Cap 35

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Dos semanas habían pasado cuando Bill comenzó a notar la ausencia de Liam. Al principio, no le dio mucha importancia, pero conforme pasaron los días, empezó a parecerle extraño no cruzarse con él en ningún momento. Una preocupación comenzó a asentarse en su mente, especialmente porque sabía algunas cosas sobre la familia de Liam, en específico sobre su padre. La relación de Liam con su padre era complicada, incluso peor que la de Bill con su propia familia, y su padre no era precisamente conocido por ser amable.

Bill sin que Pyronica se diera cuenta y guiado por la preocupación llegó al edificio de la facultad de medicina y respiró profundo antes de dirigirse a buscar a Milton, el mejor amigo de Liam. Sabía que si alguien podía decirle qué estaba pasando, sería él. Cuando por fin lo encontró, Milton lo miró sorprendido y pareció algo incómodo. —Bill... hace tiempo que no te veía... —saludó Milton, algo tenso.

—Sí, ya han pasado unos meses... —respondió Bill, incómodo. Un silencio cayó entre ellos hasta que Milton suspiró, rompiéndolo.

—Perdóname, Bill... No había vuelto a hablarte porque... bueno, Liam es mi mejor amigo, y en su momento sentí que debía tomar partido. No es que no me caigas bien, en realidad eres una persona muy agradable, pero... —Bill lo interrumpió con un gesto.

—No te preocupes, Milton, lo entiendo —respondió rápidamente, sin querer alargar el incómodo discurso—. No tienes que explicarte.

Ambos quedaron en silencio por unos segundos, y Bill recordó los tiempos en que se llevaba bien con Milton. Aunque nunca llegaron a ser amigos cercanos, habían compartido momentos agradables, charlas amenas, y siempre le había parecido una persona simpática. Desde su ruptura con Liam, esa conexión se había perdido y no habían vuelto a hablar.

Milton lo sacó de sus pensamientos, carraspeando un poco antes de preguntar:

—Entonces... ¿por qué me estabas buscando, Bill?

—Bueno, pues... ¿has visto a Liam? —preguntó Bill, tratando de sonar casual.

Milton lo miró un poco confundido antes de responder— ¿Tú no tenías novio?

El comentario tomó a Bill desprevenido, y rápidamente levantó las manos, agitándolas frente a él en señal de negación. —¡No!... digo, ¡sí! Tengo novio... Solo que... —suspiro mientras pasaba su mano por el rostro — no es por eso que lo busco. Y sólo para dejarlo claro, después de lo que pasó, aunque me quedara solo el resto de mi vida, no volvería con él.

—Oh, entiendo. Entonces, ¿por qué lo buscas? —preguntó Milton, un tanto más curioso.

Bill suspiró, bajando la mirada por un momento.

—Es solo que... aunque ya no quiero nada con él, ni mucho menos regresar, estoy un poco preocupado de que algo le haya pasado. Sé que la relación con su padre es complicada, y... bueno, no puedo evitar pensar que podría estar en problemas.

—Y pensaste que yo podría saber algo —afirmó Milton, cruzando los brazos mientras observaba a Bill con una mezcla de curiosidad y resignación.
El omega asintió, un tanto incómodo, pero decidido a no dar marcha atrás.

—Sí, pensé que tú podrías decirme si le pasó algo... ya sabes, si tal vez tuvo algún problema con su padre.—
Milton lo miró en silencio por unos segundos, antes de dejar escapar un suspiro. —Entiendo...— guardó silencio de nuevo.

—Bueno, para tu mala suerte, no tengo idea de qué es lo que exactamente le pasó. —respondió Milton, encogiéndose de hombros—. Pero, si te sirve de consuelo, esto no tiene nada que ver con su padre. No está bien, pero al menos no tiene otros problemas.— Al decir esto, Milton se señaló el rostro, un gesto sutil pero claro para Bill, quien entendió de inmediato la insinuación. No está golpeado.

Bill frunció el ceño, asintiendo lentamente. —Entiendo, gracias —murmuró antes de dar un paso hacia atrás. Milton asintió en respuesta y le dio una pequeña palmada en el hombro, como un gesto de despedida. —Cuídate, Bill —le dijo genuinamente.

—Tú también, Milton —respondió Bill con una leve sonrisa antes de alejarse. La idea de que Liam pudiera estarla pasando mal le causó una breve incomodidad, pero decidió no insistir; después de todo, sentía que no era asunto suyo y que había poco que él pudiera hacer al respecto.

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Al día siguiente, para su sorpresa, Liam apareció en la universidad. Bill lo vio cruzar uno de los pasillos, y en un impulso se le acercó rápidamente, decidido a hablar con él. Su corazón se hundió un poco al ver la expresión de angustia en el rostro de su exnovio. —Liam, espera,— lo llamó, pero Liam, en lugar de detenerse, aumentó el paso, dejando a Bill con un sabor amargo de incomprensión y preocupación y una sensación de incomodidad que no podía sacudirse fácilmente.
Bill, frustrado por la reacción de Liam, se detuvo un momento, sintiendo cómo la preocupación le llenaba la mente mientras observaba cómo su exnovio se alejaba. Con un suspiro resignado, decidió que no podía hacer más por él en ese instante. La necesidad de ayudar a los demás a menudo lo abrumaba, y en su mente, llegaba creer que tal vez podía ser la persona que marcara la diferencia, que pudiera arreglar lo que estaba roto en la vida de aquellos que lo rodeaban. Con un leve peso en el corazón, se dio la vuelta y se dirigió a su clase, sintiendo que él debía ayudar.

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Mientras tanto, Ford, que había visto cancelada su clase ese día, se había propuesto ir a estudiar, pero no quería ir solo. A medida que la resignación empezaba a apoderarse de él, recordó que tenía el número de Anthony y pensó que tal vez podría invitarlo a estudiar juntos. Con un poco de nerviosismo, tomó su celular y marcó el número que él le había dejado. Tardó unos momentos en responder, pero cuando lo hizo, la voz de Anthony sonó un poco confundida. —¿Hola? ¿Quién es?—preguntó.

—Hola Anthony soy Stanford, de la clase de física —respondió, sintiendo un ligero nerviosismo.

—Oh, claro, ¡Stanford! —dijo Anthony, su tono ahora más animado—. ¿Cómo estás?

—Bien, gracias. ¿Tú?

—Todo bien. Solo en medio de un mar de libros —bromeó Anthony—. ¿A qué debo el placer de tu llamada?

—Bueno, me cancelaron la clase hoy y pensé que podríamos estudiar juntos. No quería quedarme solo, y como tengo tu número...

—¡Por supuesto! Me encantaría. La biblioteca suena genial. ¿Te parece si nos encontramos ahí en diez minutos?

—Si, en diez minutos nos vemos allí —dijo Ford, sintiéndose más aliviado.

—Nos vemos pronto, Stanford. —La voz de Anthony estaba llena de entusiasmo, y eso hizo que Ford sonriera antes de colgar y prepararse para su encuentro.

Ya en la biblioteca, mientras estudiaban, Ford confirmó de que Anthony no solo era increíblemente inteligente, sino también divertido y carismático. Las conversaciones fluían naturalmente, y Ford se sentía cada vez más a gusto, como si estuviera con un viejo amigo. No había tensión en el aire, solo una comodidad genuina que lo hacía sentirse emocionado por la posibilidad de una nueva amistad.

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