Capítulo 42

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A la mañana siguiente alguien toca la puerta de mi departamento abro y veo que es alguien que viene a maquillarme y otra persona con un vestido - ¿A quien buscan? - pregunto confundida

Nos mando el Señor Navarrete a maquillar y peinar a la futura Señora Navarrete - dice la muchacha

Suelto una risita - Adelante - antes de cerrar llega otro muchacho con varios ramos de rosas enormes

- Disculpe - detiene la puerta - Usted es la Señora Navarrete?

Escuchar que me digan Señora Navarrete me estaba causando molestia - Si soy yo, pero no lo vuelvas a repetir por favor - digo en un tono atenúe

Si una disculpa - me entrega una hoja - Podría firmar de entregado y donde las ponemos

Tomo la hoja - Ponlas en ese pasillo - firmo y le entrego la hoja - Listo gracias

Tome le envían este sobre - lo tomo y se marcha

Lo abro y es una nota de José Luis "Buenos días, futura Señora Navarrete espero no te abrumes de escucharlo por que de hoy en adelante así te llamaran, besos de tu amado esposo" ruedo los ojos por la soberbia de Navarrete

Disculpe señora Nava..... - la interrumpo

Ya no me sigas llamando así, dime Doña - digo un poco impaciente - Vamos que si no se hará tarde y el mismo Señor Navarrete me vendrá a buscar

Mientas me miro al espejo recuerdo la relación que antes tuve con José Luis y lo mucho que lo hice sufrir, probablemente se que merezco esto pero no puedo evitar sentirme atrapada. Mi mente viaja a esos días en los que nos fundíamos siendo uno mismo, cuando José Luis me miraba con esos ojos llenos de admiración, y ambos nos deseabamos. Nunca pensé que llegaríamos a este punto: un matrimonio arreglado, lleno de apariencias y obligaciones, pero tan vacío de lo que realmente importa.

 Nunca pensé que llegaríamos a este punto: un matrimonio arreglado, lleno de apariencias y obligaciones, pero tan vacío de lo que realmente importa

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Señor... eh... Doña, ¿prefiere un peinado recogido o algo más suelto? - pregunta la estilista, sacándome de mis pensamientos.

Lo que sea más rápido - respondo con un tono cortante que ni siquiera intento disimular.

La joven parece incómoda, pero no dice nada. Me siento frente al espejo mientras ella y la maquilladora trabajan en silencio. El reflejo que veo no me agrada. ¿Quién soy ahora? Una mujer que dejó que las circunstancias la arrastraran, que aceptó un destino impuesto por culpa y conveniencia.

 ¿Quién soy ahora? Una mujer que dejó que las circunstancias la arrastraran, que aceptó un destino impuesto por culpa y conveniencia

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De pronto, el sonido de mi teléfono interrumpe el ambiente tenso. Lo tomo y veo el nombre de José Luis en la pantalla. Dudo por un segundo antes de contestar - ¿Sí? - respondo con frialdad.

¿Lista? - pregunta él con una seguridad que raya en arrogancia.

Estoy en ello - respondo sin ganas.

Bueno quiero ver como vas, así que abre - cuelgo

Cuelga la llamada y suena el timbre - No puede ser - me levanto de mi lugar y me dirijo a la puerta 

Altagracia abre la puerta solo en ropa interior - Wow no esperaba que me recibieras así - me adentro sin que ella mencione una palabra 

Adelante - hago un ademan cerrando la puerta detrás de mi - ¿Que haces aquí Navarrete? - caminamos hasta la recamara - Que no sabes que es de mala suerte ver a la novia antes de la boda 

Veo a las maquillista y la peinadora que le mande mirándonos - Me pueden dejar a solas con mi mujer - asienten y se van 

Me estas escuchando José Luis - digo ya en tono molesta - A parte de que me estas casi obligando a casarme contigo no pides mi opinión 

A ver Altagracia - la aprieto contra mi - Yo solo vine a confirmar que sepas bien tu lugar conmigo y en que posicional estas asi que no tardes mucho y te espero en el altar preciosa - dejo un beso en sus labios 

Altagracia se queda inmóvil, con los labios aún hormigueando por el beso de José Luis. No es que le haya gustado, pero tampoco puede negar el efecto que él sigue teniendo sobre ella, ese maldito poder que siempre ha ejercido sobre su voluntad.

Cuando la puerta se cierra tras él, su pecho sube y baja con frustración. Se odia por permitirle esa cercanía, por no haberle estampado una bofetada en la cara. Pero lo peor es que no puede permitirse perder el control. No ahora.

¿Seguimos, Doña? - pregunta la maquilladora con cautela, asomándose por la puerta.

Altagracia respira hondo y asiente - Sí, terminemos con esto de una vez.

El tiempo avanza como si el reloj se burlara de ella. En cuestión de minutos, su reflejo en el espejo se transforma. Un vestido impecable, un peinado elegante, un maquillaje que realza su belleza. La imagen de una novia perfecta.

Camino por una ultima ves por el grande pasillo de mi departamento, Genaro ya estaba esperándome abajo en una enorme limosina que si no bajaba ahora estaba segura que me vendría a buscar para llevarme con su patrón 

Camino por una ultima ves por el grande pasillo de mi departamento, Genaro ya estaba esperándome abajo en una enorme limosina que si no bajaba ahora estaba segura que me vendría a buscar para llevarme con su patrón 

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Con un suspiro resignado, Altagracia toma el ramo de flores blancas que la maquilladora le entrega antes de salir. No es un símbolo de amor ni de felicidad, sino de la farsa que está a punto de protagonizar.

Baja las escaleras con pasos firmes, cada uno más pesado que el anterior. Al salir del edificio, la brisa de la mañana le acaricia la piel, pero no le brinda alivio. Genaro, el hombre de confianza de José Luis, le sostiene la puerta de la limosina con una leve inclinación de cabeza.

Se ve muy bien, Doña - Su tono es cortés 

Pero Altagracia apenas lo escucha responde - No viniste a alagarme Genaro, vámonos 


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