Capitulo 27

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POV ALICIA

El avión nunca debió caer. No fue una casualidad ni un error mecánico. Lo hicieron caer.

el fuselaje se partió en dos con un estruendo ensordecedor. Los gritos, el desespero, los cuerpos arrojados como muñecos de trapo mientras el mundo se inclinaba en ángulos imposibles. Mi cuerpo se tensó con el impacto brutal, el frío mordiéndome la piel al instante. No podía respirar, No podía pensar.

Lo último que recuerdo antes del impacto fue la sacudida violenta, las máscaras de oxígeno cayendo como marionetas sin control, mientras el aire dentro de la cabina se volvía un remolino de miedo y mi cuerpo, fue empujado contra los asientos, el cinturón de seguridad clavándose en mi abdomen como un torniquete de acero. Yo solo podía sujetar los reposabrazos con fuerza, esperando, conteniendo la respiración, convencida de que en cualquier momento todo volvería a la normalidad.

El avión cayó de golpe, como si el cielo nos hubiera escupido. Mi estómago se revolvió con la sensación de vacío absoluto, como en una montaña rusa, solo que esta vez no había rieles, no había control. La gravedad nos arrastraba sin piedad.

Sentí la presión explotando dentro de mis oídos, el ardor en mi garganta cuando intenté gritar pero no encontré voz o quizás sólo era que no la escuchaba por el descriptivo deceso.

Entonces, llegó la oscuridad.

Pero no era solo la falta de luz, era mi fin, moriría.

No sé cuánto tiempo pasé atrapada en esa negrura, suspendida entre la realidad y el olvido. Lo único que supe es que, cuando volví a sentir algo, ya no estaba en el avión.

Estaba cayendo, no entendí como me había desprendido de aquellos rieles que me mantenían prisionera al asiento, o de toda aquel fuselaje con el que me pude haber ahogado.

El aire silbaba alrededor de mi cuerpo, el viento azotándome el rostro con un frío cortante, como cuchillas invisibles. El mar se acercaba. Lo veía cada vez más grande, una inmensidad oscura y furiosa, esperándome con los brazos abiertos. Me iba a tragar entera.

Cerré los ojos, no recé, no grité. Solo esperé el impacto y cuando llegó, fue como si mi cuerpo se rompiera en mil pedazos.

El agua helada me envolvió como un manto de plomo. El golpe me sacudió cuando entró el agua por mi nariz y boca, el dolor estallando firme. La corriente me arrastró hacia abajo, como si el océano quisiera reclamarme para sí, como si estuviera decidido a llevarme con él, intenté inútilmente nadar pero mis brazos no respondían.

Respire asfixiandome aún más con el agua salada invadiendo mis pulmones dejándome caer en una enorme inconsciencia.

****

Cuando desperté, flotaba. Literalmente.

El agua me rodeaba, helada y espesa, con un oleaje tan agresivo que apenas podía mantenerme a flote. Todo ardía. Mi garganta, mi piel, mis músculos... cada parte de mí estaba destrozada. No sabía cuánto tiempo había pasado, no sabía si seguía cerca del avión o si había sido arrastrada por la corriente. Lo único que tenía claro era que estaba viva.

Sobrevivir no fue una elección, fue un instinto primitivo.

Mis dedos se aferraron a un pedazo de fuselaje con lo poco que me quedaba de fuerza. El sol golpeaba mi piel de día, el frío me calaba hasta los huesos de noche. No tenía comida, no tenía agua. Solo tenía el sonido del mar y el eco de los gritos que, en algún momento, dejaron de escucharse. Los demás no habían corrido con la misma suerte que yo.

No sé cuántos días pasé a la deriva. Tal vez fueron tres. Tal vez fueron cinco. Lo suficiente para que mi cuerpo comenzara a fallar, para que mi mente se apagara y el cansancio se convirtiera en un letargo del que no podía despertar.

Árabe Encadenada A Ti [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora