cada uno a mis lados.
El de los lunares sacó un montón de fotografías de los cadáveres y comenzó a analizarlas causándome más disconformidad de la que ya tenía.
—Disparidad económica —dijo Finstock entrando al salón —Existe en todas las formas. Tomemos a los deportes, por ejemplo, algunos equipos tienen mejores facilidades para entrenar, otros tienen mejor equipo, no como Beacon Hills que apenas puede permitirse la cinta para mantener nuestro equipo en un pedazo —dijo molesto señalando el palo de Lacrosse en sus manos. Cuando pasó por el lado de Stiles, golpeó su escritorio llamando su atención —Stilinski —se agachó para ver de cerca las fotos —Si pudiera calificarte en que tan profundamente me perturbas, tendrías un 100.