Capitulo 36

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En el desayuno Azahara está en su silla, jugando con una cuchara, y cada tanto deja escapar una risita suave que rebota entre las paredes. Su risa aligera todo, incluso la incomodidad entre nosotros tres.

Eric se mueve con naturalidad detrás del mesón, sirviendo las tazas. Se nota que intenta mantener el ambiente ligero, aunque sus ojos no dejan de saltar entre Hassem y yo cada pocos segundos, como si temiera que en cualquier momento volviera a estallar una discusión.

—Café negro para ti, ¿verdad? —me pregunta.

—Sí, gracias —respondo, tomando la taza que me extiende.

Hassem se sienta frente a mí. Lleva una camiseta gris y el cabello aún algo desordenado por el sueño. La imagen debería resultarme familiar, pero hace tanto que no lo veía así —sin la armadura, sin la dureza— que me resulta extraño. Dolorosamente extraño.

Eric se apoya en la barra, con su taza en la mano.
—Debo admitir que no esperaba verlos... tan cerca esta mañana —dice con una sonrisa aunque nada genuina.

Hassem levanta una ceja, sin molestarse en ocultar la ironía.
—No empieces, Eric.

—¿Yo? —pregunta él, fingiéndose ofendido—. Solo hago una observación científica.

Yo niego con la cabeza, conteniendo una risa. La tensión se disuelve por unos segundos. Azahara golpea la cuchara contra la mesa y balbucea algo que suena vagamente como una palabra.

—¿Escucharon eso? —pregunta Eric con entusiasmo—. ¡Creo que dijo "papá"!

—No —digo rápido, aunque mi sonrisa me delata—. Solo está jugando con los sonidos.

Hassem la mira entonces. La observa como si quisiera detener el tiempo. Su expresión cambia; algo se suaviza en su rostro, una ternura que rara vez deja ver.

—Esta grande.— murmura con una media sonrisa.

— si ha crecido a la velocidad de la luz.— menciona Eric.

Eric y yo nos miramos, y por un momento nadie dice nada. El silencio se acomoda entre sorbos de café, respiraciones y miradas esquivas. Hasta que Hassem deja la taza sobre la mesa con un golpe leve, había estado leyendo algo en el teléfono pero lo deja sin explicación.

—Nos iremos a Abu Dhabi —dice, sin rodeos.

El aire se espesa.
Eric se endereza.
Yo solo lo miro.

Su tono no es frío, pero tampoco busca suavizar la noticia. Simplemente lo dice, como si ya lo hubiera decidido desde hace tiempo.

Por un instante creí haber escuchado mal.
—¿Qué? —pregunté, arqueando las cejas—. ¿Cuándo?

—Mañana, lo más pronto posible.— estaba tan serio que no cabía duda que hablaba con toda la certeza.

El silencio cayó de golpe, pesado, insoportable.

—Eso es demasiado precipitado, tú habías dicho que...— no me deja terminar finalmente.

—olvida lo que dije y no hay nada que empacar —replicó él tranquilo—. Ninguna de las dos tiene nada que llevarse de aquí.— le lanza una mirada a Eric.

Me crucé de brazos con los ojos entornados.
—Hassem, Eric también es parte fundamental en la vida de Azahara. No puedes pretender sacarla de aquí sin pensar en eso.

Levantó la vista. La dureza en sus ojos me hizo tragar saliva.

—Yo sería la parte fundamental si tú no te hubieras hecho pasar por muerta y me la hubieras arrebatado —dijo grave, sin necesidad de gritar.— yo también pude haber tomado tu mano cuando diste a luz.— eso último que dijo me dio en el pecho como si me hubieran disparado, fue un golpe muy bajo.

Árabe Encadenada A Ti [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora