¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
❀❀❀❀
—¿Sigues pensando en ella?
Preguntó Obanai, inclinándose en el roble con las manos detrás de la cabeza mientras sus ojos heterocromáticos observaban atentamente cada parpadeo de emoción en la cara del hashira del viento, buscando pistas ocultas debajo de la máscara de indiferencia que tenía siempre Sanemi.
El albino no respondió al principio, optando por triturar pequeños pedazos de hierba entre sus dedos callosos. Los músculos de su mandíbula se tensaron mientras se mordía el interior de su mejilla.—No, no lo estoy haciendo.
Evitó la mirada de Obanai, mirando fijamente a las hojas mientras crujían suavemente en la brisa. Queriendo evitar que este se diera cuenta de la gran mentira que acababa de decir.
Obanai le echó un rápido vistazo.
La serpiente del hashira sabía cómo funcionaba la mente de Sanemi. Probablemente estaba pensando en ti de nuevo, y joder, sí tenía razón, Sanemi estaba pensando en ti.
Estaba pensando en ti como un idiota enfermo de amor, estaba pensando en tu preciosa sonrisa, en la forma en que le gritarías insultos cada vez que él está de malhumor o con ganas de ser un gruñón.
La forma en que te sientas, cómo colocas tus manos encima de tu regazo al estar relajada y los dulces suspiros que emitías contra su piel cuando te recostabas en su pecho. Echaba de menos lo bien que lo conocías, capaz de leer su estado de ánimo con solo una mirada. Capaz de comprenderlo con una simple caricia.
Y maldita sea, nuevamente vuelve a su mente aquel momento. Se preguntaba otra vez qué pasaría si no actuara por impulso de sus sentimientos. ¿Habrían sido las cosas diferentes?
¿Y si en lugar de romper contigo y decirte que dejes el cuerpo, él hubiese apoyado tu decisión de seguir luchando junto a ellos?
¿Las cosas habrían sido diferentes? ¿Todavía seguiríais juntos?
¿Sería capaz ahora de casarse contigo como siempre había soñado desde el momento que se enamoró de ti?
—Sé que estás pensando en ella, Shinazugawa— Intervino el pelinegro sin rodeos. Sanemi le disparó con una mirada irritada, pero no lo negó.
No tenía sentido discutir; Iguro podía ver a través de él de todos modos. Soltó un suspiro cansado de evadir sus preguntas, con él no podía fingir como con los demás que nada le importaba.
—Pensando en lo que podría haber sido si no te hubieras separado, ¿cierto? ¿Imaginando como sería ponerle un anillo en el dedo mientras le confiesas tu amor eterno y tu fidelidad hasta el resto de tus malditos días?¿Despertarte todas las mañanas junto a ella y desear que nada ni nadie los separe?
—Tsk. Ocúpate de tus propios asuntos—Gruñó.—Sí, sí, ¿y si estoy pensando en ella, qué? Eso ya no importa—Respondió sin tapujos, haciendo suspirar a Obanai.