Capítulo 32

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Sinceramente no se pero encontraremos la forma, por lo pronto tienes que anunciar tu separación con Navarrete mañana - le tomo la mano - Todo saldrá bien. - Sabia que no era el momento pero necesito hablarlo de una vez - Altagracia - susurra pero la rubia la alcanza a oír 

Sabia del tema que hablaríamos y se que es el momento - Si Felina es momento de hablar - digo lleno a servirme un tequila mas - Mira ambas hemos cometido errores y voy a perdonar la traición que me hiciste pero escúchame bien - digo muy seria - escúchame muy bien Felina, si me vuelves a traicionar ya no habrá mas perdón 

Me levanto hasta donde esta ella - Si Alta muchas gracias - le doy un fuerte abrazo 

El abrazo de Felina era cálido, pero no lograba apaciguar del todo el torbellino dentro de mí. Habíamos llegado a este punto después de muchas heridas, y aunque estaba dispuesta a perdonar, no podía olvidar. Había límites que no estaba dispuesta a cruzar de nuevo.

Felina - dije, separándome un poco del abrazo y mirándola a los ojos -  Esto no va a ser fácil. Si decides quedarte a mi lado, vamos a enfrentarnos a cosas que pueden destruirnos.

Ella asintió, con una firmeza en su mirada que no había visto antes.

- Lo sé, y estoy lista, Alta. No voy a fallarte esta vez.

Quería creerle, de verdad quería hacerlo, pero todavía había una pequeña voz en mi interior que dudaba. Dejé escapar un suspiro, tomando un sorbo del tequila que aún tenía en la mano.

Mañana será un día crucial - dije, más para mí misma que para ella - El anuncio de la separación con Navarrete no es solo un trámite

Felina asintió de nuevo, pero esta vez su expresión era más seria.

¿Qué vas a hacer con Navarrete? - preguntó en voz baja.

Me quedé en silencio por un momento. La imagen de él, con su mirada fría y llena de dolor, se coló en mi mente. Lo había perdido, y aunque quería convencernos a todos de que estaba bien, la verdad era que me dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Navarrete es... - me detuve, buscando las palabras correctas - Él ya no importa. No puedo obligarlo a creerme, y tampoco puedo perder tiempo tratando de arreglar algo que está roto.

Felina me observó, con una mezcla de empatía y preocupación.

- Pero tú lo amas.

Sus palabras cayeron como un peso en mi pecho. No lo negué, porque sería inútil.

Amar no siempre es suficiente, Felina - dije, sintiendo cómo la amargura teñía mi voz - A veces, el amor no puede competir con el orgullo, la desconfianza y las mentiras.

Ella no dijo nada más, y lo agradecí. No quería hablar de Navarrete, no ahora. Tenía que enfocarme en lo que realmente importaba: proteger lo que quedaba de mi mundo y descubrir la verdad detrás de las traiciones.

Voy a descansar un poco - anuncié, dejando el vaso vacío sobre la mesa - Mañana será un día largo.

Felina asintió y me dio un último apretón en el brazo antes de dejarme sola. Subí a mi habitación, pero no pude dormir. Mi mente estaba llena de preguntas sin respuesta, de recuerdos de Navarrete.

Al final, cuando el amanecer comenzó a iluminar el cielo, tomé una decisión. Si había algo que podía salvar, lo salvaría. Si alguien intentaba detenerme, lo enfrentaría. Y si tenía que destruir todo para empezar de nuevo, lo haría.

Porque esta vez, no iba a perder.

El amanecer trajo consigo una claridad inesperada. Me levanté antes de que el reloj marcara las seis, sabiendo que el día no me daría tregua. Me duché rápidamente y me vestí con un conjunto sobrio pero imponente: un pantalón negro de cintura alta, una blusa blanca de seda y un blazer que transmitía fuerza. Hoy, más que nunca, debía demostrar que era inquebrantable.

Cuando bajé, Felina ya estaba en la cocina, con una taza de café en la mano y el teléfono en la otra. Me miró con algo que parecía admiración mezclada con preocupación.

¿Lista? - preguntó.

Asentí, tomando la taza que había dejado preparada para mí.

Hoy lo enfrentamos todo - respondí, con más seguridad de la que realmente sentía.

El trayecto hacia la empresa fue silencioso. Felina me acompañó en el coche, pero ambas estábamos sumidas en nuestros propios pensamientos. Mi mente repasaba cada detalle del anuncio que tendría que hacer: la separación de Navarrete, el impacto que tendría en la junta directiva, y cómo manejaría las preguntas inevitables de la prensa.

Cuando llegamos al edificio, los periodistas ya se habían congregado en la sala de conferencias, esperando el anuncio. Caminé entre ellos como si nada me afectara, aunque mi corazón latía con fuerza.

Subí al estrado y miré a la multitud. 

Gracias a todos por estar aquí - comencé, mi voz firme - Hoy quiero comunicarles algo importante - la sala quedó en completo silencio, como si el aire hubiera sido absorbido por completo. Sentí la tensión en el ambiente, las miradas de sorpresa, de curiosidad y de especulación. Pero no me detuve - Primero me gustaría responder cualquier pregunta que tengan - digo para todos 

Todos los periodistas hablan y no les entiendo - Por favor, necesito orden o será mejor que se cancele esto 

No Doña, lo haremos con todo el orden posible - dice uno de los periodistas, lo agradece y continuamos - Doña ¿es cierto que su matrimonio corre el riesgo de sufrir alguna separación?

Esa pregunta o cualquier tipo de relación me gustaría responderla al ultimo, es por eso que lo llame - responde 

 


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