Capitulo 64

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Matamoros llegó en menos de quince minutos. No preguntó nada. La encontró sentada en la parte trasera de la constructora, en un pasillo oculto del bullicio, con el rostro pálido y las manos temblorosas. Tania se despidió con una mirada cómplice y se alejó sin decir palabra.

¿Qué pasó? - preguntó él, agachándose frente a ella con el ceño fruncido - ¿Fue por Eleonora?

Altagracia lo miró con ojos vacíos. Y luego murmuró, casi sin voz - Matamoros... creo que estoy embarazada.

Él no reaccionó de inmediato. Sus facciones se endurecieron primero, luego se suavizaron, y al final apareció una sombra de incertidumbre en su mirada - ¿Estás segura?

- No. No lo sé. Me mareé, no he comido bien, he estado bajo presión. Pero... lo sentí. Fue distinto. Como si mi cuerpo me gritara algo.

Matamoros se puso de pie y miró hacia la salida de emergencia - Voy a llevarte con alguien de confianza. No podemos ir a una clínica cualquiera, Eleonora tiene ojos en todas partes.

No quiero que José Luis se entere - dijo ella rápidamente - Vamos por unas pruebas caseras primero 

¿Ni siquiera si es cierto? - la toma caminando a la salida

- Especialmente si es cierto. No ahora, Matamoros. Eleonora está usando todo lo que tiene para destrozarme... si se entera de esto, podría usarlo también. No sé cómo, pero lo hará.

Matamoros asintió, aunque en su pecho hervía una mezcla extraña de sentimientos que no se atrevía a nombrar. Ella no era solo la mujer que protegía. Era como la hermana que tenía que cuidar - Está bien. Iremos ahora mismo. Y si es lo que crees... sabremos cómo protegerlo. A él, a ti... y a todo lo que has construido.

Ella asintió, y por primera vez en mucho tiempo, dejó que Matamoros la tomara del brazo como cuando eran solo ellos dos en el infierno. Como cuando no había más mundo que la lealtad mutua.

Llegan a la farmacia por las pruebas y van a un tienda rápida a que las haga antes de ir a una clínica, Altagracia primero toma una y hace pipí en ella, espera unos minutos y después la toma  y como temía sale positiva 

Llegan a la farmacia por las pruebas y van a un tienda rápida a que las haga antes de ir a una clínica, Altagracia primero toma una y hace pipí en ella, espera unos minutos y después la toma  y como temía sale positiva 

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No puede ser - niega con los ojos llorosos y toma otras mas y hace lo mismo y todas salen positivas - No, no no no no, ahora no por favor 

Matamoros la escucha y entra con ella - ¿Todo bien? - la güera solo apunta las pruebas y el las mira - Vamos a la clínica posiblemente es una falsa alarma 

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Matamoros la escucha y entra con ella - ¿Todo bien? - la güera solo apunta las pruebas y el las mira - Vamos a la clínica posiblemente es una falsa alarma 

No lo creo Moros, son 4 y todas son positivas - dice con lagrimas en los ojos 

Bueno si es así vamos a confirmarlo, anda vamos - le da un abrazo 

Minutos después, en una clínica discreta a las afueras de la ciudad, el ultrasonido llenaba la habitación con un sonido suave y constante.

La doctora miró la pantalla, luego a Altagracia - Altagracia... está usted embarazada. Tiene tres semanas. - mueve un poco mas y veo otro saco - !Wow¡

El corazón de ella se detuvo por un instante - ¿Está... está bien?

- Completamente. Pero deberá cuidarse. Su cuerpo está sometido a mucho estrés. Cualquier susto puede complicarlo, mas por que son dos bebes

 Cualquier susto puede complicarlo, mas por que son dos bebes

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Matamoros se quedó en silencio, mirando la pantalla. Esas pequeñas bolitas en blanco y negro, ese eco mínimo... era ahora el epicentro de una guerra que ni siquiera había comenzado.

Al salir de la clínica, Altagracia apretó la carpeta con los resultados contra su pecho - No puede saberlo. No todavía. Ni José Luis, ni Eleonora, ni nadie.

¿Y si se entera? - preguntó Matamoros.

Altagracia lo miró con una frialdad feroz - Entonces haré lo que nunca imaginé. Abandonare a José Luis hasta que mis bebes nazcan

Matamoros la miró fijamente, sin ocultar la sorpresa - ¿Bebés? - repitió, en un susurro.

Ella asintió, bajando la mirada hacia la carpeta que aún apretaba contra su pecho. Una lágrima temblorosa se deslizó por su mejilla, pero no hizo el más mínimo esfuerzo por detenerla - Son dos - dijo con voz baja - Dos vidas. Dos razones para no caer.

¿Estás segura de lo que vas a hacer? - preguntó él, con cautela - José Luis no tiene la culpa de lo que Eleonora planea.

- Lo sé. Pero tampoco tiene las fuerzas para pelear conmigo. Si le cuento, se romperá. Se llenará de culpa, de dudas. Y en este momento no podemos darnos el lujo de flaquear. Ni él... ni yo.

- Entonces, ¿qué vas a hacer?

- Voy a desaparecer. Solo el tiempo suficiente. Fingiré que me fui, que estoy dolida, herida... confundida. Que me alejé por orgullo. Así no levantaré sospechas. Nadie debe saber lo que llevo dentro, Matamoros. Nadie.

- ¿Y a dónde irás?

Ella levantó la mirada. Su voz se volvió tan firme como una sentencia - A donde nadie me encuentre... excepto tú.

Mientras tanto Eleonora bebía vino tinto frente a los planos extendidos sobre una mesa de mármol.

Esteban hablaba por teléfono, pero sus ojos no se despegaban de ella - Altagracia salió de la constructora antes del mediodía, con Matamoros. La siguieron hasta una clínica privada, pero no pudieron entrar.

¿Clínica privada? - Eleonora frunció el ceño - ¿Estaba herida?

- No parecía. Pero no salió igual. Salió con cara de guerra.

Eleonora sonrió, aunque la tensión le marcaba la mandíbula - Entonces se acerca el final. Ya tiene miedo... Y una mujer con miedo es peligrosa. Pero una mujer embarazada... - sus ojos brillaron con malicia - ...es vulnerable.

Esteban la miró, turbado - ¿Crees que está embarazada?

No creo, lo sé - susurró ella, tocándose el vientre como si sintiera una vieja herida abrirse -Porque si el universo es justo... va a pagar con cada lágrima lo que me arrebató.

Esa noche, mientras José Luis recorría la casa gritando su nombre sin encontrarla, mientras sus llamadas caían directo al buzón, Matamoros conducía por un camino olvidado entre las montañas, con Altagracia sentada a su lado, en silencio.

Ella acariciaba su vientre, como si ya supiera que la batalla más dura aún no había comenzado - Prométeme algo - dijo, sin mirarlo.

- Lo que quieras.

- Si algo me pasa... cuídalos tú.

Matamoros giró el rostro hacia ella, y por primera vez en mucho tiempo, sus ojos se llenaron de lágrimas - Eso no tienes ni que pedírmelo, Doña.

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