Wedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto.
Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste
No se ataquen por favor...
Hasta que Altagracia se incorporó en la cama, con una mano en el vientre y la otra en el borde del colchón.
José Luis... - susurró con una voz cargada de algo distinto. Un tipo de alarma que no necesitaba explicación.
Él se despertó en segundos. No hizo preguntas. Solo la miró.
Ella asintió - Rompí fuente.
El mundo dejó de girar por un instante.
3:41 a.m. – Camino a la clínica
Matamoros manejaba con una concentración absoluta. Tania, al tanto, ya esperaba en la clínica con el expediente listo. Todo se había previsto. Todo estaba preparado. Pero nada... nada estaba a la altura del nudo que José Luis sentía en el pecho mientras sostenía la mano de Altagracia en el asiento trasero.
Tranquila, mi amor... Ya falta poco - decía él, pero era más para calmarse a sí mismo.
Altagracia respiraba en ritmos largos. Cerraba los ojos, aguantaba la contracción, y volvía a mirarlo con una mezcla de dolor y valentía feroz.
Son fuertes... como yo - bromeó, y él sonrió con los ojos llenos de agua.
4:05 a.m. – Clínica San Gabriel
El equipo médico la esperaba. Altagracia fue llevada directamente al área de maternidad, y José Luis entró con ella, autorizado para acompañarla en todo momento. Se quitó el saco, se puso la bata, y no soltó su mano ni un segundo.
Estamos bien - decía ella entre jadeos - Solo prométeme que estarás ahí cuando lleguen.
Te lo juro - respondió él, besándole la frente - Voy a recibirlos contigo. Vamos a estar los cuatro.
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4:36 a.m. – Sala de partos
Los gritos de Altagracia cortaban el aire. El sudor le perlaba la frente. Su cabello pegado a las sienes. La mirada enfocada. Cada vez que empujaba, era como si dejara atrás todo lo que alguna vez le rompió el alma.
Y entonces... - ¡Ya casi, señora! ¡Uno más!
Un último grito. Un último esfuerzo.
Y un llanto.
Fuerte. Inconfundible - ¡Es una niña! - anunció el médico, sosteniéndola con manos expertas—. ¡Abigail!
José Luis lloró. No lo disimuló. Su cuerpo temblaba. Miró a Altagracia, que no podía contener la emoción.
Ya viene el otro - anunció el médico - ¡Vamos por Samuel!
4:43 a.m.
Otro empujón. Otro grito. Y otro llanto. Más grave. Más profundo - ¡Aquí está! ¡Es un niño fuerte! ¡Samuel está con nosotros!