༄ Despedida en silencio.

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El viento nocturno soplaba con fuerza en los terrenos de la sede de los Cazadores de Demonios, haciendo crujir las ramas de los árboles cercanos

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El viento nocturno soplaba con fuerza en los terrenos de la sede de los Cazadores de Demonios, haciendo crujir las ramas de los árboles cercanos. La luna llena iluminaba el campo de entrenamiento, donde [T/N] observaba a su joven pupilo, Genya, mientras practicaba sus pmovimientos. Concentrada en su papel de maestra, corregía sus posturas y lo guiaba pacientemente.

—¡Tienes que concentrarte más, Genya! No puedes permitir que tu ira nuble tu mente en batalla —le dijo con una voz firme pero amable.

—¡Lo sé! —respondió Genya, jadeando mientras bloqueaba los ataques que [T/N] le lanzaba—. Solo... necesito más práctica.

[T/N] sonrió ligeramente. Genya era un alumno difícil, pero tenía potencial, y aunque compartía el temperamento impulsivo de su hermano mayor, había visto en él una gran determinación.

Sin embargo, lo que [T/N] no había notado era la sombra que se aproximaba a la distancia. El Pilar del Viento, caminaba hacia ellos, con su ceño fruncido y su aura intensa emanando de su cuerpo. Observó a su hermano desde lejos, entrenando con [T/N], la misma mujer con la que había tenido una relación hasta hacía poco tiempo.

El solo hecho de verla con Genya, su hermano menor, lo enfurecía más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —la voz profunda de Sanemi resonó en el campo de entrenamiento, haciendo que Genya se detuviera y mirara con nerviosismo a su hermano.

[T/N] también giró la cabeza, viendo a Sanemi avanzar hacia ellos con pasos pesados y la ira claramente escrita en su rostro.

—Sanemi —dijo [T/N] con un tono calmado, pero advirtió el peligro en sus ojos—. Solo estoy entrenando a Genya. No es nada de lo que debas preocuparte.

Sanemi se acercó más, su mirada fulminante clavada en [T/N].

—¿No es nada de lo que deba preocuparme? —espetó con amargura—. ¡Estás entrenando a mi hermano! No sé qué crees que estás haciendo, pero no quiero que te metas en su vida.

—¡Sanemi, para! —intervino Genya, pero Sanemi ni siquiera lo miró, su atención completamente puesta en [T/N].

—No soy quien se está metiendo, Sanemi. Genya me pidió ayuda. Quiero verlo mejorar, y no voy a dejarlo solo solo porque tú tengas un problema conmigo —respondió [T/N] con firmeza, manteniendo la calma aunque sentía la tensión en el ambiente crecer.

Sanemi se rió, pero era una risa amarga, sin rastro de humor.

—¿Así que ahora te importa Genya, eh? Claro, cómo no. Después de todo lo que pasó entre nosotros, ¿ahora decides ayudar a mi hermano? Oye tu, maldito idiota, ¿esto es alguna especie de venganza porque no quise entrenarte y te dije que no servías en lo absoluto como cazador?—Gruñó lo último aniquilando con la mirada a su hermano—.

Los ojos de [T/N] se entrecerraron ante sus palabras. La discusión que habían evitado por tanto tiempo estaba a punto de estallar.

—Genya no está haciendo esto como una especie de venganza para ti, Sanemi. Si te molesta que me importe tu hermano, eso es asunto tuyo, no mío. Genya tiene potencial, y tú nunca te has tomado el tiempo para guiarlo.

—¡No sabes nada! —gritó Sanemi, avanzando un paso más hacia ella—. ¡No tienes idea de lo que Genya ha pasado! No tienes derecho a enseñarle nada.

—¿Derecho? —respondió [T/N], su voz endureciéndose—. ¿Quién te crees que eres para decirme eso? No puedes controlar todo en la vida de tu hermano. Y mucho menos la mía.

El silencio cayó sobre el campo de entrenamiento por un momento, pero fue solo el preludio de la tormenta.

—Tal vez nunca debí haberte dejado acercarte a él —soltó Sanemi, su tono cortante—. Todo lo que haces es entrometerte. Primero en mi vida y ahora en la suya.

Esas palabras atravesaron a [T/N] como un cuchillo. Se quedó en silencio por un momento, procesando la magnitud de lo que Sanemi acababa de decir. Sintió que algo dentro de ella se rompía.

—¿Es eso lo que piensas de mí? —preguntó en un susurro, su voz temblando ligeramente, aunque mantenía una fachada de firmeza.

Sanemi apretó los dientes, sabiendo que había dicho algo imperdonable, pero su orgullo y su ira lo mantenían atrapado en esa espiral de autodestrucción.

—Lo que pienso es que deberías alejarte de mi hermano —repitió, con menos convicción esta vez, pero aún incapaz de detenerse.

—Bien —dijo [T/N], y Sanemi levantó la vista al escuchar la frialdad en su voz—. Si eso es lo que crees, entonces no tengo nada más que decirte. Hemos terminado.

El corazón de Sanemi se detuvo por un momento, y por primera vez, la furia se desvaneció de su rostro, reemplazada por una mezcla de sorpresa y miedo.

—¿Qué... qué estás diciendo? —preguntó, incrédulo.

—Terminé con esto, Sanemi. Terminé contigo —dijo [T/N], su voz cargada de una tristeza que Sanemi nunca había querido provocar. Pero ahora era demasiado tarde—. No puedo seguir lidiando con esto, con tu ira, con tus palabras hirientes. Ya no más.

Sanemi dio un paso hacia ella, el pánico comenzando a apoderarse de él y provocando que su cara se desencajara de su expresión habitual.

—No, espera. No quise decir eso. Yo... yo solo... —intentó explicarse, pero las palabras no salían como él quería. Todo lo que había estado conteniendo, todo el amor, el miedo y la frustración, se desmoronaba ante sus propios ojos.

[T/N] negó con la cabeza, sus ojos brillando con lágrimas contenidas.

—Lo dijiste, Sanemi. Y lo dijiste porque lo crees. Tal vez no fui lo suficientemente buena para ti. Pero no voy a dejar que me sigas lastimando.

Sanemi extendió la mano, queriendo detenerla, pero [T/N] dio un paso atrás, esquivando su contacto.

—Por favor, [T/N], yo...

—No, Sanemi —lo interrumpió, su voz quebrándose—. No puedo seguir así. Es mejor que esto termine aquí.

Sanemi sintió cómo su mundo se desmoronaba. Las palabras no alcanzaban a expresar lo que realmente sentía. En su mente, todo lo que quería era protegerla, mantenerla a salvo de todo, pero en su ceguera, había terminado hiriéndola de la peor manera.

—Pero no voy a dejar a Genya —añadió ella, con firmeza—. No importa lo que pase entre nosotros, no voy a abandonarlo. No me pidas que lo haga.

Sanemi la miró, incapaz de pronunciar una sola palabra. Sabía que la había perdido, que había cruzado una línea de la que no podía regresar. Quiso decirle que lo sentía, que todo lo que quería era volver a como estaban antes, pero su orgullo y su miedo lo habían consumido.

[T/N] se dio la vuelta, con lágrimas rodando por sus mejillas. Caminó hacia el edificio principal, alejándose de él y de todo lo que compartieron.

Sanemi se quedó allí, solo, observando cómo se marchaba, sin poder moverse, sintiendo que el vacío en su pecho se hacía cada vez más grande. El viento frío de la noche lo golpeaba, pero el dolor en su corazón era mucho más intenso. La persona que amaba, la única que realmente lo comprendía, se había ido. Y todo porque él mismo la había alejado.

Era demasiado tarde.

𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒 ; 𝐒𝐇𝐈𝐍𝐀𝐙𝐔𝐆𝐀𝐖𝐀 𝐒𝐀𝐍𝐄𝐌𝐈Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora