Wedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto.
Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste
No se ataquen por favor...
Él no duda. Sus labios devoran los mÃos con una necesidad que me hace estremecer. Sus manos fuertes recorren mi cuerpo con una mezcla de urgencia y devoción, como si estuviera memorizando cada centÃmetro de mi piel.
Eres mÃa, Altagracia... siempre lo has sido - Su voz ronca y cargada de deseo resuena en mi oÃdo mientras desliza sus labios por mi cuello
Mi respiración se vuelve errática cuando sus dedos trazan un camino ardiente por mi piel. Me aferro a su espalda, sintiendo la tensión de sus músculos bajo mis manos.
Sus manos exploran cada rincón de mi piel, reclamándome con cada toque. Su lengua traza un camino descendente, y cuando sus labios encuentran mi pecho, un gemido se escapa de mis labios sin control.
Una vez que termina se tumba encima mio, cuando ambos regresamos con una respiración normal, sale de mi interior y sin decir nada se pone su ropa interior y camina hacia la puertaÂ
Me siento en la cama mirando como se esta lleno - Te vas? - pregunto confundidaÂ
Ire a la recamara de alado, si necesitas algo me llamas - dice sin mirarmeÂ
Sale sin mas dejándome como una prostituta en la cama, solo vino a saciar sus necesidades y me dejo aquà tirada como una vil mujersuela - Esto no se va a quedar asà NavarreteÂ
La rabia se mezcla con la humillación en mi pecho, ardiendo como un fuego imposible de apagar. Aprieto las sábanas entre mis puños, sintiendo aún el calor de su cuerpo en mi piel, su aroma impregnado en cada parte de mÃ. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo tiene el descaro de usarme y largarse como si no fuera nada?Â
A la mañana siguiente me levanta los ruidos que provenÃan de la cocina y me dirijo hacia ella donde prácticamente estaba Navarrete preparando el desayuno o al menos eso intentabaÂ
Su mirada oscura se clava en la mÃa. Durante unos segundos, ninguno de los dos dice nada, pero la tensión entre nosotros es innegable. Él deja el cuchillo sobre el plato con un golpe seco y se acerca a mÃ, apoyando sus manos en la mesa para inclinarse lo suficiente como para que su aliento roce mi rostro - Ten cuidado, Altagracia. Si quieres jugar, asegúrate de que puedes aguantar las reglas del juego.