Me quedé allí, de pie en medio del barro, con el cuerpo entumecido y la mente hecha pedazos. La lluvia seguía cayendo, insistente, como si el cielo se negara a parar hasta borrar todo rastro de lo que había pasado. Eric me sostenía por la cintura, pero ya no sentía su agarre. No sentía nada.
—Iman mírame —dijo rogando.
No pude. Mis ojos estaban clavados en el punto donde la ambulancia había desaparecido. Era como si con ella se hubiera ido también una parte de mí, no podían seguir llamándome Alicia aunque estaba segura que esta farsa se había acabado.
Giulia estaba cerca, hablaba con alguien de los paramédicos, pero las palabras llegaban como ecos lejanos, ahogados por el ruido del agua golpeando el suelo.
Miré a Azahara. Dormía, exhausta, su respiración débil contra mi pecho. Su cuerpecito temblaba bajo la manta, y sentí un nudo formarse en la garganta.
—Tenemos que llevarte al hospital también —murmuró Eric—. Necesitan revisar a la bebé... y a ti.
Asentí sin saber por qué. Mis labios se movieron, pero ninguna palabra salió. Todo lo que quería era correr detrás de esa ambulancia, arrancar las puertas, gritarle a Hassem que no se atreviera a irse.
Subí a la otra ambulancia sin protestar. El motor rugió, y las luces blancas iluminaron el camino embarrado. Apoyé la cabeza contra la pared metálica, sintiendo el traqueteo del vehículo. El ruido era lo único que mantenía mi mente a flote.
Eric iba frente a mí, con la mirada fija en el suelo, las manos crispadas sobre las rodillas. Nadie hablaba. Solo se oía el pitido lejano del monitor que seguía encendido en el interior.
—No puede morir —susurré, al fin hecha un hilo.
Eric alzó la vista, sus ojos rojos, húmedos.
—No va a morir.
Pero ni él lo creía. Lo supe por la forma en que desvió la mirada.
Apreté a Azahara más fuerte contra mí, intentando no pensar, no imaginar. Pero la imagen de Hassem, con la piel pálida y el pecho manchados de sangre, no se iba.
Las puertas del hospital se abrieron de golpe, bañadas por el resplandor de las luces de emergencia. Todo era movimiento: pasos acelerados, voces que resonaban por los pasillos, olor a cloro y metal. El suelo brillaba, húmedo por el agua que goteaba de nuestras ropas.
—Estamos en el mismo hospital —dijo tranquilo.
Lo miré confundida, con el corazón golpeándome en el pecho.
—¿Qué?
—Yo lo pedí —admitió—. No iba a dejar que lo llevaran a otro lugar.
Mi respiración se entrecortó. La idea de que Hassem estuviera tan cerca me encendió un fuego en el pecho, pero el miedo lo apagó enseguida.
—Eric —susurré, mirándolo a los ojos—, necesito que traigas un esquema de seguridad.
— Iman ya está en manos del personal médico, aquí estará seguro—intentó calmarme, pero su voz tembló.
—No entiendes —dije, con un hilo de voz lleno de urgencia—. Si Nicolás está aquí, Malih no tardará en mover sus piezas. Conozco de lo que es capaz. No va a parar hasta asegurarse de que Hassem no vuelva a abrir los ojos y estoy segura ahora de que sabe que vivo... me vio con Azahara...
Eric asintió sin más, entendiendo la gravedad que mis palabras llevaban entre líneas. Sacó su teléfono, murmuró órdenes rápidas y desapareció entre los pasillos mientras las luces frías del hospital parpadeaban sobre los rostros cansados que iban y venían.
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Árabe Encadenada A Ti [2]
RomanceHassem juró que se alejaría de Alicia para mantenerla a salvo y así darle la oportunidad de una vida plena sin su sombra oscura. Pero el destino, en un capricho cruel, los reunió de nuevo en la vibrante y caótica ciudad de Las Vegas. Una noche de d...
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