Capitulo 28

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Un año después.

Todo lo que temía había sucedido.

Mi vida había cambiado drásticamente sin Hassem. Para bien o para mal, había tenido que reinventarme sin él. Y aunque doliera admitirlo, había sobrevivido.

Mi madre, como era de esperarse, se desentendió por completo de la persona que fui. No reclamó nada. No lloró mi pérdida. No exigió respuestas. Simplemente aceptó mi muerte como si nunca hubiera sido su hija. Como si, en el fondo, la idea de mi inexistencia le resultara conveniente.

Tuvieron un funeral para mí. Un funeral al que Hassem no asistió. Lo supe por las pocas personas que aún me recordaban, por las voces quebradas de mis amigas cuando lo mencionaron enfadadas por no aparecer. Todas ellas estuvieron allí, despidiéndose de una Alicia que ya no existía, de una versión de mí que el mundo daba por perdida. Pero en medio de la muerte, había nacido una nueva vida.

Azahara.

Mi pequeña ratoncita. Le di un nombre que honrara sus raíces, un nombre que significara luminosidad, porque eso era exactamente lo que ella había traído a mi mundo. En la oscuridad de mi exilio, ella era mi única luz.

Aprendí árabe como parte de mi nueva identidad. Fue mi decisión, una prueba de que podía reconstruirme a mi manera, sin ser la sombra de nadie. Eric no tuvo más opción que ayudarme. No fue fácil, pero de no saber nada a comprender un 80% y poder mantener conversaciones fluidas, había avanzado más de lo que imaginé en solo un año.

Mientras tanto, el mundo seguía girando sin mí.

Malih seguía en la cárcel. Nicolás había regresado a Florida, lo suficientemente lejos como para no preocuparme. Y de Hassem... nada. Era un fantasma, una ausencia tan absoluta.

Eric aún mantenía sus negocios con él, así que en momentos de debilidad me pregunté si en algún punto se cruzarían, si vendría a Nueva York, si pisaría la empresa y, por accidente, nuestros caminos se encontrarían otra vez. Pero nunca lo hizo. Nunca estuvo cerca. Nunca preguntó.

Beatriz era quien manejaba las decisiones importantes. La única noticia que me llegaba de su familia era que su padre estaba mejorando poco a poco. Aunque dudaba que a Hassem le importara. Él tenía otras prioridades.

Su hijo con Eva ya casi cumplía su primer año de vida. Mientras que mi ratoncita, mi Azahara, apenas tenía cinco meses. Y aunque me repitiera que yo había muerto para él, que mi existencia era un fantasma, en las madrugadas en vela me preguntaba si, en algún rincón de su alma, todavía quedaba algo de la Alicia que él conoció.
A veces me quedaba despierta hasta tarde, con Azahara dormida a mi lado, preguntándome en qué punto mi vida se había convertido en esto. Una mentira tan bien construida que incluso yo empezaba a creerla, Imán Alcocer.

Mujer fuerte, reservada, con un futuro prometedor en la industria automotriz. Amante de la velocidad, madre devota y, ante los ojos del mundo, la nueva conquista de Eric Blackwood.
La idea era perfecta. Nadie sospecharía. Nadie se preguntaría qué había detrás de esa fachada cuidadosamente elaborada. Yo no era más que una mujer con ambiciones, enfocada en su hija y en su carrera.

Alicia había muerto en el mar, sepultada entre los restos de un avión que nunca debió despegar. Había quedado en los recuerdos de quienes la amaban, en los susurros de un nombre que ya no existía.

Ahora, mi cabello, antes castaño claro, había sido oscurecido hasta volverse tan negro como la noche, igual que el de Azahara. Mis ojos, que solían reflejar la calidez de quien una vez confió en el amor, ahora eran de un verde como los de mi hija ( nunca como los suyos, tan profundos y agonizantes) y cada rasgo había sido moldeado para encajar con mi nueva identidad, para que nadie pudiera sospechar de dónde venía, para que nunca pudieran relacionarme con el pasado.

Árabe Encadenada A Ti [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora