Capítulo 31: Ay No

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-¿¡Dónde está!? - preguntaba Damian mientas subía las escaleras de prisa.

-Deja de hacer ruido- dijo la mujer que no les permitió llegar a la cima de las escaleras.

-¿Dónde está ella, Jazmín?- apretó los puños- Necesito verla.

-No te dejaré verla hasta que te tranquilices- respondió con los brazos cruzados.

Ahora ambos estaban en una pelea de miradas, pero para sorpresa del menor, Damian sólo suspiro y se quedó callado. Jazmín relajo su mirada y les hizo una señal con la mano para que la siguieran. Caminaron hasta el final del pasillo, donde se encontraban una puerta más clara que las demás, entraron con prisa, encontrándose una escena que impacto a los chicos.

-Maya... - la voz de Damian era una mezcla de enfado y preocupación, Jonathan nunca lo había visto así.

Maya yacía inmóvil en la cama blanca, su cuerpo envuelto en vendajes que revelaban las huellas de algún incidente reciente. La tenue luz amarilla apenas iluminaba la habitación, creando sombras que resaltaban la quietud del lugar. El silencio era casi palpable, interrumpido únicamente por los suaves pitidos del oxímetro que indicaban la estabilidad de sus signos vitales.

La habitación estaba impregnada de un aire de tensa calma, como si el tiempo se hubiera detenido dentro de sus paredes. Los compañeros de Maya, aunque presentes, se mantenían en un silencio respetuoso, con gestos preocupados que reflejaban la gravedad de la situación.

-¿Cómo? - pregunto Jonathan en un hilo de voz.

-Una de mis chicas la encontró tirada cerca de un basurero de Chinatown. La dejaron muy mal herida... Parece que tuvo una pelea difícil y apenas logró escapar- explicó con cansancio.

Jazmín tenía unas ojeras notorias en sus párpados, parecía que no había dormido en muchas horas, se le notaba cansada.

-Mierda- escucho a su compañero maldecir- no se supone que pasara esto. Maldición.

Intentó poner una mano en el hombro del chico, pero este solo le dio un manotazo como respuesta.

-Dami...

-Damian esto no es tu culpa- le dijo la mujer- ella fue la que se metió en este problema, ahora solo nos toca velar por ella.

-¡Yo la mande con ese tipo! - gritó- debí ir yo, no pensé en las consecuencias.

Mientras observaba a Damian, cuyo semblante reflejaba culpa y decepción, Jonathan se identificó con esos sentimientos familiares que experimentó. Recordaba la sensación de impotencia al darse cuenta de que, a pesar de sus mejores esfuerzos, las personas a su alrededor resultaban heridas o decepcionadas. La empatía de Jonathan lo llevó a compartir ese dolor en silencio, como si pudiera sentir la carga emocional de Damian resonando en su propio ser.

Damian salió de la habitación con molestia, ninguno de ellos intentó detenerlo -Déjalo- las palabras de Jazmín lo sacaron de sus pensamientos- dale tiempo a Damian, está analizando todo en este momento.

Jazmín se dio cuenta de la cara que poseía el menor, una de desesperación y molestia, a él también debían apoyarlo.-Sígueme Super Boy- el mencionado no replicó, sólo siguió a la mujer hasta fuera de la habitación, para después entrar a la de ella y sentarse en el sillón más grande.

Había pasado un tiempo desde que entró por primera vez a la habitación de la mujer, nada había cambiado, todo seguía igual de elegante a pesar de las condiciones del lugar.

-¿Cómo te sientes Super Boy? - pregunto mientras se sentaba en frente suyo- Puedo ver que estas algo confuso.

Tal vez la palabra confuso no explicaba lo que estaba sintiendo en ese momento, pero tampoco encontraba una palabra parecida.

No te voy a abandonarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora