Capítulo 30

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Con Navarrete

Llego a mi casa y comienzo a aventar cosas - ¡AAAAAAHHHHHHH! - grito - Porque, porque, porque - entro a mi recamara y aun esta hecha un desastre por la noche que pase con Altagracia - Carajo - agarro las sabanas y las rompo 

El sonido de la tela rasgándose llena la habitación, pero no es suficiente para calmar la furia que me consume. Me dejo caer al suelo, respirando con dificultad, rodeado de los destrozos que he hecho. Todo aquí me recuerda a ella, cada rincón, cada aroma, incluso el aire parece tener su presencia impregnada.

¡Maldita sea, Altagracia! - grito con todas mis fuerzas, aunque sé que nadie puede escucharme.

Mis manos tiemblan mientras paso la mirada por la habitación. El caos refleja el desastre que llevo dentro. Las sábanas, las almohadas, incluso el espejo que rompí... todo es un reflejo de lo que ella ha hecho conmigo.

Me levanto tambaleándome y voy al baño. Me miro al espejo roto, los fragmentos de vidrio distorsionan mi rostro. Por un momento no me reconozco. Estoy cansado, agotado de luchar contra algo que parece inevitable.

Esto tiene que parar... - murmuro, apenas audible. 

El agua del grifo corre mientras me lavo la cara, pero no importa cuánto intente, no puedo quitarme la sensación de suciedad, como si todo lo que he hecho, todo lo que hemos compartido, estuviera tatuado en mi piel.

Me apoyo en el lavabo, cerrando los ojos, y su voz vuelve a mi cabeza. Las palabras dulces, las promesas, y luego las mentiras. Todo un veneno que fui tragando sin darme cuenta.

Abro el grifo del agua para darme una ducha rápida, comienzo a desvestirme y cuando estoy completamente desnudo dejo que el agua caiga sobre mi 

Abro el grifo del agua para darme una ducha rápida, comienzo a desvestirme y cuando estoy completamente desnudo dejo que el agua caiga sobre mi 

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Después de la ducha salgo hacia mi despacho a ahogarme de alcohol 

Narra Altagracia 

Me voy a mi departamento - Maldito Leon, por que ¡AAAAAAHHHHHHH! - llego aventando todo 

Doña - se acerca Cisco - Necesita algo? 

Miro al guardaespaldas - Ve a ver si Genaro necesita algo en la constructora - digo dandole la espalda - Me avisas cuando ya hayan terminado 

En seguida Doña - la escucho sollozar - Necesita algo mas? 

Que me dejen sola - digo sin mirarle 

2 semanas después 

José Luis no se había presentado a la oficina,  no sabia nada de el, no contestaba ninguna llamada, ni mensajes, Genaro decía que no podía decirnos nada, cada vez que iba a buscarlo nadie salía 

Los golpes en la puerta me sacaron de mi trance - Adelante 

Futura señora Navarrete - entra Thrigve - No he visto a tu prometido y antes de irme a España quisiera que todo entre nosotros quedara claro Altagracia y mas ahora que traen todo el brete de su boda y luego con la desaparición del Policía ese pues quisiera que firmáramos algo no 

Me enderecé en mi silla, tratando de ocultar el desconcierto que las palabras de Thrigve me causaron. Su tono era cortés, pero sus ojos, fríos y calculadores, lo decían todo: no estaba aquí solo por amabilidad.

¿Firmar algo? - pregunté, arqueando una ceja, intentando mantener mi compostura.

Sí, un acuerdo - respondió, cerrando la puerta tras de sí y acercándose a mi escritorio con pasos firmes - Quiero que dejes constancia de que todo lo que manejamos en los negocios está en orden. Ya sabes, por si las cosas se complican con tu... prometido.

El énfasis en "prometido" no pasó desapercibido. Había algo en la forma en que lo decía, una insinuación que me puso a la defensiva.

¿Qué estás insinuando, Thrigve? - dije, dejando mi pluma sobre la mesa y cruzando los brazos - Si tienes algo que decir, dilo de una vez.

Nada que no sepas ya, Altagracia - contestó, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos - Pero los rumores vuelan rápido, y no quiero que se mezclen con mis asuntos. Dicen que José Luis ha estado... inestable últimamente. Y con la desaparición del policía, bueno, ya sabes cómo son las cosas.

Mis dedos se tensaron contra el brazo de la silla, pero mantuve mi expresión neutra.

¿Y crees que firmar un papel va a protegerte de los rumores? - pregunté, inclinándome ligeramente hacia él.

Los rumores no me preocupan - respondió - Lo que me preocupa es que, si José Luis no aparece o algo sale mal, tus problemas terminen afectando mi parte del trato.

Solté una risa seca.

Eres más cobarde de lo que pensé, Thrigve. Siempre supe que tenías el instinto de un buitre, pero no imaginé que vendrías aquí a insinuar que mi vida personal puede afectar los negocios.

Él se encogió de hombros, sin inmutarse.

- Llámame práctico.

Lo miré fijamente, midiendo mis palabras. No podía permitir que alguien como él viera siquiera una grieta en mi fachada.

Bien - dije al fin - Prepárame el documento. Lo firmaré, pero solo porque quiero que te largues a España con la tranquilidad de que no tienes nada que temer de mí ni de José Luis.

Sus ojos se entrecerraron por un instante, como si tratara de leer entre líneas, pero luego asintió.

- Sabía que entenderías, Altagracia. Siempre has sido inteligente.

Me entregó una carpeta con un contrato ya preparado. Lo abrí, hojeándolo rápidamente. Todo parecía en orden, aunque la simple existencia del documento era una bofetada a mi orgullo. Firmé con un trazo firme y le devolví la carpeta.

- Espero que esto sea suficiente para ti, Thrigve. Pero déjame darte un consejo: la próxima vez que decidas desconfiar de mí, hazlo sin dejar rastro.

Su sonrisa se ensanchó, pero esta vez parecía genuinamente divertida.

- Siempre tan directa, Altagracia. Es una de las cosas que admiro de ti.

Sin decir nada más, giró sobre sus talones y salió de la oficina.

Cuando la puerta se cerró, el silencio me envolvió de nuevo. Mi mente volvió a José Luis. Algo estaba mal, demasiado mal. No era solo su ausencia. Había algo en la forma en que Genaro evitaba hablar del tema, algo en la manera en que todos parecían estar al borde de un secreto.

Tomé mi teléfono y marqué pero nuevamente no obtuve respuesta - Ya estuvo bueno 


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