Capítulo 10: Primeras Decisiones

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Vanesa estaba cada vez más involucrada en la investigación sobre Javier y sus actividades. Lo que comenzó como una ayuda a Mónica se estaba transformando en una búsqueda personal, donde cada descubrimiento era una pieza de un oscuro rompecabezas. Aquella mañana, después de revisar algunos documentos sospechosos de transacciones y propiedades, supo que debía ir a fondo y reunir pruebas contundentes. Por eso decidió suspender su encuentro con Mónica.

Le envió un mensaje breve:

—Hoy no podremos vernos. He descubierto cosas graves sobre Javier y necesito investigar más a fondo.

La respuesta de Mónica llegó casi al instante:

—Ten cuidado, por favor. No sabes hasta dónde puede llegar.

Guardando su teléfono, Vanesa sintió la advertencia en cada palabra de su amiga, pero su decisión ya estaba tomada. Se dirigió a uno de los lugares que parecía ser una pieza clave en los negocios de Javier: "El Refugio", un bar cuyo dueño figuraba bajo el nombre de "Carlos Román", un alias que Javier usaba para sus asuntos clandestinos.

En "El Refugio"

El ambiente era denso y cargado. Las luces bajas y el aire impregnado de humo creaban una atmósfera de secreto. Vanesa pidió una bebida y se ubicó en una esquina, tratando de pasar desapercibida mientras observaba a las personas a su alrededor. Sabía que era arriesgado, pero también que cualquier información que obtuviera podría ser esencial para ayudar a Mónica.

No pasó mucho tiempo antes de que un hombre corpulento y de mirada inquisitiva comenzara a observarla desde la barra. Su atención parecía ir más allá de la mera curiosidad. Vanesa intentó aparentar desinterés, pero cuando el hombre se acercó, supo que algo andaba mal.

—¿Buscas a alguien? —le preguntó él con tono seco, observándola con desconfianza.

Vanesa mantuvo la compostura.

—Solo estoy disfrutando de una copa —respondió, intentando sonar casual.

Sin embargo, el hombre no parecía convencido. Después de unos segundos de silencio, su expresión se tornó aún más dura y tomó su brazo, sujetándola con firmeza.

—No me gusta la gente curiosa. Quizás deberías irte.

Vanesa intentó soltarse, pero en un movimiento rápido él la empujó agarrándola de su brazo muy fuertemente hacia la salida trasera. El corazón de Vanesa latía rápido, y la adrenalina la hacía estar alerta. Al salir al callejón, sintió que estaba en peligro y que sus opciones de escape eran pocas.

Justo cuando se preparaba para intentar liberarse, escuchó una voz firme y conocida:

—¡Suéltala!

El hombre giró, sorprendido, y ahí estaba Javier. Sin saber cómo interpretar la situación, Vanesa se quedó inmóvil. Javier se acercó y dirigió una mirada de advertencia al hombre, quien, tras un segundo de vacilación, la soltó y desapareció en el interior del bar.

Javier miró a Vanesa con una expresión entre sospecha y curiosidad.

—¿Te encuentras bien? —preguntó, aunque no había verdadera preocupación en su voz.

Vanesa sintió que debía mantenerse firme y tratar de salir de esa situación sin levantar más sospechas.

—Sí, solo estaba… siguiendo una pista. Investigo algo de un contacto poco confiable que frecuenta este bar. Creí que podría obtener información sobre él aquí —respondió Vanesa, eligiendo sus palabras cuidadosamente.

Javier la miró unos instantes antes de responder, como evaluando si le creía o no.

—Ese tipo de lugares no son seguros, Vanesa. La próxima vez, avísame. No me gustaría que algo malo te ocurriera por andar investigando sin precauciones. Estoy investigando cómo tu, estamos probablemente sabiendo más de lo que deberíamos, pero para una mujer es más complicado.

Vanesa asintió, sabiendo que había salido de una situación complicada y que debía mantener la fachada. Pero, en el fondo, comprendió que Javier era más peligroso de lo que pensaba y que su red de influencias era más profunda y sombría de lo que había imaginado.

Javier la traslado al hospital para que la revisaran ya que sentía dolor en su brazo, al parecer se le había dislocado el hombro.

Reencuentro y Advertencias

Esa misma noche, Vanesa fue dada de alta y se dirigió a casa de Mónica al saber antes que su marido iba a volver tarde según Mónica le había contado por teléfono.
Mónica, al ver su aspecto y las vendas en su brazo, se preocupó profundamente.

—Esto es demasiado… no quiero que te pongas en peligro por mí —le dijo, con el miedo y la culpa reflejados en sus ojos.

Vanesa negó con la cabeza, tomando las manos de Mónica con firmeza.

—Esto va más allá de ti y de mí. No estoy dispuesta a dejarlo pasar. Vamos a enfrentarlo, juntas.

Ambas sabían que la situación estaba en un punto crítico y que cualquier paso en falso podía ser peligroso. Pero también comprendían que ya no había marcha atrás y que juntas serían más fuertes. Desde aquella noche, empezaron a trazar un plan con más precaución y conscientes de que cada detalle sería crucial en su búsqueda de justicia y libertad.



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Flor🌹

Confianza en el Abismo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora