El silencio pesaba como plomo. La mesa parecía más grande, el vino más agrio, la noche más cruel.
José Luis seguía de pie, inmóvil, con la mirada clavada en la puerta por donde Eleonora había salido.
Yo aun sentada - Si quieres ir tras de ella y decirle que aun la amas puedes ir sin ningún problema, no te detendré - digo cuando lo miro con su mirada perdida
Él parpadeó, como saliendo de un trance - No... es solo que... - se sentó frente a mí, sin encontrar mis ojos - No puedo creer que esté viva.
Pues créelo. Te besó. No estabas soñando. Aunque si quieres, puedes cerrar los ojos y repetirlo - solté con sarcasmo.
Él alzó la mirada, molesto - No digas eso.
- ¿Por qué no? ¿Porque duele? Pues sí. Me duele. Me arde verte así. Tieso, callado. Como si yo fuera la otra, como si tú no supieras elegir.
¡Claro que sé elegir! - levantó la voz sin querer, luego bajó el tono al ver que la gente los miraba - Te elegí a ti, Altagracia. Lo sabes. Lo hice cuando todavía no tenía derecho. Cuando estaba casado con ella y tú eras... tú eras mi tentación.
- Y ahora soy tu mujer, tu esposa y esa mujer que acaba de besarte no es solo tu pasado. Es tu sombra, José Luis. Y si no te pones firme, va a tragarte entero.
Se frotó la cara con las manos, frustrado - No sé cómo manejar esto. No sé qué quiere.
¿Ah, no? - apoyé los codos en la mesa, inclinándome hacia él - Quiere tu apellido. Tu empresa. Tu cama. Tu historia. Todo lo que ahora tengo yo.
José Luis apretó los labios. El silencio volvió a instalarse entre ellos, tenso, afilado como una navaja. Los cubiertos tintineaban en las otras mesas, las risas lejanas parecían un eco cruel de otra vida, una donde nada de esto había pasado.
No va a quitártelo - dijo al fin, sin mucha convicción - No puede.
¿Y tú qué vas a hacer para impedirlo? - pregunté con una calma que no sentía - ¿Vas a cerrar los ojos otra vez? ¿Vas a pretender que no pasa nada? Porque ella no volvió por accidente, José Luis. Esa mujer no resucita porque sí.
Él suspiró, derrotado por dentro - Me lo advertiste. Me dijiste que este proyecto... ese contrato raro que llegó sin remitente claro... venía con su nombre detrás. Que ella estaba viva. Pero... no quería creerlo.
No querías enfrentarla - lo corregí - Porque en el fondo sabías que si volvía, tú ibas a tambalear.
José Luis me miró por fin. No como antes, no como al principio de la cena, sino con ese brillo antiguo, casi salvaje, el que tenía cuando luchaba por mí - No me voy a tambalear, Altagracia. No esta vez. Si vino a pelear, va a encontrarse con que no soy el mismo hombre que lloró su muerte. Y tú no eres una sombra. Eres mi presente, mi todo.
- Entonces empieza a actuar como si lo fueras tú también. Porque la guerra empezó en cuanto esa mujer cruzó la puerta. Y no pienso perderla.
Él asintió lentamente. Por fin, José Luis parecía despertar. Y yo sabía algo con certeza: si Eleonora había regresado del infierno, sería mejor que se preparara para otro.
Mi celular vibro de nuevo: Mensaje de Matamoros: "No vino sola. Cuidado. Estoy siguiendo al sujeto del callejón. Te aviso."
Levanté la vista. Mi expresión no cambió - Tenemos menos tiempo del que pensábamos.
José Luis entrecerró los ojos - ¿Qué significa eso?
- Que Eleonora no vino sola. Y que si queremos defender lo nuestro... nos toca empezar ya.
La sombra salió cinco minutos después que Eleonora. No era un cliente del restaurante, eso era claro. No miró atrás, no encendió cigarro, no respondió llamadas. Solo caminó con propósito.
Y yo detrás. La capucha apenas dejaba ver su perfil, pero lo conocía. Había trabajado en la constructora hasta hace un año. Esteban Rivas. Ingeniero civil. Lo echaron por malversación de fondos... aunque José Luis nunca supo quién fue el soplón.
Lo seguí hasta el parqueadero de un hotel discreto en la zona centro. Entró por una puerta lateral. Yo esperé. Cinco minutos. Luego diez. Cuando un trabajador salió a tirar basura, aproveché. Lo neutralicé rápido y tomé su chaqueta.
Segundo piso. Habitación 207.
Me acerqué por el pasillo alfombrado, sin hacer ruido. Pegué la oreja. Y ahí estaban. Las voces - ...el diseño ya está en manos del arquitecto francés. Para la próxima semana tendremos la propuesta completa - decía Esteban, con tono seguro.
La voz que respondió era inconfundible. Serena, controlada. Eleonora - Perfecto. Necesito que ese proyecto los deslumbre. Si creen que es una expansión internacional, firmarán. Y cuando lo hagan, parte del patrimonio legal será mío.
- ¿Y José Luis? ¿No sospechará?
- Él nunca fue bueno leyendo los contratos. Siempre delega en su junta. Y ahora está tan ocupado con su mujercita... que ni verá venir la puñalada.
Mi mandíbula se apretó - ¿Y si Altagracia interviene?
- Para cuando lo haga, será demasiado tarde. Con su firma en el acta de aprobación, lo que es de ella... también será mío. Te dije que volvería por todo, y no solo hablo de José Luis.
Escuché un crujido suave. La risa de Eleonora. Fría. Segura. Peligrosa.
Grabé todo con el micro de respaldo que siempre llevo. No era la primera vez que me topaba con víboras con vestido caro.
Me alejé sin hacer ruido. No podía arriesgarme a que me vieran. No todavía.
Al llegar a la calle, marqué desde un número seguro - Altagracia, soy yo. Necesitamos hablar. Ya sé quién está detrás del proyecto nuevo que les llegó a la constructora. Es Eleonora. Y piensa usarlo para quitarles parte de la empresa.
Hubo un breve silencio al otro lado - ¿Tienes pruebas?
- Tengo su voz. Tengo su plan. Y tengo algo más: la certeza de que no va a detenerse hasta destruirlos.
Entonces es hora de destruirla primero - respondió ella.
Y supe que la guerra había comenzado oficialmente.
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Zona de riesgo
RomansaWedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto. Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste No se ataquen por favor...
