Capítulo 24

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Poco a poco nos despojamos de la poca ropa que quedaba entre nosotros - No sabes cuanto tiempo he esperado para poder volver a estar así contigo - agrega el moreno descendiendo dejando besos por todo su cuerpo baja hasta su abdomen dejando justo un beso en su ombligo deteniéndose solo a admirar la belleza de su mujer - Eres perfecta Altagracia - vuelvo a mi trabajo ahora agarro su hermosa lencería y la arranco - Ya no hay impedimento para tener tu piel cerca sentirla como quiero - deslizo mi mano por todo su monte venus - Mju estas mojada - introduzco dos de mis dedos en ella y como respuesta ella arquea su espalda y gemido que tenia guardado muy dentro poco a poco voy aumentando el ritmo de las embestidas con mis dedos y dejo uno que otro beso en su abdomen - Quieres mas de mi Altagracia - ella asiente, mordiendo su labio inferior - Dime... dime que quieres de mi, dímelo y te lo daré - dice tomándola de la mandíbula

Follame José Luis, follame ahora - digo mirándolo a los ojos - Por favor - lo beso invitándolo a que me haga suya 

No sabes cuanto necesitaba oírlo - me levanto quitándome los pantalones junto al bóxer, me acuesto encima suyo de nuevo - Dímelo de nuevo, te lo suplico Altagracia pídemelo - le digo mirándola a los ojos 

Lo beso con posesión, con ganas, con deseo - Hazme tuya, hasta que se me olvide como respirar - entra en mi sin previo aviso, me penetra con furia, deseo, posesión, como si quisiera dejarme marcada, para no olvidarlo  

Lo beso con posesión, con ganas, con deseo - Hazme tuya, hasta que se me olvide como respirar - entra en mi sin previo aviso, me penetra con furia, deseo, posesión, como si quisiera dejarme marcada, para no olvidarlo  

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Al principio todo es salvaje, ambos deseábamos este encuentro 

omo si nuestras vidas hubieran estado suspendidas en el aire, esperando este instante para volver a respirar. Sus manos se aferran a mi cintura con la urgencia de quien ha estado demasiado tiempo perdido, y las mías encuentran refugio en su cuello, atrayéndolo más cerca, como si temiera que se desvaneciera.

Sus labios, cálidos y decididos, se mueven sobre los míos con una intensidad que me hace temblar, pero no solo de deseo. Hay algo más aquí, algo que late en el fondo de todo esto, algo que me desarma y me reconstruye al mismo tiempo.

El mundo a nuestro alrededor deja de existir. No hay pasado, no hay futuro, solo este instante. Y, por un segundo, todo parece perfecto, como si el caos de nuestras vidas hubiera sido solo una mentira, un espejismo que este momento destruye con su verdad.

Pero entonces, como un balde de agua fría, la realidad golpea. Su respiración se entrecorta, no de pasión, sino de dudas. Se aparta apenas unos centímetros, lo suficiente para que nuestros ojos se encuentren. En los suyos hay algo más que deseo; hay una lucha interna, una batalla que claramente no ha ganado.

Esto... - empieza a decir, su voz ronca, como si las palabras fueran un esfuerzo - Esto no está bien.

Me quedo en silencio, con el corazón latiendo con fuerza, pero no digo nada. Porque aunque no quiero admitirlo, sé que tiene razón. Lo supe desde el principio, desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez y sentí esa chispa peligrosa, esa que no debería existir entre nosotros.

Lo sé - respondo finalmente, mi voz apenas un susurro - Pero no puedo evitarlo.

Él suspira, pasando una mano por su cabello, despeinándolo aún más. Se aleja un paso, rompiendo el contacto, y el vacío que deja es tan doloroso que casi me inclino hacia él, como si mi cuerpo no pudiera soportar la distancia.

Esto no cambia nada, ¿verdad? - pregunto, aunque sé la respuesta.

Cambia todo - responde, con una expresión que me confunde - Y por eso no debería haber pasado - dice con una cara que no se como descifrar 

José Luis yo te lo dije desde un inicio - tomo la sabana cubriendo mis pechos -  Desde un inicio sabíamos que esto no estaba bien 

Lo sé - susurra finalmente, con un tono tan bajo que casi no lo escucho - Pero... no pude evitarlo. No contigo.

Sus palabras me paralizan, y antes de que pueda responder, él se acerca de nuevo, su mirada fija en la mía, cargada de un deseo que parece ir más allá de lo físico.

No puedo controlarme cuando te tengo cerca - dice con voz ronca, mientras su mano acaricia mi mejilla, obligándome a cerrar los ojos por un momento.

Siento su aliento en mis labios antes de que los suyos encuentren los míos de nuevo. Es un beso lento, pero lleno de una intensidad que me hace olvidar, aunque sea por un instante, todo lo que está mal en esta situación.

No con tu boca cerca, tu cuerpo cerca, tú... - murmura contra mis labios, sus palabras cargadas de una vulnerabilidad que nunca había mostrado antes.

Mi corazón late con fuerza mientras sus manos me envuelven de nuevo, y me encuentro atrapada entre lo que quiero y lo que debería hacer. Pero cuando él me mira de esa manera, como si fuera la única persona en su universo, me doy cuenta de que ya estoy perdida.

José Luis... - susurro, mi voz temblorosa mientras intento encontrar algo de lógica en medio de esta locura - Esto no puede seguir así.

Él niega lentamente, sus dedos trazando una línea invisible en mi brazo, dejándome sin aire.

No quiero que termine. No sé cómo, pero necesito encontrarte en esto, aunque todo esté en contra - dice, y la honestidad en su voz me deja sin palabras.

Lo miro, buscando algún indicio de duda en sus ojos, pero no lo encuentro. En su lugar, veo a un hombre dispuesto a luchar contra algo que ni él mismo comprende. Y mientras mi mente grita que esto solo puede llevarnos al desastre, mi corazón ya ha tomado su decisión.

Lo atraigo hacia mí, dejando que mi boca haga las preguntas que mi mente no se atreve a formular, las preguntas que solo él puede responder con sus acciones. ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser? Y aunque sé que no tengo todas las respuestas, en este momento, bajo la luz tenue de la habitación, decido que no importa.

Porque aquí, con él, incluso los errores parecen valer la pena. Y nuevamente nuestros cuerpos se vuelven uno 

 Y nuevamente nuestros cuerpos se vuelven uno 

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