Wedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto.
Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste
No se ataquen por favor...
Tomé mi teléfono y marqué pero nuevamente no obtuve respuesta - Ya estuvo bueno - tome mi bolso y me dirijo a la casa de José Luis cuando llego estaba Genaro en la entrada
Doña que hace aqui - pregunta
- Vine a ver a José Luis y se que esta aquí así que no me iré hasta verlo, llámalo o entro a la fuerza
Genaro me miró con ese semblante inmutable que siempre llevaba, pero sus ojos lo traicionaron por un instante. Había algo ahí, algo que intentaba ocultar.
Doña, le aconsejo que regrese a su casa - dijo, cruzándose de brazos frente a la puerta, como si su postura pudiera detenerme.
Di un paso hacia él, con el mentón en alto y toda la determinación que me quedaba - Ya te lo dije no me voy a mover de aquí, así que llamalo
Genaro suspiró, su postura rígida comenzó a tambalearse. Sabía que no iba a ceder fácilmente, y yo estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.
Doña, créame, esto no es lo que quiere hacer - dijo, su tono más bajo, como si intentara razonar conmigo.
¿Ah, sí? - respondí, dando otro paso hacia él - ¿Y qué es lo que quiero hacer, Genaro? ¿Dejar que me sigas ocultando lo que está pasando? ¿Pretender que no sé que algo anda muy mal?
Él apretó los labios, su mirada desviándose por un instante hacia la puerta, como si esperara que alguien más interviniera. Pero no había nadie más. Éramos solo él y yo.
Llama a José Luis - repetí, cada palabra como una orden inquebrantable.
Finalmente, Genaro bajó la mirada, como si hubiera perdido una batalla interna.
Espere aquí - dijo, con un tono resignado. Se giró y desapareció tras la puerta, dejándome sola bajo el sol abrasador.
Los segundos parecían minutos, y los minutos, horas. La ansiedad crecía en mi pecho con cada momento que pasaba sin noticias. ¿Qué estaba pasando ahí dentro? ¿Por qué tanto misterio?
Finalmente, la puerta se abrió de nuevo, era Genaro dejándome entrar, en seguida estaba José Luis. Su aspecto me dejó helada. Tenía la camisa arrugada y desabotonada, el cabello desordenado y las ojeras marcadas bajo sus ojos, que apenas se levantaron para encontrarse con los míos. Parecía una sombra del hombre que conocía.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Altagracia - dijo, su voz grave y quebrada - ¿Por qué estás aquí?
¿Por qué estoy aquí? - repetí, con un nudo en la garganta - Porque has estado desaparecido. Porque no contestas mis llamadas. Porque estoy preocupada por ti, José Luis. ¿Es tan difícil de entender?
Él soltó una risa amarga, sacudiendo la cabeza.
- No deberías preocuparte por mí. No después de lo que pasó.
Dame la oportunidad de explicarte por favor - dije, dando un paso hacia él. Intenté tocar su brazo, pero se apartó, como si mi contacto le quemara.
No - dijo, con una intensidad en sus ojos que me dejó sin aliento - No juegues conmigo, Altagracia. Ya no. - doy un golpe en mi escritorio
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Mi corazón se detuvo por un instante.
- José Luis...
Nada Altagracia - gritó, su voz rompiendo el silencio del lugar—. ¡Todo este tiempo he estado cubriendo tus pasos, justificando tus acciones, y ahora resulta que quieres darme explicaciones, por que no me lo dijiste antes
Por favor, cálmate - dije, intentando mantener la compostura.
Suelta una risa fue cortante, casi cruel -Quiero saber por qué le hiciste eso a mi hijo
Yo... - intenté hablar, pero las palabras no salían.
Leon lo dijo todo - continuó, su voz temblando de rabia
Eso no es cierto - dije, finalmente encontrando mi voz, aunque sonaba débil incluso para mis oídos - Leon mintió
¿Mintió? - repitió, acercándose a mí hasta que nuestros rostros estuvieron a centímetros de distancia - ¿Entonces por qué estás tan nerviosa?
No pude responder. El peso de sus palabras, combinado con la intensidad de su mirada, me dejó sin fuerzas.
No quiero volver a verte, Altagracia - dijo al fin, su voz helada - Si lo que me queda de cordura significa algo para ti, déjame en paz.
¿Entonces acabaremos con esta farsa del compromiso? - pregunto
Haz lo que se te de la gana - responde con lagrimas en los ojos - Conoces la salida
Muy bien Navarrete - digo firme - Mañana daré el comunicado de que tu y yo ya no nos vamos a casar - Me quito el anillo que me dio - Toma y espero verte mañana en la empresa hay mucho trabajo que hacer - doy la media vuelta y me voy
Suspiré con fuerza y lo dejé sobre la mesa del vestíbulo antes de salir. La noche era fría, y el aire helado parecía calar hasta los huesos, pero lo prefería. Prefería el dolor físico a la tormenta que se libraba dentro de mí.
Mañana. Mañana sería el día en que todo acabaría. Mi relación con Navarrete, quizás incluso mi dignidad. Pero algo en mí se negó a rendirse. Si Leon había mentido, si había destruido todo esto a propósito, no pensaba quedarme de brazos cruzados. No iba a permitir que él ganara.
Mientras me dirigía hacia mi coche, marqué un número en mi teléfono.
Necesito verte - dije en cuanto respondieron.
¿Qué pasa, Altagracia? ¿Estás bien? - Era Felina, mi socia, y gran amiga (a pesar de la traición) y quizás la única persona en la que podía confiar en ese momento.
- No, nada esta bien. Pero necesito tu ayuda.
Felina no hizo preguntas, como siempre. Simplemente me pidió que fuera a su casa. Arranqué el coche y, mientras conducía, una idea comenzó a formarse en mi mente. Si Navarrete no quería escucharme, si él prefería creer en las mentiras de Leon, entonces tendría que mostrarle la verdad. Costara lo que costara.
Cuando llegué a casa de Felina, ella ya estaba esperándome en la puerta, con el ceño fruncido y un caballito de tequila en la mano.
Dime todo - dijo, guiándome al sofá.
Le conté todo. La confrontación con Navarrete, las mentiras de Leon, la ruptura del compromiso. Su expresión pasó de la incredulidad al enfado y luego a la determinación.
- Ese idiota de Leon solo jugó contigo, y Navarrete es un tonto por no darse cuenta. Pero no te preocupes, vamos a arreglar esto.
¿Cómo? - pregunté, sintiendo un leve atisbo de esperanza.
Felina sonrió, esa sonrisa astuta que siempre significaba problemas para quien estuviera en su contra.