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Un Sanemi enojado pisoteaba con fuerza conforme caminaba en círculos alrededor del patio de su finca.
Maldita sea, ¿por qué le prestabas atención a ese crío?
Desde que llegaron los hermanos Kamado habías estado revoloteando alrededor de ellos ya que te daba mucha curiosidad la gran capacidad de resistencia de Nezuko a la sangre humana. Como pilar y ayudante ocasional de Kochou, pasabas varias hora del día en la finca mariposa ayudando y checkeando regularmente la condición de la pequeña demonio.
Realmente esto molestaba mucho al albino, ya que su novia dejó de pasar tanto tiempo con él.
Primero, por el escándalo que hizo en la reunión de pilares; donde fue regañado en público por ella y sin quererlo por las calenturas del momento, al querer agarrar a Tanjiro con fuerza, su pareja se interpuso en medio y terminó por empujarla hacia el suelo, cosa que fue evitada por aquel crío que cubrió la caída con su cuerpo.
Segundo, por la gran curiosidad que tenías por los hermanos Kamado. Chasqueó la lengua muy molesto.
Lo primero era su culpa, debía admitirlo.
Pero lo segundo no era capaz de entenderlo totalmente y le molestaba que le llamara tanto la atención aquellos hermanos... no, solamente Tanjiro. ¿Por qué tenía que haberle agradecido con una de esas sonrisas que solamente le daba a él, su novio?
No le encontraba sentido y realmente, estaba muy celoso.
Seguía dando vueltas pero ahora sobre si mismo, tratando de buscar alguna excusa convincente para poder ir a la finca de Shinobu y poder verla aunque fuesen unos minutos.
—Si pudieras verte creo que te daría tanta risa como a mi, te ves demente.
Chasqueó la lengua nuevamente molesto al escuchar a su compañero siseando. El chico de ojos bicolor ladeó la cabeza con diversión al ser ignorado. Sin pensarlo mucho trató de seguir molestando a su amigo, tratando de descubrir la razón o el motivo de por qué se encontraba tan colérico. Al tenerlo de espaldas no podía diferenciar bien su malestar pero por la posición corporal y la manera agitada con la que respiraba, sabía que estaba muy molesto.
—¿El maestro?
Nada. No había reacción. Dio un paso hacia él.
—¿Tu querido hermanito?
No hubo respuesta tampoco. Siguió con su camino dando un paso más. Dudando de si decirlo, simplemente lo soltó.
—¿[T/N] te esta haciendo la ley del hielo?
Bufó con rabia y se giró con brusquedad hacia él. Bingo, acertó.
—Mira estúpido niñito fenómeno como sigas molestándome y creyendo que soy tu juguete personal de broma yo mismo me encargaré de...
—Sanemi.—Exclamó la joven interrumpiéndolo en mitad de aquella amenaza—.
—Uy amigo, creo que estás en serios problemas—Bromeó el pelinegro sonriendo; acto que no perduró demasiado ya que se llevó un golpe de un cabreado albino—.
—¡Shinazugawa Sanemi!
—Joder, ahora sí que estás en graves problemas—Volvió a decir Obito levantándose con cuidado.
Sanemi se giró hacia ella levantando las manos inmediatamente y colocando su mejor rostro de perrito abandonado. La joven se encontraba molesta y cruzada de brazos, junto a su pie golpeteando con fuerza el suelo en señal de poca paciencia.
—Amor, puedo explicarlo.
—¡No quiero explicaciones! Te dejo solo un par de horas pensando que ibas a recapacitar de tus acciones de antes pero cuando llego a decirte que te perdonaba estas a punto de moler a golpes a Obito. ¿Acaso no entiendes que odio la violencia hacia nuestros propios compañeros? No me gustan los abusos de poder. Tú no eres así, se supone que ibas a tener mas paciencia a la gente, así como yo siempre la he tenido contigo y con tu mal genio o tus malas caras. Yo te amo pero no voy a tolerar que pases por encima de mis valores como persona.
—Lo sé... perdón.—Murmuró decaído luego de haber escuchado todo aquel monologo de su pareja.—He sido un tonto, discúlpame.
—Woah, escuchar a Sanemi disculparse... creo que ahora puedo morir en paz—.Dijo el pelinegro sorprendido al escucharlo. Realmente el no pensaba que ella tuviera tanto poder en el albino como para hacerlo disculparse de sus ataques de ira o malas pulgas—.
—¿Acaso quieres te reviente la cara imbé...?—Su novia lo miró levantando una ceja. Sanemi se mordió la lengua con una fuerza excesiva hasta sentir la sangre mezclarse con su saliva y tocar sus dientes.—Quiero decir... Obito, compañero, siempre tan... desubicado.
—Ok, decidido. Te molestaré cuando [T/N] esté cerca para poder tener una inmunidad hacia ti.—Sonrió de manera jocosa y se arregló su capa.—Bien, Mitsuri me está esperando, adiós.
La pareja quedó sola, dejando al ojivioleta nervioso sin saber qué más decir para arreglar las cosas con su pareja. Sabía que aquellas escuetas palabras no iban a servir para lo ocurrido durante la mañana, en donde él fue quizás el peor novio de toda la historia de los novios; pero no sabía cómo poder encontrar las palabras adecuadas para hacer bien a su preciosa novia.
Se encontraba tan sumido a sus pensamientos que no había oído los llamados de atención de su pareja durante aquellos minutos. No hasta que sintió unas suaves manos envolverse en su cintura por detrás y abrazarlo con delicadeza. Asustado se giró y se encontró con aquellos bellos ojos que la cautivaron enormemente. No encontraba que palabras decir o cómo comenzar el discurso, estaba balbuceando cosas sin sentido hasta que ella lo besó cortando toda su valentía.
—Tonto, te perdono. Sé que no eres bueno con las palabras, pero sí con las acciones. También sé que estás arrepentido... solamente, no vuelvas a reaccionar como el Sanemi bruto y sin cabeza que todos creen que eres. Tú eres diferente, yo lo he visto. Actúa como realmente eres.
El pilar la miró detenidamente asintiendo con cuidado. Sonrió de lado volviendo a acercarse a su rostro para besarla.—Está bien, tú ganas—Refunfuñó derrotado—.
—Mi pequeño gruñón.—Susurró con una sonrisa antes de volver a besarlo—.