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Era una noche tranquila en el cuartel de los Cazadores de Demonios. El aire estaba cargado de energía, y todos los jóvenes cazadores estaban reunidos para entrenar bajo la supervisión de los pilares. Sanemi observaba desde una distancia, con los brazos cruzados sobre su pecho, mientras [T/N] entrenaba junto a Tanjiro.
Ella, su novia, estaba entrenando en una de las prácticas más difíciles: un combate de práctica con Tanjiro, quien había mejorado considerablemente desde su primer encuentro con el Pilar del Viento.
[T/N] esquivaba y contraatacaba con movimientos rápidos, sus ojos brillando de concentración. Tanjiro, aunque determinado, parecía un poco cauteloso en sus movimientos, sabiendo lo fuerte que era su oponente. A pesar de la tranquilidad que parecía dominar el aire, algo en el rostro de Sanemi reflejaba una tensión palpable.
Desde que [T/N] había comenzado a entrenar con él y los demás, Sanemi no podía evitar sentirse protector, un sentimiento que crecía cada día más. Verla pelear con Tanjiro, alguien tan confiable, no le tranquilizaba. Lo veía como un hermano, pero aún así, nadie debía subestimarla ni tocarla sin su permiso.
El combate continuaba con [T/N] dominando la técnica, pero un pensamiento oscuro pasó por la mente de Tanjiro. En el transcurso de un intercambio de espadas, vio una oportunidad perfecta para un golpe sorpresa. Su instinto de lucha, a veces impulsivo, lo llevó a mover su espada con rapidez, apuntando directamente a [T/N], sin saber que el ataque podría golpearla.
En el momento en que [T/N] se dio cuenta del peligro, no tuvo tiempo de reaccionar. El impacto del golpe podría haber sido grave si no fuera por un giro rápido y el sonido de una espada chocando contra la de Tanjiro. Sanemi, con su característica velocidad, apareció entre ambos, bloqueando el ataque con su espada. La mirada feroz de Sanemi atravesó a Tanjiro como una tormenta.
—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo, Kamado?! —gritó Sanemi, su voz llena de furia, mientras empujaba su espada con fuerza, desarmando a Tanjiro de un golpe. Su cuerpo se mantenía firme y su expresión era la de un guerrero dispuesto a proteger lo que más amaba.
Tanjiro retrocedió, sorprendido y confundido, mientras el ambiente se volvía tenso. Los demás cazadores, Zenitsu e Inosuke, observaban desde el costado, notando la creciente tensión entre Sanemi y Tanjiro.
—Sanemi, yo... no lo hice a propósito. Quería solo... —Tanjiro intentó explicarse, pero la mirada asesina de Sanemi lo interrumpió.
—No importa si lo hiciste a propósito o no. ¡Ella es mi prioridad! —rugió Sanemi, sus ojos brillando con un enojo feroz que solo aquellos cercanos a él podían entender. Su tono era grave, y sus músculos se tensaron, mostrando la fuerza que siempre estaba a punto de explotar.
[T/N] observaba en silencio, sorprendida por la intensidad de la situación. Podía sentir cómo el corazón le latía acelerado al ver la forma en que Sanemi se enfrentaba a Tanjiro. No estaba acostumbrada a ver ese lado tan protector de él, pero su actitud solo hacía que su cariño por él creciera aún más.
Tanjiro, finalmente comprendiendo que había cruzado una línea, levantó las manos en señal de disculpa.
—Lo siento, Sanemi. No quería causar problemas... solo estaba entrenando.
Sanemi, aún con la mirada ardiente, se acercó a Tanjiro, el aura amenazante aún rodeándolo. Pero de alguna manera, el enfado en su rostro se suavizó un poco al ver la expresión de arrepentimiento del joven cazador.
—Para la próxima vez, Kamado, mide tus movimientos. Si tocas a [T/N] nuevamente, no me detendré —dijo Sanemi en voz baja, sus palabras impregnadas con una feroz advertencia. Luego, se giró hacia su novia, quien aún estaba observando la escena con una mezcla de sorpresa y admiración. La alcanzó con un paso largo y firme, poniéndose frente a ella.
[T/N] lo miró, sintiendo cómo su pecho se apretaba de emoción al ver el nivel de protección que Sanemi ofrecía por ella. Sanemi tomó su mano con una suavidad que contrastaba con su actitud anterior, acariciando su piel con los dedos.
—¿Estás bien? —preguntó en un susurro, sus ojos fijos en los de ella, buscando cualquier signo de incomodidad. Su voz era ahora suave, y aunque todavía estaba molesto, su preocupación por ella era lo único que ocupaba su mente.
[T/N] asintió, sonrojándose un poco al sentir su calidez.
—Sí, Sanemi... solo me sorprendió todo esto —respondió, aún un poco atónita.
Sanemi no podía evitar mostrar una ligera sonrisa mientras acariciaba su mano, sintiendo cómo su corazón latía más rápido. Aunque no era un hombre de muchas palabras, había algo en la forma en que la miraba que decía todo lo que necesitaba decir.
Zenitsu e Inosuke, observando todo desde un rincón cercano, no pudieron evitar comentar entre ellos, a pesar de la tensión que aún flotaba en el aire.
—Oye, Tanjiro, fue una mala idea pelear con la novia de Sanemi, ¿verdad? —dijo Zenitsu, mirando con ojos grandes y asustados.
—Definitivamente —respondió Inosuke, asintiendo—. Esa mujer debe ser algo muy importante para él si reacciona así.
Tanjiro, aún con el rostro rojo de vergüenza, simplemente suspiró y se frotó la nuca, dándose cuenta de lo tonta que había sido su decisión.
Sanemi, al escuchar la conversación, se volvió hacia Tanjiro, su mirada ahora menos intensa pero igualmente seria.
—Recuerda esto, Kamado —dijo, caminando hacia él con paso firme—. [T/N] es lo más preciado que tengo en mi vida. No voy a permitir que nada ni nadie la lastime. Si alguna vez decides volver a tocarla o ponerla en peligro, no te daré la oportunidad de explicarlo.
Tanjiro asintió rápidamente, comprendiendo finalmente lo profundo de la relación entre Sanemi y [T/N]. La pasión y protección de Sanemi no solo eran evidentes en sus palabras, sino en cada gesto que tenía hacia ella. No había duda de que el Pilar del Viento era un hombre que daría todo por su amada.
[T/N], tocada por sus palabras y su actitud, se acercó a él, con una leve sonrisa en su rostro.
—Gracias, Sanemi. Sé que harías todo por mí, y eso significa mucho —dijo, su voz suave pero llena de cariño.
Sanemi la miró con una intensidad tranquila, sonriendo de forma genuina esta vez.
—Te lo prometí. Siempre te protegeré, [T/N]. Eres todo para mí.
La atmósfera entre ellos se volvió más cálida, mientras Tanjiro, Zenitsu e Inosuke se retiraban discretamente para darles un momento de privacidad. Sanemi y [T/N] se quedaron juntos, bajo la luz del sol, sus manos entrelazadas, mientras un sentimiento profundo de amor y confianza los envolvía, más allá de las palabras.