Capítulo 28

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Bueno ya estuvo bueno - me pongo en medio de ambos - Quieres que hablemos Contreras, así será - señalo hacia mi oficina - Acompañanos hay mucho de que hablar - el solo me mira sin decir nada yo me volteo a José Luis - Vamos es hora de aclarar todo, es hora de que por fin sepas toda la verdad - tomo su mano y me dirijo hacia la oficina - los flashes no paraban, a donde fuéramos nos seguían - Tania, por favor encárgate de ellos y hazles sabes que si suben cualquier foto o chisme que nos comprometa a mi o al señor Navarrete serán demandados y saca a todos los invitados de aquí que no quede ninguno - entro cerrando la oficina con llave 

Me sirvo una copa de whisky - Bien de que quieren hablar o cual es esa verdad que quieren que me entere - agrega Navarrete molesto 

Tomé un sorbo de mi whisky, dejando que el líquido ardiera en mi garganta mientras mis ojos se clavaban en los de Navarrete. Había ira en su mirada, pero también algo más: miedo. Lo reconocí al instante, porque era el mismo miedo que yo sentía desde que Leon Contreras reapareció en nuestras vidas.

Leon se acomodó en la silla frente al escritorio, cruzando las piernas con una calma exasperante. Se pasó una mano por el cabello y sonrió, esa sonrisa arrogante que me ponía los nervios de punta.
- Siempre tan elegante, Navarrete. Pero no estamos aquí para hablar de ti, sino de lo que tú y Altagracia han estado ocultando todos estos años.

Navarrete frunció el ceño y golpeó la mesa con la palma de la mano.
- ¡Basta de rodeos, Contreras! Si tienes algo que decir, dilo de una maldita vez. Estoy harto de tus jueguitos.

Leon soltó una carcajada, inclinándose hacia adelante.
- Está bien, Navarrete, tú lo pediste. ¿Por qué no empezamos con ella? - dijo, señalándome con un gesto casual - Porque, si no me equivoco, Altagracia es la pieza clave de todo este embrollo.

Sentí cómo el peso de su mirada caía sobre mí, pero me obligué a mantenerme firme.
- Si tienes algo que decir, dilo de frente, Leon - repliqué con frialdad, aunque mi voz temblaba ligeramente al final.

Oh, claro que lo haré - respondió él, recostándose nuevamente en su silla - Pero no será fácil de digerir para Navarrete. No cuando descubra que su "fiel compañera" no ha sido precisamente sincera con él.

Navarrete me miró, su expresión un mar de confusión y desconfianza.
- ¿De qué demonios está hablando? - preguntó, aunque su tono indicaba que no estaba seguro de querer saber la respuesta.

Tomé aire, intentando mantener la compostura. Pero Leon no me dio tiempo de hablar.

¿Por qué no le cuentas tú misma, Altagracia? - me interrumpió, su voz cargada de veneno - Cuéntale cómo todo esto empezó esa noche. Cuéntale lo que hicimos y cómo lo enterramos. O mejor aún, cuéntale quién fue realmente el responsable.

El silencio en la habitación era sofocante. Podía sentir los ojos de Navarrete clavados en mí, esperando respuestas. Mi corazón latía con fuerza, y las palabras se atoraban en mi garganta. Pero antes de que pudiera hablar, Navarrete se puso de pie, su rostro una mezcla de furia y desesperación.

¡¿De qué está hablando, Altagracia?! - gritó, dando un paso hacia mí.

Bajé la mirada, incapaz de sostener la suya. El pasado que tanto me había esforzado en ocultar estaba regresando para devorarnos a todos, y ya no había forma de escapar.
- Yo... yo quería protegerte - susurré finalmente, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con salir - Todo lo que hice fue para protegerte, José Luis.

Leon volvió a reír, esta vez con una satisfacción cruel.
- Ahí lo tienes, Navarrete. La gran revelación está por llegar. Ahora, ¿quieres saber la verdad completa o prefieres seguir viviendo en esta dulce mentira?

Los tres estábamos atrapados en ese cuarto, y lo sabía: una vez que las palabras salieran a la luz, nada volvería a ser como antes.

Leon rompe el silencio que gobernaba en la habitación - Bien ahora hablemos de los detalles que no quiero que pierdas ninguno - me sirvo un vaso de whisky - Me imagino que ya sabes que hablamos de tu psicópata hijo 

Empuñó mi mano golpeando la mesa - Te prohibido hablar de mi hijo 

Tranquilo José Luis es para que entiendas toda la historia - pone sus manos en modo de rendición - Mira el día que mate a tu hijito, no lo hice yo solo ella me ayudo - apunto a la rubia que estaba en shock 

Leon yo te llame para que tu lo entregaras a las autoridades pero tu hiciste... - me interrumpe 

Si preciosa pero tu no te negaste cuando llegue a matarlo - agrega Leon 

La habitación se volvió aún más fría, como si el aire mismo se hubiera congelado por las palabras de Leon. José Luis se tambaleó hacia atrás, su rostro palideció como si acabara de recibir un golpe físico. Su mirada iba de Leon a mí, buscando desesperadamente alguna señal de que todo esto era una mentira.

Altagracia... - su voz tembló, rota - Dime que no es cierto. Dime que no tuviste nada que ver.

Las palabras se atascaban en mi garganta, incapaces de salir. Podía sentir las lágrimas acumulándose en mis ojos, pero no había espacio para llorar, no con la verdad colgando sobre nosotros como una guillotina.

Leon, como si disfrutara alargando el tormento, tomó otro sorbo de su whisky, su mirada nunca dejando la mía.
- Ah, Altagracia. Qué bien jugaste tu papel de mujer perfecta. Pero no olvidemos cómo fue aquella noche. No fue mi culpa que tu hijo, Navarrete, estuviera metido en cosas tan sucias. Si lo piensas, le hice un favor a este mundo, y ella lo sabe. Por eso no me detuvo.

¡Cállate! - grité, mi voz finalmente rompiendo el silencio. El vaso de whisky en mi mano se estrelló contra el suelo, pero no me importó. Di un paso hacia Leon, con el corazón acelerado, los ojos llenos de ira - Tú manipulaste todo. Tú lo provocaste. ¡Si él está muerto, fue por tu culpa!

Leon se puso de pie, su sonrisa se desvaneció y su rostro adquirió un matiz sombrío.
- ¿Por mi culpa? - replicó, su tono cargado de veneno - ¿Y qué hay de ti, Altagracia? ¿Quién fue la que me llamó esa noche suplicándome que hiciera algo? ¿Quién fue la que me miró y no movió un solo dedo mientras yo... terminaba con todo? No te atrevas a cargarme toda la culpa.

José Luis se llevó las manos a la cabeza, como si intentara procesar todo lo que estaba escuchando. Su respiración era pesada, y su mirada estaba perdida.
- Mi hijo... mi hijo está muerto porque ustedes dos lo decidieron. - Su voz era un susurro al principio, pero pronto se llenó de furia - ¡Ustedes lo mataron!

Me acerqué a él, las lágrimas ahora corriendo por mi rostro.
- José Luis, por favor, escucha... yo no quería que esto pasara. Sólo quería protegerte, proteger a mi familia. Él... él estaba fuera de control. Estaba haciendo cosas horribles que podían destruirnos a todos, el mato a Isabella 

¡Y por eso lo mataste! - gritó, empujándome con tanta fuerza que tropecé hacia atrás. La mirada en sus ojos era la de un hombre completamente roto, lleno de dolor y rabia.

Leon, siempre el oportunista, se cruzó de brazos y observó la escena con una expresión neutral, casi aburrida.
- Bien, Navarrete. Ahora sabes todo. ¿Qué vas a hacer con esa información? ¿Vas a entregarnos a la policía? ¿O prefieres seguir ocultando esto como lo hemos hecho hasta ahora? Porque, te advierto, si caigo yo, caen todos.

José Luis se volvió hacia él, y por un momento pensé que lo golpearía. Pero, en lugar de eso, saco su arma - Aquí el único que va a caer eres tu... - se escuchan varia detonaciones

Zona de riesgoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora