Altagracia te cite aquí por que mañana nos casaremos al civil y el fin de semana nos casaremos a la iglesia - dice serio - No es pregunta, ni mucho menos te estoy pidiendo permiso - digo antes de que ella hablara - Aquí es donde será la boda al civil y por tu vestido para la iglesia no te preocupes te llegara el jueves
Lo miré fijamente, mi mente trabajando a toda velocidad para procesar lo que acababa de decir. ¿Casarnos mañana? ¿Así, sin más? Por supuesto que esto era algo típico de José Luis: dictar las reglas y esperar que todos sigan su juego. Pero yo no era "todos".
¿Estás loco? - le espeté, cruzándome de brazos, mi tono frío como el hielo - ¿Quién diablos te crees para tomar este tipo de decisiones sin consultarme?
José Luis se acercó un paso, lo justo para invadir mi espacio personal sin llegar a tocarme. Su mirada, intensa como siempre, estaba cargada de determinación.
Me creo tu prometido, Altagracia. Y, más allá de eso, me creo el hombre que sabe lo que necesitamos para salir de esta pantomima en la que hemos estado atrapados. - Su tono era bajo, pero firme, como si estuviera exponiendo una verdad inamovible - Otra cosa Genaro pasara por tus cosas a tu departamento así que agarras solo lo necesario en mi casa podrás compras mas cosas
No me iré a vivir en la casa de tu ex esposa y mucho menos donde vivió el loc... - me detuve antes de terminar - Disculpame no quise
Pone su mano haciendo que me callara - Solo serán unos días, regresando de la luna de miel me entregaran la casa nueva - dice serio - Si no tienes ninguna pregunta es todo - me levanto de la mesa - Y no te preocupes la cuenta ya esta pagada - paso detrás de ella pero me giro nuevamente y digo cerca de su oido - No se te ocurra no llegar por que mando por ti y si te rehusas, te veré tras las rejas
Me quedé inmóvil en mi asiento, procesando sus últimas palabras. Esa amenaza velada, dicha en un susurro junto a mi oído, me hizo apretar los puños bajo la mesa. José Luis sabía cómo jugar sus cartas, cómo manipular las situaciones a su favor, pero si creía que iba a doblegarme con sus palabras, estaba muy equivocado.
Lo observé salir del restaurante con esa seguridad que siempre lograba irritarme. Su figura desapareció tras la puerta, dejándome sola con una mezcla de rabia y frustración.
"Tras las rejas", ¿eh? - murmuré para mí misma, tomando mi bolso y levantándome de la mesa. Claro que él tenía el poder y los medios para cumplir esa amenaza, pero si pensaba que iba a ceder fácilmente, entonces no me conocía lo suficiente.
Al salir del restaurante, el aire frío de la noche me golpeó el rostro, ayudándome a aclarar mis pensamientos. Llamé a Cisco y, mientras el coche avanzaba por la ciudad, mi mente trabajaba en posibles escenarios. José Luis tenía la ventaja en este momento, pero si algo había aprendido en los años que llevábamos cruzando caminos, era que ningún movimiento suyo estaba exento de fallas.
Al llegar a mi departamento, encontré a Genaro esperándome en la entrada. Llevaba una expresión seria y profesional, pero sus ojos reflejaban un leve dejo de incomodidad.
Doña - dijo, inclinando ligeramente la cabeza - Estoy aquí para recoger sus cosas, según las instrucciones del señor Navarrete.
Lo miré por un momento, calculando. Genaro no tenía la culpa de nada; él solo seguía órdenes. Pero eso no significaba que yo iba a hacer las cosas fáciles.
Pasa - dije finalmente, dejando que entrara al departamento.
Mientras Genaro empezaba a recoger algunas de mis pertenencias, me dirigí a la cocina y me serví un vaso de agua. La rabia seguía burbujeando en mi interior, pero también había una pequeña chispa de adrenalina. Si José Luis quería un espectáculo, lo tendría, pero no sería como él lo imaginaba.
Una hora después, Genaro salió con un par de maletas y me informó que todo estaba listo. Le agradecí con un gesto y lo vi marcharse. Una vez sola, me dejé caer en el sofá, mirando el techo.
"¿Qué estás haciendo, Altagracia?", me pregunté a mí misma. Casarme con José Luis siempre había sido parte del trato, una alianza estratégica más que una unión emocional. Pero ahora, con sus imposiciones y amenazas, sentía que estaba perdiendo el control de la situación, algo que jamás podía permitirme.
Respiré hondo y me levanté. Si mañana iba a enfrentar esta boda civil, lo haría con la cabeza en alto y el orgullo intacto. No sería su muñeca de exhibición, y mucho menos una víctima de sus juegos.
Caminé hacia mi habitación y empecé a preparar un plan. Si José Luis creía que tenía todo bajo control, estaba a punto de descubrir que yo también sabía jugar sucio cuando la situación lo requería.
Mañana, comenzaría mi contraataque.
ESTÁS LEYENDO
Zona de riesgo
RomanceWedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto. Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste No se ataquen por favor...
