Hades Morello.
—Qué raro —padre mira a través de la ventanilla del auto en lo que acabamos de llegar.
—¿Qué ocurre?
—Mi carro no está —dice y continua con la vista fija.
—De seguro Rafaela salió en el —le resto importancia, en lo que estaciono.
—No, tampoco está el de ella —insiste—. Pásame tu teléfono para llamarla, creo que dejé el mío dentro.
—No tengo su número.
Padre rueda los ojos.
Para qué tendría su número si no soporto a la señora.
—Igual, puedo buscar en el GPS.
Se lo paso en lo que baja del auto y nos dirigimos hacia adentro.
—Lo traes apagado.
—Qué raro, nunca lo apago.
Cuando el aparato enciende la pantalla es cuestión de segundos para que me comiencen a llegar notificaciones sin cesar.
—Es Rahel —anuncia padre y se lo arrebato de las manos para escuchar el mensaje que había dejado.
El cuerpo entero se me paraliza en lo que la ira me comienza a nublar los sentidos.
No. Puede. Ser.
Maldito imbécil.
—Hades, estás pálido —padre se acerca—. Hades, me estás preocupando.
—¿Tienes la localización?
Me vuelve a quitar el móvil y teclea par de veces.
—Si la tengo —me informa—. ¿Qué ocurre?
—Rahel encontró a Anastasia.
—¿Dónde? ¿Cuándo? —balbucea sin sentido—. Habla Hades, habla.
—Marcos, siempre fue Marcos.
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Rahel:
—¿Qué carajos haces aquí? —bramo.
Mi madre abre sus ojos con sorpresas en cuanto analiza la situación y se da cuenta del lío en que se ha metido.
Ahora no solo tengo que salvar a mi hermana, tengo que pensar en como salir de aquí con vida. Miro mi pistola que descansa en el suelo, no lo bastante alejada, pero con Marcos atento cualquier movimiento nos constaría la vida.
—Pensé que te verías con Hades a escondidas —suelta indignada como si ese fuese nuestro único problema.
—Hades se fue con padre —me paso las manos por el rostro—. Estás loca. ¿Qué te hace pensar que estaría con él?
—Creía que habían convencido a Luciano para que aceptara vuestra relación —resopla—. Sobre mi cadáver, estarás con él.
—Yo puedo adelantar ese proceso si lo deseas Rahel —insta Marcos y lo ignoro gradualmente.
—Pues bien, mamá la has jodido —señalo la situación—. Mira en lo que té has metido.
—Hola —el rubio levanta su mano saludando—. Les recuerdo que el que tiene la pistola soy yo.
Marcos aclara su garganta y sonríe.
Cómo desearía borrarle esa sonrisa de su rostro.
—En fin, no esperaba visitas, pero, ya que estamos le contaré mi historia —continuó hablando—. Manos dónde las pueda ver y por favor no intenten nada.
Anastasia tiene la boca en línea fina mientras sostiene al bebé que ha dejado de llorar.
—Primero como la persona educada que soy les presento a mi hijo Marcos.
—Ese no será el nombre de mi hijo, me aborrece de solo pronunciarlo —se queja Anastasia y yo intento acercarme a ella, sin importar que Marcos este a su derecha.
—¿En qué momento pasamos del amor al odio, querida? —Marcos me observa—. Otro paso y te vuelo la cabeza, Rahel.
—Solo quiero acercarme a mi hermana.
—Me temo que eso no será posible.
—Luciano va a matarte, o mejor aún Hades —amenaza mi madre.
—Quizás, pero no me importa, quiero vengar la muerte de mi madre y ahora —señala al suelo—, la de mi amigo y eso haré.
—Desconozco la historia aun así estoy segura de que Ana no tiene nada que ver —pido, porque sigo sin saber qué hacer—. Déjala ir, con su bebé.
—¿Dejarla ir? —se burla—. Después de aguantar todos sus berrinches de niña caprichosa, nacida en cuna de oro. La embaracé con un propósito, parte de mi plan.
Veo como Ana pasa saliva y sus ojos se llenan de lágrimas.
—Mi hijo es una unión de las sangres más poderosas de país. Es Morello y Salvatore.
—¿De qué mierda hablas? —pregunta mi progenitora incrédula—. ¿En qué película te has metido, muchacho?
—A está parte quería llegar. Soy un bastardo, pero por mis venas corre la sangre de los Salvatore —continúa—. Mi madre era la amante de Arthur Salvatore, su amor por él fue tan grande que la manipulaba y usaba para sus propios beneficios.
—No imagino ni la mitad de lo que has tenido que pasar, pero ninguna acá tenemos la culpa.
—Arthur necesitaba tener a los Morellos controlado, e ir siempre un paso por delante. Entonces le pidió a mi madre que fuera su sirvienta para mantenerlos vigilados. Luciano la descubrió y le quitó la vida.
—No creo que mi padre...
—¿Por qué no? Después de todos Hades y tú lo son —me interrumpe—. ¿Por qué él no sería un asesino también?
Tenía razón, en la familia Hades y sus hombres siempre se habían encargado de ensuciar sus manos con sangre, en mi caso cuando fuese necesario y no estaba orgullosa de ello, pero me había tocado.
—En caso de que tuvieras la razón —indaga mi madre—. ¿Por qué los Salvatore te dieron la espalda?
¿Por qué bastardo?
Ese odio en su interior no solo podría ser por culpa de mi padre. Tanto como para romper el corazón de Ana.
—Porque mi madre mintió para protegerme. Cuando Arthur descubrió que tendría un hijo, le pidió a mi madre que interrumpiera su embarazo, ya que le entorpecería su labor como sirvienta de los Morellos, aprovechando la distancia decidió tenerme y luego enviarme a un internado junto a una carta donde me explicaba todo.
» A los catorce años decidí regresar a por ella, pero solo encontré una tumba y Arthur me dio la espalda cuando llamé a su puerta. Para sobrevivir me metí en peleas ilegales hasta que Hades coincidió conmigo y vio talento en mí.
—¿Hades te da una oportunidad y es así como le pagas?
—Cuando escuché que el heredero de los Morellos reclutaba a sus soldados en peleas callejeras, di lo mejor de mí para llegar hasta sus oídos —agrega—. Yo robé en los laboratorios, yo tengo la fórmula, yo mandé a matar a Hades numerosas veces, con un único objetivo: qué los Morellos culparan a los Salvatore y se mataran entre ellos. Quedando mi hijo y yo como únicos herederos de ambas familias. Primero iría por el hermano de Caín, mientras Bastian se encargaba de Fer, justo como yo lo hice con Ana.
—Canalla —mi hermana sollozó.
—De Caín y Hades pensé que te encargarías tú —me mira sin perder la sonrisa del rostro—. Ambos están tan loquitos por ti, que podrías destruirlos en un abrir y cerrar de ojos y te seguirían amando, al parecer ustedes se entienden. Saben compartir.
Aplausos provenientes de la entrada nos hace voltear y veo como Marcos se tensa y los nudillos de la mano en la que sostiene su arma se ponen blancos por la presión que ejerce.
—Muy conmovedora la historia —dice Hades antes de entrar, seguido Caín y luego mi padre —. ¿Ya puedo matarte?
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Deseo Impuro ✓
Romance"El cielo era el límite, pero yo disfrutaba del infierno" ♡♡♡ Un milagro. Hades lo necesitaba si quería transformar a su hermana en un arma de seducción. Las clases estaban a punto de comenzar, y con ellas, los deseos más oscuros emergieron a la sup...
