Capitulo 4

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Apenas salgo de la habitación, veo a mamá en una postura rígida y erguida, como si estuviera esperando este momento desde hace horas. Me quedo cerca de la puerta, con Gertrudis arrastrándose hacia afuera entre mis pies, completamente ajena a la tensión que flota en el aire.

—Siéntate —dice mamá, señalando una bolsa sobre la mesa. Hay dos bolsas, pero su tono no es el que esperaba. Desde mi habitación, su voz parecía más suave, menos contenida. Trago duro y me acerco a la mesa. Al mover la silla, mis ojos se posan en una revista sobre la mesa: la portada muestra una foto de Hassem y yo en Las Vegas con el titular "El jeque Khalid se ha casado en secreto".

Levanto la mirada, encontrándome con los ojos llorosos de mamá. Sus brazos están cruzados, y sus labios, fruncidos en una línea dura.

—Me habías prometido algo, Alicia, y no lo cumpliste.

El peso de su decepción cae sobre mí como una losa. Me siento pequeña, como si tuviera diez años otra vez, atrapada en una travesura infantil.

—Mamá, sé que suena a cliché, pero te juro que no lo planeé. Ni siquiera sabía que él estaba en Las Vegas.

—¿ENTONCES ES VERDAD LA NOTICIA? ¿Te casaste con él? —Su voz sube una octava, y la habitación parece encogerse. Sostengo la respiración, levantándome de la silla sin responder. —No puedo creer que hayas sido capaz de ocultarme tus intenciones, de casarte con ese hombre y romper la promesa que me hiciste de no meterte en problemas. ¿SABES LO QUE NOS SUCEDIÓ? Todo lo que me costó recuperar a la hija que dejé sola en Abu Dhabi... Esto es catastrófico. —Camina de un lado a otro, agitando las manos en el aire. —Somos un equipo. ¿Crees ahora que ese hombre, su tío, incluso su padre, nos dejarán en paz? Hemos perdido otra vez por tu necedad, Alicia. Tienes 25 años, no eres una niña. Las consecuencias podrían costarnos la vida y...

La voz de mamá se convierte en un ruido de fondo, mis pensamientos se nublan. Apenas noto cuando Hassem sale de mi habitación. La mirada de mamá se vuelve aún más desorbitada. Cierro los ojos, sabiendo que todo ha empeorado.

—¿Y LO TIENES AQUÍ? —Lo señala como si fuera una alimaña.

—Mamá, yo...

Pero él decide interrumpirme. Su aspecto ebrio y deshecho de días anteriores ha desaparecido; lleva la misma camisa blanca impecable, metida en el pantalón, y los zapatos en su sitio. Solo su cabello está ligeramente desordenado, como si hubiese pasado los dedos por él apresuradamente.

—Usted no debería reclamarle nada a su hija. Es una mujer casada, con mayoría de edad y coherencia para tomar sus propias desiciones, ya no es una niña, no necesita escuchar lo que ha hecho bien o mal. —cierro los ojos, deseando que la tierra me trague.

—Hassem, no te metas. Esto es una conversación entre mi madre y yo. —Interrumpo, intentando mantener el control en medio del caos.

—No tienes derecho a aparecer después de meses y querer quitarme a mi hija de esta manera. ¿Te parece una forma decente de enterarme que se han casado? ¡¡Por una revista!! —Mamá señala el papel con furia.

—Amanda, sé que no soy el mejor recibido ni el más querido. Les he ocasionado un daño excesivo, y eso no puedo cambiarlo, pero si me permite, no dejaré que pase su tono sobre Alicia, quien ahora es mi esposa. Y hasta que no exista un papel firmado que diga lo contrario, estaré yo para defenderla. —Mamá chirría los dientes, su expresión es de puro desdén.

—Para ti no soy Amanda. ¿Crees que remedias algo defendiéndola? ¿Pudiste hacerlo la última vez? ¡ESTUVO BRUTALMENTE GOLPEADA DURANTE MESES! ¿Te contó que aún recibe ayuda psicológica? Solo nos has causado daño. —Pone ambos pies firmes en el suelo, su postura es desafiante.

Árabe Encadenada A Ti [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora