Wedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto.
Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste
No se ataquen por favor...
Él da un paso más cerca, invadiendo mi espacio personal, pero no retrocedo.
De mi venganza contigo - Su voz se torna con molestia, pero hay una intensidad peligrosa en sus palabras - A parte de que el mundo ya nos ve como una pareja poderosa, imbatible. ¿Por qué no usar eso a nuestro favor?
¿Usarlo a nuestro favor? - repito con incredulidad - ¿Después de todo lo que hiciste? ¿Después de cómo me traicionaste?
Tú también has jugado tus cartas, Altagracia - me interrumpe, acercándose aún más - Ambos sabemos que esto nunca ha sido un simple cuento de amor. Es política, poder, estrategia. Y, admitámoslo, juntos somos imparables.
Lo miro, intentando descifrar si sus palabras son sinceras o si es solo otra de sus tácticas. Mi corazón late con fuerza, pero no por emoción, sino por la adrenalina de saber que estoy frente a un hombre que es tan peligroso como encantador.
- ¿Y qué se supone que haga yo, José Luis? ¿Pretender que todo está bien? ¿Seguirte el juego como si nada?
No. - Su tono es firme, casi seductor - Quiero que juegues conmigo, Altagracia. No contra mí.
Sus palabras se quedan flotando en el aire, cargadas de promesas y amenazas a partes iguales. Aprieto los labios, mi mente trabajando a toda velocidad. Si voy a aceptar este juego, será bajo mis condiciones.
Está bien, Navarrete - digo al fin, con una sonrisa calculada - Si quieres jugar, jugaremos. Pero recuerda esto: nadie manipula a Altagracia Sandoval.
Me doy la vuelta y camino hacia la puerta, sintiendo su mirada quemándome la espalda. Justo antes de salir, me detengo y lo miro por encima del hombro.
- Espero que estés preparado, José Luis. Porque no voy a perder - y con eso, cierro la puerta, dejando claro que la verdadera batalla apenas comienza.
Mju - suelto una risita - No Altagracia, espero que tu estes preparada, te lo dije conmigo no se juega
Las semanas seguían su curso, y cada vez que alguien mencionaba la boda, sentía que una cuerda invisible se tensaba en mi pecho. No era que no quisiera que sucediera; o tal vez sí. La verdad era un enigma incluso para mí. Entre eventos de la empresa, juntas estratégicas y los constantes juegos mentales de José Luis, el tiempo parecía diluirse.
La prensa, por supuesto, no se quedó atrás. Los titulares especulaban sobre nuestra relación: "¿Una boda de negocios o de amor?" o "La pareja del año, pero ¿realmente juntos?". Las opiniones eran variadas, y aunque a muchos les parecía sospechoso que no compartiéramos un techo, para mí eso era irrelevante. Lo importante era mantener las apariencias, y eso lo estábamos logrando a la perfección.
Una tarde, mientras revisaba los informes trimestrales en mi oficina, mi asistente personal entró con un sobre negro en la mano.
Doña, esto acaba de llegar para usted - dijo, dejándolo sobre mi escritorio.
Miré el sobre con curiosidad. No tenía remitente, y el papel era de una textura lujosa, casi intimidante. Lo abrí con cuidado, deslizándome dentro una invitación.
"Cena privada en honor de José Luis Navarrete. Asistencia obligatoria para su prometida, Altagracia Sandoval."
Mis ojos se estrecharon al leer la última línea. "¿Asistencia obligatoria? ¿Quién diablos se cree que es para exigirme algo?" Dejé la invitación sobre el escritorio, casi con desdén. José Luis siempre sabía cómo provocarme, y este era otro de sus movimientos.
¿Le respondo algo? - preguntó Tania, notando mi expresión.
No. Iré, pero no porque él lo diga - respondí con frialdad - Es una oportunidad para demostrarle que no estoy a su merced.
Tania asintió y salió de la oficina, dejándome sola con mis pensamientos. Esa noche sería una partida más en este complicado juego, y yo pensaba jugar con todas las de ganar.
El salón estaba iluminado con un resplandor dorado, y las mesas estaban adornadas con flores blancas y doradas, un despliegue de lujo digno de alguien como José Luis. Cuando entré, sentí las miradas de los asistentes posarse sobre mí, susurros acompañando mis pasos. Mi vestido negro de seda abrazaba mi figura, y el brillo de las joyas en mi cuello complementaba mi mirada fría y decidida.
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José Luis estaba al fondo del salón, rodeado de un grupo de empresarios. Su sonrisa característica iluminó su rostro al verme, como si hubiera estado esperándome. Se disculpó con sus acompañantes y caminó hacia mí con una confianza que siempre lograba desconcertar a los demás, pero no a mí.
Altagracia, siempre sabes cómo dejar sin aliento a una habitación - dijo, extendiendo su mano para tomar la mía.
Y tú siempre sabes cómo montar un espectáculo, Navarrete - respondí, ignorando su mano y pasando a su lado para tomar una copa de vino de la mesa cercana.
Él rio suavemente, siguiéndome.
- ¿Espectáculo? Esto no es nada comparado con lo que podría hacer si quisieras.
Me giré para mirarlo directamente, con una sonrisa calculada.
- Cuidado, José Luis. Las promesas vacías son peligrosas, incluso para alguien como tú.
Él me miró con esa intensidad que siempre llevaba escondida bajo su fachada de hombre encantador.
No hago promesas vacías, Altagracia. Y lo sabes. - Su voz se suavizó, casi en un susurro - Pero tú también juegas tus cartas. ¿Por qué sigues aquí, entonces?
Porque me gusta ganar - respondí, tomando un sorbo de vino y dejándolo con la palabra en la boca. Sabía que esta noche sería interesante, y no pensaba perder la oportunidad de demostrarle, una vez más, que no soy un peón en su juego.
Esta partida estaba lejos de terminar, y yo aún tenía varios movimientos por hacer.