Capitulo 71

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Y entonces fuimos cuatro 

La noche era silenciosa. Demasiado.

Hasta que Altagracia se incorporó en la cama, con una mano en el vientre y la otra en el borde del colchón.

José Luis... - susurró con una voz cargada de algo distinto. Un tipo de alarma que no necesitaba explicación.

Él se despertó en segundos. No hizo preguntas. Solo la miró.

Ella asintió - Rompí fuente.

El mundo dejó de girar por un instante.

3:41 a.m. – Camino a la clínica

Matamoros manejaba con una concentración absoluta. Tania, al tanto, ya esperaba en la clínica con el expediente listo. Todo se había previsto. Todo estaba preparado. Pero nada... nada estaba a la altura del nudo que José Luis sentía en el pecho mientras sostenía la mano de Altagracia en el asiento trasero.

Tranquila, mi amor... Ya falta poco - decía él, pero era más para calmarse a sí mismo.

Altagracia respiraba en ritmos largos. Cerraba los ojos, aguantaba la contracción, y volvía a mirarlo con una mezcla de dolor y valentía feroz.

Son fuertes... como yo - bromeó, y él sonrió con los ojos llenos de agua.

4:05 a.m. – Clínica San Gabriel

El equipo médico la esperaba. Altagracia fue llevada directamente al área de maternidad, y José Luis entró con ella, autorizado para acompañarla en todo momento. Se quitó el saco, se puso la bata, y no soltó su mano ni un segundo.

Estamos bien - decía ella entre jadeos - Solo prométeme que estarás ahí cuando lleguen.

Te lo juro - respondió él, besándole la frente - Voy a recibirlos contigo. Vamos a estar los cuatro.

 Vamos a estar los cuatro

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4:36 a.m. – Sala de partos

Los gritos de Altagracia cortaban el aire. El sudor le perlaba la frente. Su cabello pegado a las sienes. La mirada enfocada. Cada vez que empujaba, era como si dejara atrás todo lo que alguna vez le rompió el alma.

Y entonces... - ¡Ya casi, señora! ¡Uno más!

Un último grito. Un último esfuerzo.

Y un llanto.

Fuerte. Inconfundible - ¡Es una niña! - anunció el médico, sosteniéndola con manos expertas—. ¡Abigail!

José Luis lloró. No lo disimuló. Su cuerpo temblaba. Miró a Altagracia, que no podía contener la emoción.

Ya viene el otro - anunció el médico - ¡Vamos por Samuel!

4:43 a.m.

Otro empujón. Otro grito. Y otro llanto. Más grave. Más profundo - ¡Aquí está! ¡Es un niño fuerte! ¡Samuel está con nosotros! 

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