Capitulo 61 : Furia.

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Se encontraba en el callejón, rodeado por los miembros de la Liga de las Sombras. Su mente bullía con un torbellino de emociones: furia, traición, dolor. No pensaba, solo actuaba por instinto, golpeando con una ferocidad que parecía surgir desde lo más profundo de su ser.

Los miembros de la Liga, entrenados y hábiles en combate, no esperaban esta reacción tan violenta de Jonathan. Se lanzaron contra él con rapidez y precisión, pero Jonathan era como un huracán descontrolado. Esquivaba golpes, devolvía ataques con una rapidez sorprendente. Cada golpe resonaba en el callejón, mezclándose con los gruñidos de esfuerzo y dolor.

—¡No puedes hacer esto! ¡No puedes controlarme así! —gritó entre golpe y golpe, su voz desgarrada por la amargura y la desesperación.

Su mente estaba nublada por las palabras que habían destruido su mundo. Recordaba cada detalle de la conversación, cada mentira expuesta, cada verdad dolorosa. No podía soportar la idea de que todo lo que había conocido, incluso sobre sí mismo, fuera una mentira. Cada golpe que lanzaba llevaba consigo la carga de esa traición.

El sudor le corría por la frente, sus músculos ardían con el esfuerzo y la ira. Sus sentidos estaban agudizados, cada movimiento de sus oponentes parecía ralentizado en su mente mientras él se movía con una velocidad y agilidad que ni siquiera sabía que poseía.

De repente, un silbido penetrante rompió el tumulto de la pelea. Se detuvo abruptamente, sus puños aún en el aire. Miró hacia la figura que se recortaba contra la luz de la luna al final del callejón. Damian estaba allí, observando con una expresión que no podía descifrar. Había algo en su mirada que sugería una mezcla de sorpresa y admiración.

—Impresionante, Jon. No sabía que tenías tanto fuego dentro de ti —dijo Damian, su voz calmada pero cargada de emoción.

Respiraba con dificultad, sus ojos clavados en los de Damian. La rabia ardía en su interior, pero algo en la presencia de Damian lo hacía dudar.

—¿Cómo puedes...? —Jonathan comenzó, pero Damian lo interrumpió.

—Eso fue increíble, pero no puedo permitirte que sigas así —dijo Damian con solemnidad. Sacó algo de su cinturón y lo sostuvo frente a Jonathan. Era un pequeño cristal blanco, que emitía una luz fría y ominosa. —Kryptonita blanca. Sé lo que te hizo en el pasado. No puedo permitir que sigas destruyendo a mi gente—explicó Damian, su tono serio.

El corazón de Jonathan se detuvo. La kryptonita blanca era su debilidad más profunda, un recordatorio constante de su vulnerabilidad. Recordó los días de agonía y debilidad cuando estuvo expuesto a ella.

Los exámenes. Batman. El campamento.

Todo vino a su mente de golpe, sumiéndolo en una desesperación abrumadora. Sus piernas comenzaron a temblar, el sudor frío recorriendo su espalda. El dolor y el miedo que había experimentado en el pasado se mezclaron con la traición de Damian, formando una tormenta de emociones que amenazaba con consumirlo.

Preferiria estar muerto.

—No... no puedes hacer esto —murmuró Jonathan, retrocediendo instintivamente.

Damian dio unos pasos hacia adelante, manteniendo la kryptonita blanca a la vista pero sin acercarse demasiado. —Te necesito docil—dijo con firmeza.

Jonathan miró a la kryptonita blanca con temor y desesperación. Sabía lo que significaba, lo que le había hecho en el pasado.—No puedo... —murmuró las lágrimas caian por sus ojos, pero no mostraba una mirada de tristeza, sino una de dolor.

Damian dejó la kryptonita blanca en el suelo, a poca distancia de Jonathan. Luego se volvió y comenzó a caminar hacia la salida del callejón.— No espero que algún día puedas entenderlo. No podemos seguir así —dijo antes de desaparecer entre las sombras de la noche.

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