El zumbido constante de los motores no dejaba de retumbarme en los oídos. Llevaba horas con las manos apretadas contra los reposabrazos, los nudillos blancos de tanta fuerza. Cada cierto tiempo, pedía hielo a la azafata, lo dejaba reposar en mi boca e intentaba distraer mi mente de la turbulencia, del encierro, de la idea absurda de que en cualquier momento el avión podía caer en picada.
—Relájate, ya casi llegamos —murmuró Eric a mi lado, apoyando un codo en el reposabrazos compartido. Su voz era tranquila, como si no sintiera el mismo temblor que me recorría a mí.
—Fácil decirlo cuando no piensas que vas a morir en cada sacudida —bufé, cerrando los ojos.
Sentí la mirada de Hassem desde el otro lado del pasillo. No dijo nada, pero su silencio pesaba más que cualquier palabra.
—No te vas a morir —replicó Eric con un leve suspiro—. Y si algo pasara, créeme, yo no dejaría que cayeras.
—Qué tranquilizador —dije sarcástica, aunque mi voz tembló.
Unos segundos después, el capitán anunció el descenso. El avión vibró con fuerza y solté una maldición ahogada. Me incliné hacia adelante, buscando aire, mientras Eric me colocaba otra bolsa de hielo en la mano.
—Respira, Alicia —me susurró—. Un poco más.
—Ya casi... —murmuré, aunque mis dedos seguían clavados en el asiento.
El aterrizaje fue un suplicio. Cuando por fin las ruedas tocaron la pista, no esperé a que el avión se detuviera por completo; apenas tuve permiso, me puse de pie y fui la primera en salir, como si necesitara escapar del encierro, sabía que no solo el avión era lo que me mantenía ansiosa, además de ser muchísimas horas en un mismo espacio cerrado el silencio seco y distante de Hassem me trae con la cabeza en todos lados.
El aire frío del hangar me golpeó el rostro, y solo entonces sentí que podía volver a respirar.
Eric descendió tras de mí, con el mismo aplomo de siempre.
—El auto nos espera dentro del hangar, no habrá curiosos —informó con naturalidad, como si lo hubiera calculado todo al detalle.
Hassem apareció último, su porte imponente llenando el espacio. Su mirada se deslizó de Eric a mí, con esa intensidad que hacía que mi estómago se encogiera, no en el buen sentido, era el más distante, frío y arrogante.
—¿Tanta prisa por huir, Alicia? —preguntó con un deje de ironía, sus pasos resonando firmes en el suelo metálico, ah y sarcástico por supuesto.
—Tanta prisa por no volver a subirme a un maldito avión —repliqué sin mirarlo escupiéndole las palabras.
El chofer abrió la puerta del auto blindado. Subimos en silencio, cada uno ocupando su lugar, pero el ambiente dentro era sofocante. Las luces de la ciudad comenzaban a filtrarse por las ventanillas mientras el vehículo avanzaba hacia su destino.
Eric rompió el silencio.
—En menos de media hora estaremos en casa, estoy seguro de que Azahara te espera muy ansiosa.– escuchó como Hassem se aclara la garganta como evitando que ocurra algo más entre nosotros que lo pueda incomodar a él, pero no soy tan estúpida. Así que solo le doy una sonrisa para agradecerle por las palabras.
El viaje fue agobiante, desorbitaste y no sé cómo más describirlo, todavía sentía como mi cuerpo hormigueaba cerca de Hassem y era un proceso por el cual me sentía decepcionada, por Eric que había sido tan bueno conmigo.
El auto se detuvo ante la casa de Eric, una estructura de líneas modernas que se alzaba con una frialdad presuntuosa bajo la luz de los faroles. El minimalismo del jardín, tan ordenado y perfecto, me pareció un insulto a la tormenta que se agitaba dentro de mí.
La puerta del auto se abrió, Eric bajó primero.
ESTÁS LEYENDO
Árabe Encadenada A Ti [2]
RomansaHassem juró que se alejaría de Alicia para mantenerla a salvo y así darle la oportunidad de una vida plena sin su sombra oscura. Pero el destino, en un capricho cruel, los reunió de nuevo en la vibrante y caótica ciudad de Las Vegas. Una noche de d...
![Árabe Encadenada A Ti [2]](https://img.wattpad.com/cover/371994846-64-k622918.jpg)