Nicole respiró hondo mientras esperaba a Roberto en la cafetería donde habían quedado. Las manos le temblaban, y no sabía si era por el frío de la tarde o por el nerviosismo. Fernanda había insistido en acompañarla, pero Nicole prefirió ir sola. Esto era algo que tenía que enfrentar directamente.
A las 6:00 en punto, Roberto entró al lugar. Llevaba una gorra negra y una sudadera sencilla. Sus ojos buscaron los de Nicole de inmediato, y cuando la encontró, caminó hacia ella con una mezcla de ansiedad y esperanza.
—Hola, muñequita —dijo con voz baja, sentándose frente a ella.
Nicole sintió un nudo en la garganta al escuchar el apodo que tanto le había gustado, pero trató de mantenerse firme.
—Hola, Roberto.
Él la miró, como si intentara descifrar lo que estaba pensando.
—Gracias por aceptarme este rato. Sé que no lo merezco, pero tenía que verte.
Nicole tragó saliva, tratando de mantener la calma.
—Roberto, yo también necesito hablar contigo. Es algo importante.
Roberto frunció el ceño, preocupado.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Nicole tomó aire, sintiendo el peso de las palabras que estaba a punto de decir.
—Estoy embarazada.
El tiempo pareció detenerse. Roberto la miró fijamente, como si no hubiera entendido lo que acababa de escuchar.
—¿Cómo?
—Escuchaste bien —dijo Nicole, con un tono más serio—. Estoy esperando un bebé, Roberto.
Roberto parpadeó un par de veces, tratando de procesar la información. Después de unos segundos, se inclinó hacia ella.
—¿Es mío?
Nicole se sintió ofendida por la pregunta, pero sabía que era lógica.
—Por supuesto que es tuyo. Tú eres la única persona con la que he estado.
Roberto asintió, pasándose una mano por el cabello mientras trataba de calmarse.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Hace unos días. No quería decírtelo hasta estar completamente segura.
Roberto se quedó en silencio, mirando hacia la mesa. Después de unos segundos, levantó la vista y la miró directamente.
—Nicole, sé que he cometido muchos errores, pero no quiero fallarte en esto. Quiero estar contigo. Quiero estar para ti y para nuestro bebé.
Nicole sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—No sé si pueda confiar en ti después de todo lo que pasó.
—Muñequita, te juro que voy a demostrarte que puedo ser el hombre que necesitas. No voy a dejarte sola en esto.
Nicole respiró hondo, intentando calmarse.
—Esto no es algo que pueda decidir ahora mismo, Roberto. Necesito tiempo para pensar.
Roberto asintió, con una mezcla de preocupación y determinación en su rostro.
—Tómate el tiempo que necesites. Pero no voy a rendirme, Nicole. Haré lo que sea para recuperar tu confianza.
Regreso a casa
Esa noche, Nicole llegó a su casa con una mezcla de emociones. Su madre, Ana, estaba en la sala leyendo, y la miró al entrar.
—¿Cómo te fue, hija?
Nicole dudó por un momento antes de responder.
—Hablé con Roberto.
Ana cerró el libro y la miró con atención.
—¿Le contaste?
Nicole asintió lentamente.
—Sí, mamá. Le dije que estoy embarazada.
Ana suspiró, haciendo una pausa antes de responder.
—¿Y cómo reaccionó?
—Dijo que quiere estar conmigo y con el bebé, pero... no sé si puedo confiar en él.
Ana se levantó y caminó hacia Nicole, tomándola de los hombros.
—Hija, esta es una decisión importante, y debes tomarla con calma. Pero también tienes que pensar en lo que es mejor para ti y para el bebé.
Nicole asintió, sintiendo que las lágrimas amenazaban con salir de nuevo.
—Lo sé, mamá. Pero todo esto me supera.
—No estás sola, Nicole. Aquí estamos para apoyarte, pase lo que pase.
Nicole abrazó a su madre, agradeciendo el consuelo. Sabía que su vida había cambiado para siempre, pero también sabía que tenía una familia que la apoyaría en todo momento.
La determinación de Roberto
Mientras tanto, Roberto estaba en su departamento, sentado en el sillón con la mirada perdida. Sebastián, su mejor amigo, llegó poco después.
—¿Qué tienes, compa? —preguntó Sebastián, sentándose a su lado.
Roberto levantó la vista, todavía procesando todo.
—Nicole está embarazada.
Sebastián lo miró con sorpresa, pero después de unos segundos, sonrió.
—Pues felicidades, carnal.
—No sé si felicitarme. Ella no confía en mí después de todo lo que pasó.
—¿Y qué piensas hacer?
Roberto lo miró con determinación.
—Lo que sea necesario para demostrarle que la amo y que no la voy a fallar.
Sebastián le dio una palmada en el hombro.
—Entonces no te rindas, viejo. Si de verdad la amas, esto es solo el principio.
Roberto asintió. Sabía que tendría que ganarse de nuevo la confianza de Nicole, pero también sabía que no había nada que no pudiera hacer por ella y por su futuro hijo.
