Jon despertó lentamente, sus sentidos volviendo gradualmente a la vida. Sintió un peso incómodo sobre su rostro y una frialdad artificial en su nariz y boca. Al abrir los ojos, parpadeando contra la luz cegadora de la habitación, se dio cuenta de que estaba rodeado de máquinas. Cables y tubos estaban conectados a su cuerpo, y una máscara de oxígeno cubría su nariz y boca.
El sonido rítmico de la máquina que marcaba sus pulsaciones llenaba el ambiente, una constante en medio del zumbido suave de los equipos médicos. Jon intentó moverse, pero su cuerpo estaba débil y entumecido, como si hubiera estado inmóvil por mucho tiempo.
Mientras su mente lentamente comenzaba a funcionar, la realización de su situación lo golpeó con fuerza. Se lamentó por despertar, deseando no haberlo hecho. La abrumadora sensación de desesperanza y culpa que había sentido antes de consumir la kryptonita regresó con una intensidad brutal. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, silenciosas y amargas, cayendo por sus mejillas mientras sollozaba silenciosamente.
No quería estar vivo, no quería enfrentar la realidad de sus acciones y el dolor que lo consumía. Finalmente, exhausto por la tormenta emocional, se volvió a dormir, buscando refugio en la inconsciencia.
Horas después, despertó nuevamente, esta vez más consciente de su entorno. La luz de la habitación ya no le parecía tan cegadora y los sonidos de las máquinas eran menos abrumadores. Sentía su cuerpo un poco más fuerte, aunque aún débil y adolorido.
Miró a su alrededor, tomando nota de los monitores, las bolsas de suero y el intrincado sistema de cables y tubos que lo mantenían con vida. La máscara de oxígeno seguía en su rostro, pero su respiración era más estable. Intentó mover una mano y, aunque fue un esfuerzo considerable, logró levantarla unos centímetros antes de dejarla caer nuevamente sobre la cama.
Jon tomó un profundo respiro, llenando sus pulmones con el aire filtrado por la máscara de oxígeno. Su mente, ahora un poco más despejada, intentaba recordar los eventos que lo llevaron a este momento. Había algo que lo perseguía, una sensación de que había dejado algo importante sin resolver. Mientras luchaba contra la niebla en su memoria, una figura familiar cruzó su mente: Damián.
El sonido de la puerta abriéndose suavemente interrumpió sus pensamientos. Jon giró la cabeza con esfuerzo y vio a una enfermera entrar, empujando un carrito con suministros médicos. Ella lo miró, y al notar que estaba despierto, se quedó inmóvil por un segundo. Luego, rápidamente salió de la habitación, dejandolo con sus pensamientos.
Jon cerró los ojos, intentando bloquear el mundo exterior. No quería ver a nadie, no quería enfrentar a nadie. El peso de sus acciones y la culpa lo mantenían atrapado en una prisión de desesperanza.
Unos minutos más tarde, la puerta se abrió de nuevo. Jon no hizo ningún esfuerzo por mirar, esperando que fuera otra enfermera. Pero cuando una voz suave y cálida habló, no pudo evitar abrir los ojos
-Hola, Jon. Soy Thalia, la madre de Damián.-Una mujer elegante, con una presencia tranquila y compasiva, se acercó a su cama. Sus ojos reflejaban una mezcla de frustación.-Sé que no quieres ver a nadie ahora, pero tenemos algo importante que decirte.
Jon sintió una oleada de ira al escuchar su nombre. Thalia era la razón por la que Damián había cambiado tanto, por la que se había convertido en una persona diferente. Ella había separado a su mejor amigo de él durante años, moldeándolo en algo que Jon apenas reconocía.
-¡No! -gritó Jon, su voz rota pero cargada de furia-. No quiero verte, ni a ti ni a tu hijo. ¡Vete!
Thalia se detuvo, sorprendida por la intensidad de su reacción. La ira en los ojos de Jon era palpable, una mezcla de dolor y resentimiento.
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No te voy a abandonar
FanfictionJonathan finalmente cumple la edad para unirse al campamento de héroes, su sueño desde que su padre se lo mencionó. Al llegar, lo asignan a una misión con el chico que siempre lo trató mal. ¿Podrán superar sus diferencias y convertirse en amigos, o...
