Muchas gracias a todxs los que leyeron esta historia, estoy verdaderamente feliz por este proyecto que hicimos juntos, finalmente se terminó la historia, espero les haya gustado 🩷🩷🩷
Era un sábado soleado en Guadalajara, y la familia Laija Peña estaba lista para disfrutar de un día en familia en su propia casa. Nicole, ahora madre de Roberto Jr., se despertó temprano, como era su costumbre, para preparar el desayuno. En la cocina, estaba su mamá, Ana, quien siempre estaba dispuesta a ayudarle, y su papá, Juan, disfrutaba de su café mientras charlaba sobre cualquier tema que viniera a su mente.
—Buenos días, mamá, papá —saludó Nicole mientras comenzaba a colocar los ingredientes en la mesa.
—Buenos días, hija —respondió Ana con una sonrisa cálida. —¿Qué planes tienen para hoy?
Nicole miró a su esposo, Roberto, quien estaba revisando algunos mensajes en su teléfono. Roberto Jr., que ya tenía 2 años, estaba correteando por la casa, jugando con sus bloques de colores.
—Pensábamos ir al parque a caminar un rato y luego al rancho a comer —dijo Nicole mientras servía el desayuno.
Juan asintió.
—¿Y qué tal si después de comer nos quedamos en el rancho a disfrutar de la tarde? Hace tiempo que no vamos.
Nicole sonrió al escuchar la propuesta de su papá. El rancho de la familia siempre había sido un lugar especial para ella, lleno de recuerdos y momentos felices.
—Me parece perfecto. Vamos a hacer eso.
Después de desayunar, la familia se preparó para salir. Nicole y Roberto se encargaron de vestir a Roberto Jr., quien se veía adorable con un pequeño sombrero y una camiseta de colores brillantes.
En el parque
Al llegar al parque, Roberto, Nicole y su pequeño hijo comenzaron a caminar por el sendero, disfrutando del aire fresco y del sonido de los árboles moviéndose con la brisa. Roberto Jr. corría de un lado a otro, feliz de poder jugar con sus padres.
—Mira cómo corre, parece que está más grande cada día —comentó Nicole, sonriendo mientras observaba a su hijo.
Roberto la miró y le dio un beso en la frente.
—Sí, crece muy rápido. Ya pronto tendrá que aprender a montar a caballo, como su abuelo.
Nicole se rió.
—Ya veremos, primero quiero que aprenda a andar en bicicleta.
Después de un rato jugando en el parque, la familia Laija Peña decidió regresar a su casa.
En casa
Ya en casa, la familia se acomodó en el salón principal, donde las ventanas abiertas dejaban entrar una brisa fresca. Roberto Jr. se sentó en el suelo, jugando con sus juguetes, mientras Nicole y Roberto se relajaban en el sofá. La casa de la familia Laija Peña era cálida y acogedora, con detalles que reflejaban la historia y las tradiciones de la familia.
—¿Te acuerdas cuando compramos esta casa? —preguntó Roberto, mirando a Nicole.
Nicole sonrió al recordar ese día.
—Claro, fue un gran paso para nosotros. Me encanta cómo ha quedado todo.
Ambos se miraron con cariño. Habían logrado construir un hogar juntos, y cada rincón de la casa reflejaba su amor y esfuerzo.
La tarde tranquila
Después de un rato de descanso, la familia se acomodó en el jardín trasero. El sol comenzaba a ponerse, y el cielo se tiñó de colores cálidos. Roberto y Nicole se sentaron en una manta mientras Roberto Jr. jugaba a su alrededor, mirando las mariposas que volaban cerca.
—Esto es lo que siempre quise —dijo Nicole, abrazando a Roberto. —Mi propia casa, mi familia... todo lo que siempre soñé.
Roberto la miró y sonrió.
—Y lo tenemos, mi muñequita. Lo tenemos.
La tarde se despidió lentamente, y la familia disfrutó de una cena tranquila, compartiendo historias y risas. Después de la cena, Roberto y Nicole se recostaron en el sofá mientras Roberto Jr. ya dormía, agotado por un día lleno de aventuras.
—Hoy fue un buen día —comentó Nicole.
Roberto la abrazó y asintió.
—Sí, siempre es un buen día cuando estamos juntos.
Al final de la noche
Antes de dormir, Nicole y Roberto se acurrucaron en su cama, mirando a su hijo dormido en su cuna. La vida en su propia casa, con su familia a su lado, les daba una sensación de paz y felicidad que no podían describir con palabras. Sabían que estaban construyendo una vida llena de amor y que, sin importar lo que viniera, siempre estarían juntos.
—Te amo, mi muñequita —dijo Roberto mientras acariciaba a Nicole.
—Yo también te amo —respondió Nicole, cerrando los ojos y sonriendo.
Con Roberto Jr. dormido entre ellos, la familia Laija Peña se acurrucó, disfrutando de la calidez de su hogar, sabiendo que habían encontrado su lugar perfecto en el mundo.
