25

1.6K 156 53
                                        

Rahel.

Creo que me he quedado sin lágrimas de tanto llorar. Tengo una rosa blanca en las manos y mis dedos sangran de las tantas veces que me he pinchado con sus espinas. Voy de negro y con una peluca tan absurda que me da repulsión cada que veo mi reflejo.

Los lentes oscuros no son para tapar mi sufrimiento, todo lo contrario. Papá cree que los Salvatore nos espían y no me puedo dar el lujo de que me reconozcan y el plan se vaya al carajo.

Faltar al entierro de mi hermana no era una opción.

—¿Te quedaste sin lágrimas?  —mi madre me susurra al oído.

Sigo sin entender desde cuándo se convirtió en la villana de esta historia, porque antes no era así.

—Estarás contenta —bramo intentando no perder la compostura—. Ya no existe ese bebé, y tampoco Anastasia.

Arrojo mi rosa al vacío eterno en dónde descansará mi hermana y es cuando noto la vista de Hades sobre mí, no me ha dirigido la palabra, sin embargo aprobó la decisión.

Le diré que si a Caín.

Lo haré por mi familia aunque mi madre no lo merezca, lo haré por mí aunque esté enamorada de Hades, lo haré por Caín, que confío en su inocencia y no puedo permitir que Hades le haga daño.

Sobre todo lo haré por mi hermana, no pienso descansar hasta saber toda la verdad. 

David me estrecha entre sus brazo y me sirve de sostén para no irme de bruces contra el suelo cuando mis piernas no dejan de temblar.

—Sacame de aquí —le pido en un susurro—. Es que ya no aguanto más, no soy fuerte.

—Puedes con esto y más —me asegura—. Y yo estaré junto a ti, para sostenerte todas las veces que sea necesario.

Dejo la ceremonia detrás y a todos los invitados, mayoría socios de mi padres.

Las horas pasaban en lo que yo perdía la cuenta, encerrada en mi habitación me era imposible saber cuánto tiempo llevaba recostada sin poder cerrar los ojos. Mi mente era mi mayor enemiga y no sabía cómo apagarla.

—Rahel —David llamó en un susurro al tiempo que tocaba a la puerta—. ¿Puedo pasar?

—Claro —me siento en medio de la cama y fijo la vista al suelo durante unos largo segundos.

—Tienes que comer —me dice en lo que se acerca con las manos metidas en sus bolsillos y los ojos marchitos—. Débil no serás buena para nada.

—Siento una opresión en el pecho que no me deja respirar —confieso—. Menos probar bocado, esto es un maldito desastre. Mi madre está en mi contra, Hades no me quiere ver y mi padre parece está ajeno a lo que pasa a su alrededor.

—La Rahel que yo conozco le patearia el trasero a todos —bufa—. Joder, estoy intentando ser tu soporte y me cuesta ya que lo único que deseo es derrumbar mis barreras y ponerme a llorar, porque creo que me he enamorado.

—Yo...

—Me he enamorado de una persona que ya no está —me corta—. No es tu culpa, no te lo pediré porque sería imposible, pero puede que en otra vida te perdones a ti misma por lo injusta que estás siendo.

—Ana no merecía morir —me ahogo entre sollozos.

—¿Sabes lo que sí se merece Ana?

Hago silencio, porque recuerdo su sonrisa, lo mucho que le gustaba maquillarme y elegir mi ropa, luego se burlaba de mí y juntas lo mejor que hacíamos era molestar a Hades, cuando éramos unas niñas.

Deseo Impuro ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora