Las calles de Valencia se vestían de luz y espíritu navideño. Las decoraciones llenaban los escaparates, los árboles de navidad brillaban en cada esquina, y el bullicio de las compras hacía eco en los centros comerciales. En medio de esta algarabía, Ana, Ainhoa y su hija, Luna, recorrían las tiendas con una mezcla de emoción y nostalgia. Ainhoa había crecido en esa ciudad, y cada rincón guardaba recuerdos de una infancia que ahora compartía con Ana y Luna, formando un círculo perfecto de amor y familia.
—Mamá, ¡mira cuántas luces! —exclamó Luna, apuntando con un dedo pequeño hacia un enorme árbol de Navidad decorado en tonos dorados y rojos.
Ainhoa se inclinó hacia su hija, sonriendo. —¿Sabes? Cuando era niña, siempre venía aquí a ver las luces. Era como entrar en un cuento de hadas.
Ana le dio un apretón de manos a su esposa. —Ahora es nuestro cuento de hadas —dijo suavemente, sus palabras entrelazándose con el murmullo de la gente a su alrededor.
Mientras tanto, en otro rincón de la ciudad, Javier se encontraba en lo que él consideraba el “apogeo de su éxito”. Rodeado por su esposa, Verónica, y sus hijos, Nicolás y Sara, su vida parecía perfecta. Él y Nicolás estaban afuera, decorando la fachada de su casa, colocando cada guirnalda con precisión militar.
—Esto es trabajo de hombres, Nico —le decía Javier con una sonrisa aprobatoria, mientras le pasaba una caja de luces. —Nosotros hacemos la fuerza, y ellas ponen el toque elegante en el interior.
Nicolás, ahora adolescente, había aprendido a mantenerse en silencio, complaciendo a su padre. Años de convivir bajo la figura dominante de Javier le habían enseñado a ocultar sus verdaderos sentimientos. Guardaba a Pía en lo más profundo de sí, y a veces, le parecía que el nombre resonaba como un eco lejano, una identidad que poco a poco se desvanecía.
Dentro de la casa, Verónica y Dennis decoraban el árbol, colocando adornos con sumo cuidado. Para Dennis, de ocho años, este ritual era un momento mágico, lleno de fantasía y sueños navideños.
—¿Te gusta cómo está quedando, mamá? —preguntó, sosteniendo un adorno brillante.
Verónica sonrió y acarició la mejilla de su hija. —Está quedando perfecto, mi amor. Como nuestra familia, ¿no crees?
Dennis asintió con entusiasmo. Para ella, su vida era todo lo que había conocido. Su mundo giraba en torno a las enseñanzas de sus padres y a la armonía de su hogar, sin saber la verdad que dormía bajo la superficie.
Una vez que terminaron, Verónica se giró hacia Dennis. —¿Quieres acompañarme a hacer unas compras de última hora? Necesitamos algunos regalos para los invitados de esta noche.
—¡Sí, sí! —Sara saltó emocionada, feliz de poder pasar tiempo a solas con Verónica. Era su modelo a seguir, su “madre perfecta” a sus ojos infantiles.
A lo lejos, en el centro comercial, Luna y sus madres estaban en la zona de juguetes. De repente, algo llamó la atención de Luna, quien se quedó inmóvil por un instante, como si hubiera visto una aparición.
—¡Mamá, mamá! —exclamó, tirando de la mano de Ainhoa. —¡Es Sara! ¡Es mi amiga Sara!
Ana y Ainhoa se miraron confundidas. —¿Sara? ¿Una amiga de la escuela? —preguntó Ana, intentando entender.
—No… ella… Sara —Luna estaba segura, señalando con insistencia hacia la figura de una niña que caminaba de la mano de una mujer elegante. Sus ojos seguían fijos en aquella pequeña, con el asombro propio de los niños, que ven más allá de lo que los adultos perciben.
Ana y Ainhoa siguieron la dirección de la mirada de Luna, sus ojos enfocándose en la niña que parecía tener la misma edad que Sara. Había algo en ella, una chispa de familiaridad, un destello en sus ojos que resonaba en los recuerdos de Ainhoa, como si el tiempo y la distancia se hubieran comprimido en ese instante.
—¿Podría ser…? —susurró Ainhoa, sintiendo cómo su corazón se aceleraba.
Ana le tomó la mano, intentando calmarla. —Ainhoa, puede que solo sea una coincidencia. Pero… —ni siquiera ella podía terminar la frase. Algo en aquella niña les provocaba una mezcla de esperanza y miedo.
Mientras tanto, Verónica, ajena a la conmoción que causaban, guiaba a Dennis por los pasillos de la tienda, ayudándola a elegir los regalos para los colegas de Javier y sus familias.
—Mamá, ¿crees que le guste esto a la hija de la señora Fernández? —preguntó Dennis, sosteniendo un pequeño osito de peluche.
Verónica asintió, orgullosa de la atención al detalle de su hija. —Le encantará, mi amor. Eres muy considerada.
En ese preciso instante, Luna se soltó de la mano de Ainhoa y corrió hacia Sara, con la emoción desbordando en su voz.
—¡Sara! ¡Sara, soy yo, Luna!
Dennis giró al escuchar su antiguo nombre el cual no recordaba, sorprendida al ver a una niña desconocida corriendo hacia ella. Su rostro mostraba confusión mientras miraba a Verónica, buscando respuestas.
Verónica, que ahora tenía cinco años más, su pelo ya no era rubio y corto, sino largo y colorado, puso una expresión severa. —Disculpa, ¿quién eres tú? —preguntó, dirigiendo una mirada fría hacia Luna.
Ainhoa y Ana se acercaron rápidamente, con el corazón palpitante. Sabían que aquella niña era, de alguna manera, una conexión directa con su pasado, con una verdad que aún buscaban desesperadamente.
—Lo siento, es que… nuestra hija cree que tu hija se parece mucho a una amiga de ella —dijo Ana, intentando mantener la calma sin reconocer a Verónica de las filmaciones del juicio, ya que se encontraba muy cambiada.
Verónica sonrió, pero había algo tenso en su mirada. —Debe ser una confusión. Mi hija es única, ¿verdad, Dennis?
Dennis asintió lentamente, aunque no entendía del todo lo que ocurría. En su mente infantil, solo veía una niña que parecía conocerla, pero no lograba recordar de dónde.
Ainhoa no podía contener la ansiedad que le provocaba aquella escena. Había algo en los ojos de Dennis que le hacía sentir como si estuviera mirando un reflejo de Mónica, una mirada que resonaba con una fuerza inexplicable.
—Disculpen, pero… ¿están seguras de que no la conocen? —preguntó Ainhoa, tratando de contener las lágrimas.
Verónica mantuvo su postura. —Como les dije, es imposible. Mi hija ha vivido toda su vida aquí, en Valencia.
Sin embargo, sus palabras carecían de la solidez que pretendía. Ana, quien observaba atentamente, notó un leve temblor en la voz de Verónica. Había algo ahí, una pequeña fisura en la fachada perfecta que intentaba sostener.
—Bueno, quizá fue solo un error —dijo Ana finalmente, mirando a Ainhoa con una mezcla de resignación y esperanza.
Se llevaron a Luna, quien seguía mirando a Sara con ojos llenos de confusión y tristeza, mientras la imagen de aquella pequeña figura se alejaba, dejando en el aire un eco de preguntas sin respuestas.
Ainhoa miró a Ana, sabiendo que, aunque no habían logrado respuestas, aquella niña había reavivado una esperanza en sus corazones.
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Flor🌹
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Confianza en el Abismo.
FanfictionConfianza en el Abismo relata la historia de un mundo alternativo donde Vanesa Martín es una abogada feminista y defensora de los derechos humanos, y Mónica Carrillo, una madre atrapada en una relación abusiva. Vanesa, marcada por su propio pasado d...
