Capitulo 47

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Él no duda. Sus labios devoran los míos con una necesidad que me hace estremecer. Sus manos fuertes recorren mi cuerpo con una mezcla de urgencia y devoción, como si estuviera memorizando cada centímetro de mi piel.

Eres mía, Altagracia... siempre lo has sido - Su voz ronca y cargada de deseo resuena en mi oído mientras desliza sus labios por mi cuello

Mi respiración se vuelve errática cuando sus dedos trazan un camino ardiente por mi piel. Me aferro a su espalda, sintiendo la tensión de sus músculos bajo mis manos.

No pude negarme a sentir de nuevo a José Luis no menos de la forma en la que ambos nos estamos sintiendo y sin dudarlo ni dejarme tiempo para procesarlo me penetra - Ahh - jadeo en su oido, sintiendo otra estocada dentro de mi 

Su respiración se vuelve errática contra mi cuello, su aliento cálido rozando mi piel mientras su cuerpo se funde con el mío en un vaivén cada vez más profundo y urgente. Mis uñas se clavan en su espalda, buscando algo a lo que aferrarme mientras el placer me consume en ondas ardientes.

Dios... José Luis... - susurro entrecortada, sintiendo cómo me llena por completo.

Su respuesta es un gruñido gutural, sus labios recorren mi clavícula, dejando besos húmedos y mordiscos suaves que hacen que mi piel se erice. Me arqueo contra él, sintiendo la fricción perfecta entre nuestros cuerpos, su ritmo implacable llevándome al borde del abismo.

Sus manos exploran cada rincón de mi piel, reclamándome con cada toque. Su lengua traza un camino descendente, y cuando sus labios encuentran mi pecho, un gemido se escapa de mis labios sin control.

Me mira queriendo destrozarme con la mirada pero se que lo disfruta tanto como yo a el, me aferro a su cabello, perdiéndome en la sensación de sus labios y su lengua, en la forma en que su cuerpo me posee sin reservas. El placer crece, envolviéndonos en una espiral de éxtasis imparable...

Una vez que termina se tumba encima mio, cuando ambos regresamos con una respiración normal, sale de mi interior y sin decir nada se pone su ropa interior y camina hacia la puerta 

Me siento en la cama mirando como se esta lleno - Te vas? - pregunto confundida 

Ire a la recamara de alado, si necesitas algo me llamas - dice sin mirarme 

No te vas a quedar conmigo? - le digo después de oír su respuesta 

Esta ves se gira a mirarme y espera un momento como buscando una respuesta para darme - No me dan ganas de dormir contigo Altagracia, fue suficiente con tener sexo - me giro para salir de la recamara - Duérmete ya que mañana tenemos un día largo 

Sale sin mas dejándome como una prostituta en la cama, solo vino a saciar sus necesidades y me dejo aquí tirada como una vil mujersuela - Esto no se va a quedar así Navarrete 

La rabia se mezcla con la humillación en mi pecho, ardiendo como un fuego imposible de apagar. Aprieto las sábanas entre mis puños, sintiendo aún el calor de su cuerpo en mi piel, su aroma impregnado en cada parte de mí. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo tiene el descaro de usarme y largarse como si no fuera nada? 

Pero claro esto es su venganza después de haberle quitado todo ...

A la mañana siguiente me levanta los ruidos que provenían de la cocina y me dirijo hacia ella donde prácticamente estaba Navarrete preparando el desayuno o al menos eso intentaba 

Agarro el sartén demasiado caliento - Carajo - obviamente me queme 

Eso hasta un tonto lo sabe - digo arrimándome hasta la estufa 

Eso hasta un tonto lo sabe - digo arrimándome hasta la estufa 

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Sabes cocinar? - pregunta sarcastico 

Aunque no lo creas - pongo unos huevos en el sartén 

Me daré un baño ahora bajo - sale de la cocina hasta la recamara donde hace unas horas consumamos nuestro matrimonio 

Este cree que le hace el desayuno - digo removiendo los huevos - Esta pero si bien loco - termino de preparar el desayuno y como yo sola 

José Luis baja minutos después, con el cabello aún húmedo y una toalla en el cuello. Viste un pantalón deportivo y una camiseta ajustada que deja ver sus músculos, pero no me detengo a admirarlo. Estoy demasiado ocupada ignorándolo mientras tomo mi café.

Se detiene en la puerta de la cocina y frunce el ceño al ver que ya he terminado de desayunar.

¿No me serviste? - pregunta con tono seco.

Levanto la mirada lentamente y le dedico una sonrisa irónica - Pensé que el desayuno era solo para quienes se quedan a dormir en la misma cama - respondo con indiferencia, dando un sorbo a mi café.

Veo cómo su mandíbula se tensa. Se acerca a la estufa y revisa la sartén vacía - Vaya, qué detallista.

Siempre - respondo, disfrutando de la incomodidad que se dibuja en su rostro.

Toma un plato y saca pan de la alacena, pero sé que está molesto. José Luis no es un hombre que tolere que lo ignoren o que alguien lo desafíe, y eso me hace sonreír con más satisfacción.

No sé qué intentas, Altagracia, pero espero que no creas que esto es una competencia - dice mientras unta mermelada en una rebanada de pan.

Cruzo las piernas con calma, apoyando mi codo en la mesa - No intento nada, Navarrete. Simplemente sigo tu ejemplo: solo tomo lo que necesito y después me olvido de lo demás.

Su mirada oscura se clava en la mía. Durante unos segundos, ninguno de los dos dice nada, pero la tensión entre nosotros es innegable. Él deja el cuchillo sobre el plato con un golpe seco y se acerca a mí, apoyando sus manos en la mesa para inclinarse lo suficiente como para que su aliento roce mi rostro - Ten cuidado, Altagracia. Si quieres jugar, asegúrate de que puedes aguantar las reglas del juego.

Le sostengo la mirada sin parpadear, mi corazón latiendo con fuerza, pero no le daré el placer de verme flaquear - No te preocupes por mí, José Luis. Aguanto más de lo que imaginas.

Él esboza una sonrisa ladeada, esa que usa cuando cree que tiene el control - Ya veremos - me alza dejándome en la isla 

Que haces José Luis? - digo con la respiración entrecortada 

Me fascina verla nerviosa - Tomando lo que es mio - la beso ferozmente 

Me fascina verla nerviosa - Tomando lo que es mio - la beso ferozmente 

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