Departamento de Eleonora
Un sonido metálico la sacó de su letargo: era su tablet, encendida sobre el escritorio. Había abierto acceso remoto a uno de los correos corporativos de la constructora... y acababa de ver el movimiento.
Van a firmar - dice viendo la próxima junta donde se dejara ver
Es en serio patrona? - dice el empleado
Si, hoy a las 4 nos veremos para firmar el contrato - deja la tableta en el escritorio - Pero necesito que me ayudes con algo
Digame para eso estoy para servirle - dice su fiel compañero
Tu seras mi representante - me mira confundido - Si, se que si ellos me miran no formaran el contrato y necesitas tenemos en mis manos - Eleonora se acercó al empleado, sus ojos inyectados de determinación, una mezcla de venganza fría y cálculo quirúrgico - Ellos creen que estoy muerta, y así debe seguir siendo... por ahora. Pero no puedo quedarme sentada viendo cómo se llevan lo que me corresponde.
¿Qué exactamente quiere que haga? - preguntó él, aún con cierto temor en la voz.
Quiero que vayas a esa reunión. Te presentarás como representante legal de una firma inversora nueva. Llevarás este documento - saca el sobre sellado del bufete extranjero - Es un contrato de cesión de derechos sobre parte de los activos del proyecto. Ellos no saben que ya compré acciones de uno de los fondos que financiarán la obra. Tengo poder de voto, y de veto.
- ¿Y si preguntan de dónde vienes?
- Te daré una identidad. Nuevos papeles, acento, todo. Ya he preparado eso hace semanas. Te harás llamar Esteban Rivas, socio de una consultora panameña. Llevarás traje gris, gafas, y no hablarás más de lo necesario.
El hombre tragó saliva - ¿Y si sospechan?
No lo harán. Están desesperados por firmar. Les ganaré en su juego: legal, limpio... pero letal.
Se acerca aún más, le pone una mano en el hombro y lo mira fijamente - Tienes que hacer que duden. Que se desconcierten. Que no estén seguros de firmar. ¿Puedes hacerlo?
El hombre asiente, casi hipnotizado por la intensidad de su jefa - Sí, señora. Puedo hacerlo.
Bien - sonríe con frialdad - Que empiece el verdadero juego.
Sala de juntas – Navarrete Constructora – 4:00 p.m.
La atmósfera era tensa. José Luis y Altagracia estaban impecables, dominando la mesa con su sola presencia. Frente a ellos, los inversionistas listos para firmar. Todo parecía encaminado... hasta que la puerta se abrió.
Un hombre alto, vestido de traje gris, gafas oscuras, maletín de cuero. Caminó con paso firme hacia la mesa - Disculpen la interrupción. Mi nombre es Esteban Rivas. Vengo en representación de una parte interesada en este proyecto. Solicito intervenir antes de que se firme cualquier acuerdo.
Los abogados y ejecutivos se miraron entre sí, sorprendidos - ¿Quién lo envía? - preguntó uno de los inversionistas.
- Represento a un fondo panameño que ha adquirido participación mayoritaria en uno de los grupos financieros involucrados en esta operación. Y traigo documentación que podría invalidar la firma de este contrato si no se toma en cuenta nuestra posición.
El ambiente se congeló.
Altagracia miró a José Luis. José Luis miró al supuesto Esteban. Algo no cuadraba.
¿Puedo ver esos papeles? - dijo Altagracia con tono firme, ya oliendo el veneno detrás del disfraz.
El falso Esteban abrió el maletín lentamente y colocó el sobre sobre la mesa - Aquí está. Léalo con cuidado.
José Luis lo tomó. Al abrirlo y leer, su expresión se endureció - Esto no puede ser...
¿Qué dice? - preguntó Altagracia acercándose.
- Que el fondo que firmaría con nosotros ha cedido parte de sus derechos a otra entidad. Que cualquier firma de contrato ahora requeriría doble validación. Y que, si firmamos sin su aprobación, el acuerdo sería nulo.
Altagracia se giró hacia el hombre de gafas - ¿Quién está detrás de esto?
El falso Esteban sonrió apenas, como si disfrutara de cada segundo de la incertidumbre - Solo represento intereses... muy interesados.
Los inversionistas comenzaron a murmurar entre sí. Algunos revisaban documentos, otros sus tabletas. La confusión era evidente. José Luis cerró el sobre con firmeza, dejándolo sobre la mesa como si contuviera veneno.
Esto no estaba contemplado. Ninguna notificación oficial fue enviada antes de esta junta - dijo con tono autoritario, mirando fijamente al impostor.
Esteban Rivas, sin perder la compostura, ajustó sus gafas y respondió - Lo fue esta mañana, a través del sistema legal panameño. Puedo proporcionar copia de la notificación, si es necesario. Es legal, es válida... y es vinculante.
Uno de los abogados de los inversionistas asintió tras revisar su pantalla - Confirmo. Nos llegó una notificación esta mañana, pero no supimos a qué se refería. No lo habíamos vinculado directamente a este proyecto... hasta ahora.
Altagracia frunció el ceño. Su intuición la quemaba por dentro - ¿Y quién, exactamente, es el titular de esa entidad que ahora exige participación?
Esteban hizo una pausa, elegante pero venenosa - Eso es confidencial. Solo puedo decir que son intereses extranjeros con experiencia en el rubro... y con mucho interés en asegurar que este proyecto no sea saboteado ni mal administrado por conflictos personales o desórdenes internos - dijo, lanzando la indirecta como un cuchillo entre ellos.
José Luis se irguió, cruzó los brazos - Conozco todas las jugadas de presión, señor Rivas. Y esta tiene nombre y apellido. No sabemos aún cuál, pero le aseguro que lo averiguaremos.
Lo importante - continuó Esteban - es que esta firma no puede llevarse a cabo sin considerar nuestra participación. Como dije... todo sería nulo. Y las consecuencias legales, costosas.
Los inversionistas comenzaron a ponerse de pie, inseguros - Propongo suspender esta junta hasta tener claridad sobre la situación legal —dijo uno de ellos - No queremos arriesgarnos. Esto ha tomado un giro... inesperado.
José Luis asintió con rigidez - Lo entiendo. Pero les prometo que esto no quedará así.
Esteban Rivas asintió con una sonrisa contenida, recogió su maletín y caminó hacia la salida con la misma elegancia con la que había llegado.
Antes de cruzar la puerta, Altagracia lo llamó - Esteban... o como quiera que te llames.
Él se detuvo.
- Dile a quien te envió que no será tan fácil. Que está jugando con fuego. Y esta vez... no pienso apagarlo.
El impostor se detuvo un segundo más, y por primera vez, su sonrisa se quebró apenas, como si Altagracia hubiera tocado una fibra. Luego salió sin decir nada.
Departamento de Eleonora
Eleonora encendió un cigarro, viendo la transmisión de seguridad desde una cámara oculta que había mandado instalar en la sala de juntas semanas atrás. Observaba la escena repetirse en bucle, sonriendo.
Te queda bien el papel, Esteban - dijo entre dientes, casi con cariño venenoso.
¿Cree que sospechan? - preguntó su empleado, quitándose el saco ya de vuelta en casa.
Sí. Y eso es justo lo que quiero. Cuando empiezas a hacer que duden, ya ganaste la mitad del juego - apaga el cigarro en un cenicero de cristal - Pero la otra mitad... la otra se juega con lo que viene ahora.
- ¿Qué viene ahora?
Una pequeña filtración a la prensa... una acusación falsa... y un secreto que destruirá la imagen de Altagracia en cuestión de horas - Toma una carpeta con fotos del pasado - Porque no se puede construir un imperio sobre mentiras sin que alguna grieta reviente.
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Zona de riesgo
RomanceWedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto. Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste No se ataquen por favor...
