Wedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto.
Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste
No se ataquen por favor...
José Luis es el primero en llegar a la constructora pensando que ahí estaría Altagracia pero no había rastro de ella así que decidió llamar a su secretaria - Tania buenos días, aun no ha llegado mi mujer?
Claro aquí estoy mi vida - dice Eleonora entrando a su oficina
Gracias Tania en cuanto llegue Altagracia le dices que venga a mi oficina - cuelga el teléfono - ¿Que haces aquí Eleonora? - desvía su mirada al computador
Me acerco hasta el y me siento en el borde del escritorio - Vine a ver a mi marido - me mira sorprendido
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Que tonterías dices Eleonora - regreso mi mirada al escritorio
No son tonterías, lo dice la ley y también la iglesia - dice la morena
Golpeo el escritorio - Yo estoy casado con otra mujer, con Altagracia, yo me case por que tu estabas muerta - alza el tono de voz - o al menos eso nos hiciste creer
Bueno mi amor probablemente a la iglesia si se pudo haber anulado nuestro matrimonio - saca algo poco visible de su bolsa - Pero al civil aun seguimos casados - me enseña nuestros anillos - Así que lo mejor es que vuelvas a usar nuestros anillos de bodas ya que sigues casado conmigo o querrás que te denuncie por abandono de hogar
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Altagracia llegaba a la constructora sin saber lo que le espera - Doña que bueno que llega, el señor Navarrete la estaba buscando, me dijo que le dijera que fuera a su oficina
Gracias Tania, voy para allá - camina hacia donde probablemente no le gustaría lo que iba a encontrar
Al entrar no esperaba encontrarse con tal escena y escuchar las ultimas palabras de Eleonora "Así que lo mejor es que vuelvas a usar nuestros anillos de bodas ya que sigues casado conmigo o querrás que te denuncie por abandono de hogar " - Se detiene en seco
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Que acabas de decir? - dice Altagracia
Eleonora se giró lentamente, como si hubiera estado esperando justo ese momento - Oh, Altagracia... qué puntual. Justo hablábamos de ti - dijo con una sonrisa venenosa, guardándose el anillo en su bolso de diseñador.
Altagracia cerró la puerta con firmeza, avanzando con el rostro tenso - ¿Qué dijiste? ¿Sigues casada con José Luis?
Lo que escuchaste. Al civil, nuestro matrimonio nunca fue anulado. Técnicamente, tú eres la otra - se levantó con teatralidad - Y si quisiera, podría denunciarlo por bigamia. O mejor aún... arrastrarlo con ustedes a la ruina.
¡Eso es una locura! - exclamó José Luis, poniéndose de pie - No puedes venir a mi oficina, manipular los hechos y amenazarme frente a mi esposa. ¡Eso se llama chantaje!
No te estoy amenazando, mi amor. Solo te recuerdo que la muerte legal debe probarse. Altagracia, tu boda fue construida sobre una mentira - le lanza una mirada fulminante - Como todo lo que tocas.
¡Sal de aquí ahora mismo! - espetó Altagracia, sintiendo cómo la rabia le subía por la garganta - No te atrevas a pronunciar mi nombre en esta oficina. ¡Tú estás muerta para todos, Eleonora! ¡Incluido él!
¿Muerta? - susurró ella, acercándose hasta quedar a pocos centímetros de su rostro - ¿Estás segura? Porque a veces, los muertos regresan... a cobrar lo que les pertenece.
José Luis las miraba a ambas con el rostro desencajado. Intentó hablar, pero no encontró las palabras. Eleonora se volvió hacia él una última vez.
Tienes 48 horas para decidir, José Luis. ¿Sigues siendo el hombre que me juró amor eterno? ¿O prefieres seguir siendo el trofeo de tu muñeca de porcelana? - miró a Altagracia con desprecio - Y créeme, cuando presente la demanda contra tu empresa, esto va a parecer un juego de niños - Se marchó dejando un perfume espeso y venenoso en el aire.
El silencio fue como un balde de hielo. José Luis no podía levantar la mirada
¿Es cierto lo que dijo? - susurró Altagracia, la voz quebrada - ¿Sigue siendo tu esposa?
- No lo sé. No... no lo supe nunca. Yo creí que ella estaba muerta. ¡Tú lo sabes!
¡Entonces más te vale empezar a demostrarlo! - le gritó ella, con los ojos húmedos pero desbordando furia - Porque si piensas quedarte quieto mientras ella nos destruye... ¡entonces estás más muerto que ella! - Se dio media vuelta y salió, furiosa, sin dejarlo responder.
Los tacones de Altagracia resonaban con fuerza por el pasillo, como si con cada paso intentara pisotear la rabia que le ardía en el pecho. Pero justo al pasar frente al escritorio de Tania, un mareo repentino la obligó a detenerse.
Doña, ¿se encuentra bien? - preguntó Tania, levantándose de inmediato al ver cómo Altagracia se llevaba una mano a la sien y otra al estómago, intentando sostenerse.
Estoy... estoy bien - balbuceó ella, cerrando los ojos por un segundo mientras el mundo giraba lentamente a su alrededor.
No, no lo está. Venga, siéntese un momento - Tania la tomó suavemente del brazo y la ayudó a sentarse en el sillón más cercano al pasillo de gerencia - ¿Quiere que llame a su esposo?
¡No! - saltó Altagracia, más rápido de lo que su cuerpo permitía. Luego bajó la voz - No... no quiero que venga. Ni una palabra a José Luis. Ni una sola.
Tania asintió, aunque su mirada estaba cargada de preocupación - ¿Cuándo fue la última vez que comió algo? - preguntó con tacto.
Anoche. Un poco de sopa. No he tenido tiempo... - Altagracia se detuvo, soltando un suspiro tembloroso. El sudor le perlaba la frente, y la presión en el vientre no era normal.
Tania la observó con cuidado, como si atara cabos en silencio - Doña... perdone la indiscreción... ¿usted podría estar... embarazada?
Altagracia la miró, petrificada - No. No... eso no es posible - dijo, aunque el temblor en su voz no le ayudaba a convencer a nadie - No lo sería. No puede ser ahora...
Pero una sombra de duda ya se había dibujado en su rostro - Llama a Matamoros. Dile que venga por mí. Pero sin levantar sospechas.
Sí, señora - asintió Tania, sacando el celular con rapidez.
Altagracia cerró los ojos de nuevo, recostando la cabeza en el respaldo del sillón "Un hijo... ahora no... justo cuando todo se desmorona..."
Y mientras tanto, a unos metros de ahí, Eleonora observaba desde la esquina del pasillo con una sonrisa satisfecha. Lo había oído todo - Qué conveniente... - susurró para sí - Justo a tiempo para que su mundo se venga abajo.