—No sabes lo que fue enterrarte.— las luces se volvieron más opacas, y el ambiente más frío, pero se sentía genuinamente divino. Trago duro, él junta nuestras frentes, la suya fruncida, los ojos cerrados, los puños apretados contra su propio cuerpo.
—No sabes lo que fue irme y tener que dejarte.
Él despide suavemente su cara por mi mejilla. Siento los pequeños vellos de su barba clavándose en mi piel, cosquilleando, haciéndome estremecer.
Mi respiración se acelera sin darme cuenta. Quiero hablar, decir algo, pero no salen palabras. Solo lo abrazo, apoyando mi cabeza contra su pecho, escuchando su corazón, latiendo tan rápido como el mío.
Él cierra los ojos un instante más, como si quisiera memorizarme, cada curva de mi rostro, cada temblor de mis labios, cada gesto que lo confirma que estoy aquí.
—Nunca pensé... que te volvería a tener.—murmura contra mi pelo, su voz rota y suave.
Y ahí, sus manos se deslizan suavemente por la curvatura de mi espalda y un escalofrío me recorre la piel. Con los ojos cerrados, busco sus labios mientras sus manos siguen acariciándome con un sigilo que duele delicioso.
— Hassem... las chicas.— quería seguir pero tenía un pánico terrible de que entraran y... no es que sea algo que Hassem no esté acostumbrado, el había tenido intimidad genuina con otras mujeres frente a mí, la boca se me seca de recordar aquella primera vez en su habitación, mientras el se auto daba placer frente a mi.
—Las chicas... no van a llegar hasta que yo lo diga.—susurra contra mi cuello, firme y grave. Está sumamente excitado y para la desesperación que a mí me está quemando siento que el está muy tranquilo.
—¿Todo... fue un plan? —balbuceo, la voz entrecortada embullida de necesidad.
Él ríe suavemente sobre mi piel, un sonido profundo que me hace temblar.
—Te lo dije... me rendí.—murmura, y en ese simple reconocimiento hay más entrega que en cualquier beso que nos hayamos dado antes.
Su cuerpo se inclina más sobre el mío, acorralándome con cuidado pero con toda la intensidad de meses de separación. Mis manos buscan refugio sobre su pecho, sintiendo cada latido, mientras él recorre mi espalda con lentitud y precisión.
Cierro los ojos, dejándome llevar por la certeza de que no hay estrategia, no hay defensa, solo nosotros, quebrados y sinceros. Sus dedos se enredan en mi cabello, tirando suavemente, y me obliga a mirarlo. Sus ojos me atraviesan, vulnerables, y por primera vez siento que la fuerza que siempre lo definió se rinde ante mí.
—Nunca más —susurra entre mis labios—. No te voy a dejar ir.
Siento que las lágrimas arden en mis ojos mientras asiento, incapaz de hablar. Mi cuerpo tiembla al contacto de su calor, al simple hecho de que está aquí, que es real, que le pertenece sin condiciones.
Mis pensamientos se pierden en su mirada, y antes de que pueda reaccionar, siento su brazo herido rodeando mi cintura. El movimiento suyo duele, lo veo en su expresión y en cómo empuña los labios y me aterra, pero también me sostiene con la firmeza de alguien que no puede —ni quiere— ceder este momento.
— Hasse.— susurró.— Hasse.— le vuelvo a llamar para que me preste atención.— te estás lastimando.— adjudicó un poco nerviosa, no quiero que recaiga, ya ha tomado mucho tiempo su recuperación.
—Confía en mí —susurra, y el dolor en su brazo no lo detiene. Con un esfuerzo, me levanta y me guía hacia la mesa. Mis piernas tiemblan, pero me dejo llevar así que me aferro con fuerza a él.
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Árabe Encadenada A Ti [2]
RomanceHassem juró que se alejaría de Alicia para mantenerla a salvo y así darle la oportunidad de una vida plena sin su sombra oscura. Pero el destino, en un capricho cruel, los reunió de nuevo en la vibrante y caótica ciudad de Las Vegas. Una noche de d...
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