Wedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto.
Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste
No se ataquen por favor...
El sol se filtraba a través de las cortinas, dibujando líneas doradas sobre las sábanas revueltas. Altagracia abrió los ojos lentamente, aún entrelazada con el cuerpo de José Luis. Sus dedos seguían sobre su pecho, y el ritmo constante de su respiración le daba una tranquilidad que no sentía desde hacía años.
Buenos días, mi amor - susurró él, sin abrir los ojos, pero rodeándola con más fuerza.
Buenos días... - respondió ella, dejando un beso suave sobre su cuello - ¿Puedo decirte algo?
Lo que quieras - se acomoda para verla mejor
Anoche... me sentí completa por segunda vez en mucho tiempo.
Él abrió los ojos, la miró en silencio por un momento y luego asintió - Lo sé. Yo también. Y no voy a permitir que nada ni nadie nos quite esto, ¿me oyes?
Ella asintió, pero la calma se vio interrumpida por el zumbido insistente del celular de José Luis. Él estiró el brazo para tomarlo, sin soltarla del todo, y al ver la pantalla, frunció el ceño.
¿Qué pasa? - preguntó Altagracia, notando el cambio en su expresión.
Es Genaro... me dejó un mensaje - Activó el buzón y la voz urgente de su asistente llenó la habitación "Señor Navarrete, llegó un correo de los inversionistas. Nos están presionando para una respuesta inmediata. Dicen que si no aceptamos hoy, tomarán otra propuesta. He intentado llamarlo, también a la Doña, pero no contestan. Es urgente. Muy urgente"
El corazón de José Luis se aceleró - Mierda...
¿Qué significa eso? - preguntó Altagracia, sentándose en la cama, ahora con el rostro serio.
Significa que si no regresamos hoy mismo, podríamos perder el contrato y con él, el proyecto entero.
Altagracia se levantó, recogiendo su ropa con rapidez - Entonces volvamos. Ahora.
- ¿Estás segura?
Ella se giró a verlo, ya con su determinación de vuelta - No voy a dejar que todo lo que hemos construido, tú, yo, la empresa, se vaya a la basura. Sea quien sea el que esté detrás de esto, no voy a dejar que gane.
José Luis la miró, y por un momento volvió a enamorarse de esa fuerza, esa decisión que solo ella tenía. Se levantó también, comenzó a vestirse con prisa.
Mientras tanto, en la ciudad...
Eleonora caminaba de un lado a otro en su lujoso departamento, con la copa medio vacía temblando entre sus dedos. Su mirada era intensa, casi desquiciada - Todo se paga, Altagracia... tú mataste a mi hijo con tus mentiras, con tu ambición. Ahora vas a saber lo que es perderlo todo - susurró, mientras miraba fijamente una foto rota sobre su escritorio: una imagen vieja de ella, Lucho y... José Luis.
Dio un trago más y se dejó caer sobre el sofá. En su mente, los recuerdos se mezclaban con los delirios. Pero una cosa era clara: no se detendría. No hasta destruirlos.
El auto negro blindado se detuvo frente a la entrada principal. José Luis bajó primero, con el rostro serio, protegido por cuatro elementos de seguridad que abrieron paso entre los reporteros. Altagracia salió tras él, impecable como siempre, con gafas oscuras y un vestido entallado que la hacía ver como una ejecutiva imparable. Su sola presencia imponía respeto.
Pero nada de eso impidió que la prensa los rodeara con micrófonos, cámaras y preguntas afiladas como cuchillas
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¡Señores Navarrete, ¿cómo les fue en su luna de miel?!
¿Es cierto que se ausentaron por motivos personales justo cuando había una negociación millonaria en puerta? ¿Altagracia, ya encargaron al nuevo José Luis Navarrete Sandoval? —gritó una periodista entre risas nerviosas.
José Luis se detuvo por un segundo y miró directamente a las cámaras - No tenemos comentarios personales en este momento. Lo que sí podemos decir es que estamos comprometidos al cien por ciento con nuestros inversionistas y con cada proyecto que lleva nuestro nombre - dijo con firmeza, sin perder la calma.
Altagracia tomó la palabra enseguida, con su tono firme y elegante - Y como siempre, cumpliremos. Porque mientras otros pierden tiempo en especulaciones, nosotros trabajamos.
Ambos continuaron su camino con seguridad, dejando a los periodistas tras la línea de seguridad. Pero dentro del edificio, la tensión era aún más fuerte que fuera.
Genaro ya los esperaba, con la carpeta del contrato sobre la mesa y la laptop conectada a la pantalla principal. En la sala estaban también tres ejecutivos del equipo legal, todos con expresiones de urgencia - Genaro - llamó José Luis con voz seca - Quiero que me muestres ese correo, ya.
Genaro, con el rostro preocupado, los esperaba en la sala de juntas. Extendió una carpeta con los documentos impresos y su tableta con la bandeja de entrada - Aquí está, jefe. Lo enviaron ayer por la noche. Intenté comunicarme con usted y con la Doña, pero...
Sí, lo sabemos - interrumpió Altagracia, leyendo el contenido en voz alta con frialdad - "Nos han llegado nuevas propuestas muy interesantes..." - alzó la mirada - Esto huele a presión deliberada.
Más bien a sabotaje - añadió José Luis, mirando de reojo a Altagracia - Esto no es un simple correo. Nos estaban vigilando. Sabían que no estábamos aquí.
¿Quién más tiene acceso a estas negociaciones? - preguntó ella con los brazos cruzados.
Genaro dudó un segundo - Bueno... además de ustedes y yo... solo lo tenia la señora Eleonora.
El silencio que se generó fue espeso
Si, pero Eleonora ya esta muerta - agrega el moreno - Ella no pudo haber sido
José Luis, tranquilo todo estará bien si - se voltea con Genaro - Llama a los inversionistas y diles que aceptamos el proyecto que vengan hoy mismo a firmar el contrato
En seguida Doña - sale el empleado
Amor - se acerca a Navarrete - Mirame Luis - el la mira - Con este proyecto la empresa volverá a hacer la que era antes cuando tu y yo teníamos el control de todo si
José Luis la miró con intensidad, sus ojos buscando en los de ella esa fuerza que siempre había admirado... y temido. Altagracia no era una mujer común. Era la mujer que podía levantar un imperio con una sonrisa o destruirlo con una sola palabra. Y ahora, por fin, estaban del mismo lado.
Sí, Altagracia - dijo con un suspiro que cargaba años de errores, silencios y guerras internas—. Volveremos a ser los de antes. Pero esta vez... nadie más se va a interponer.
Ella sonrió apenas, una de esas sonrisas que sabían a victoria. Le acarició el rostro con ternura y determinación - Esta vez no vamos a perder, José Luis. Ni la empresa, ni nosotros.
En ese momento, Genaro regresó a la sala con el teléfono en mano y una expresión más relajada - Los inversionistas aceptaron reunirse hoy mismo. Llegarán a las 4:00 p.m. Traerán a su abogado y al director financiero.
Perfecto - dijo Altagracia - Que preparen todo. Y asegúrate de que no haya filtraciones ni acceso de prensa. Quiero esa junta blindada.
- Entendido, señora.
Cuando Genaro salió, José Luis se acercó a ella y tomó sus manos - Después de que firmemos... ¿qué sigue?
Lo que siempre soñamos - respondió ella, sin dudar - Expansión. Poder. Pero, sobre todo... justicia.
Él arqueó una ceja - ¿Justicia o poder?
Altagracia se inclinó, lo besó suavemente en los labios y susurró - A veces... son lo mismo.