Capitulo 52

114 12 6
                                        

Mientras tanto, en la casa de playa...

Altagracia sostenía su vaso entre las manos, observando a José Luis en silencio. Había algo en él esa noche, una mezcla de alivio y desconfianza. Sabía que estaban más cerca, pero aún no del todo unidos. Como si sus almas caminaran juntas, pero cada una con heridas que aún sangraban.

¿Te gustaría aceptarlo? - preguntó ella, refiriéndose al proyecto - El contrato.

Navarrete la miró. Dio un trago largo y suspiró - Sí. Puede ser lo que necesitamos... para empezar a reconstruir desde otro lugar. Si vamos a intentarlo de verdad, necesitamos volver a trabajar como equipo.

Ella sonrió, apenas. Pequeña, pero sincera - Entonces firmémoslo. Pero esta vez, nada de decisiones a escondidas. Si vamos a salvarnos... lo haremos de frente, tú y yo.

Él asintió. Se acercó y la abrazó. Por primera vez en semanas, sin rabia. Sin miedo. Solo con el peso de lo que habían sido... y la esperanza de lo que todavía podrían llegar a ser.

Pero ninguno de los dos sabía que el proyecto que los unía... era también la trampa que podía destruirlos.

A la mañana siguiente, el sonido del mar era un susurro lejano detrás de las ventanas abiertas. Altagracia se estiró entre las sábanas blancas y al girarse se topo con el rostro de José Luis, aun dormido, quería admirarlo un poco mas hasta que le dieron ganas de revisar el nuevo contrato que haría trabajar juntos de nuevo a la pareja de empresarios

Se levantó con cuidado, caminó hasta la sala donde su laptop esperaba, y abrió el correo con el archivo del contrato. Lo revisó línea por línea. Todo parecía en orden... pero justo al final, una cláusula le llamó la atención: "En caso de disolución anticipada por causas judiciales, los bienes de ambas partes serán retenidos como parte del acuerdo de resguardo financiero."

Frunció el ceño. Esa cláusula no estaba en los contratos habituales. Y era ambigua. Peligrosamente ambigua.

En ese momento, José Luis apareció detrás de ella, ya vestido, con el cabello aún húmedo.
¿Algo raro? - preguntó, mientras servía café.

Ella dudó. Luego lo miró - No sé. Esta cláusula... parece escrita con trampa. Como si alguien esperara que caigamos.

José Luis tomó el contrato en sus manos. Lo leyó en silencio - No me había percatado de ella - la miro unos segundos - Pero ahora quien quisiera vernos destruidos 

Me levanto de mi lugar y camino hasta el - No lo se, yo ya no tengo problemas con nadie 

Y Felina? - pregunto el empresario 

No con ella arregle mis problemas hace mucho - niego y camino hacia la isla 

Bueno pues no pensemos mas - camino hacia ella - Tal vez solo es un empresario desconfiado o alguien ya viejo, pero si no quieres no lo aceptamos 

No, no espera - detiene al empresario - Aceptemoslo, será todo un reto para nosotros y nos pondrá a prueba como pareja y empresarios 

Si eso es lo que quieres Amor, eso haremos - toma la mano de su mujer 

Altagracia no sabia como reaccionar una vez mas escuchaba esa palabra en los labios de su hombre 

Pasa algo? -pregunta al verla seria y ella solo niega - Bien por que no te pones un traje de baño y salimos a la playa es un día hermoso 

Dame diez minutos - respondió ella con una sonrisa leve, aunque sus pensamientos iban a mil por hora.

José Luis besó su frente y salió hacia la terraza, dejando tras de sí una estela de aroma a café y mar. Altagracia se quedó mirando la pantalla unos segundos más. Sabía que algo no encajaba, pero también sabía que para llegar al fondo, debía jugar con cuidado. Como en los viejos tiempos: una mente fría en un cuerpo ardiente.

Zona de riesgoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora