Capitulo 59

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En la mañana va en busca de un café para ir corriendo a dejar algunos pendientes listos en la constructora e irse a encontrarse con su amigo a la hacienda donde supuestamente había muerto 

Hace las cosas rápidamente ya que lo menos que quería era encontrarse con Navarrete pero al parecer fue una causa perdida ya que José Luis la veía recargado en la entrada de la cocina 

Al parecer vas a salir temprano - dice por fin el moreno haciéndose presente con el pecho descubierto 

Me asusto cuando habla - Mmm si - no sabia que decirle - Dormiste bien? - pregunta sin mirarlo 

No a decir verdad - se acerca a la isla intentando no incomodarla 

Enserio, y eso ¿porque? - aun sin mirarlo 

Esta vez camina hacia ella - Me hiciste falta - hace que lo mire - El que no hayas dormido a mi lado me causo algo de insomnio - veo sus ojeras - Y al parecer no solo a mi - acaricio su mejilla - Tu porque no dormiste amor? - baja sus manos a la cintura 

Agacho la mirada - Claro que dormí, que te hace creer lo contrario - sigo en lo que estaba 

Le levanto la barbilla - Tienes una ojeras enormes Altagracia - intento acariciarla pero se aleja - Que carajos te pasa Altagracia, desde ayer estas distante, cortante, no quieres ni que te toque 

Lo miro y no se de donde saco agallas y le digo - Tampoco voy a estar para lo que quieras y cuando quieras, no voy a hacer la mujer con la que quieras satisfacer tus ganas a la hora que quieras Navarrete 

Si pero eres mi mujer carajo - golpea la isla 

Yo no soy mujer de nadie, entiéndelo muy bien - señala su cien - Yo no tengo dueño - intento alejarme pero me toma con fuerza 

La regreso del brazo bruscamente - Metetelo en la cabeza Altagracia - dice a centímetros de su boca - Eres mía - la besa salvajemente 

La regreso del brazo bruscamente - Metetelo en la cabeza Altagracia - dice a centímetros de su boca - Eres mía - la besa salvajemente 

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La intensidad de su mirada me sacude, pero esta vez no cedo. No me dejo arrastrar por el torbellino de emociones que siempre lo acompaña.

Eres mía - repite, con la voz rota, no tan seguro como antes.

Y tú eres mío, José Luis... - respondo al fin, bajando la guardia por un segundo - Pero no sé en qué momento dejamos de ser un equipo.

Él afloja la mano que tenía en mi cintura. Sus dedos tiemblan un poco cuando se alejan de mi cuerpo. Lo veo tragar saliva con dificultad - Tal vez desde que empezaron los silencios. Desde que esa carta llegó y ya no hablamos igual.

No necesito que diga más. Ambos sabemos de qué hablas el proyecto que llego , advirtiendo que podría ser de Eleonora - su ex esposa, la que supuestamente murió en un accidente hace un par de años que podría estar viva. Y peor aún: reclamando su parte de la constructora.

No podemos permitir que eso nos consuma, José Luis - le digo, dando un paso hacia atrás - Ya es suficiente con la incertidumbre allá afuera como para que también nos matemos aquí dentro.

¿Y si es cierto, Altagracia? ¿Si está viva? - pregunta en voz baja, como si temiera que las paredes pudieran escucharlo -  ¿Qué va a pasar con nosotros, con todo lo que construimos?

Eso depende de ti - respondo sin dudar - Porque si tú no tienes claro a quién le pertenece tu lealtad, yo sí tengo claro a dónde voy.

Él suspira con fuerza, recargando las manos en la isla. Lo veo más vulnerable que nunca - No he dejado de estar contigo ni un solo día desde que te elegí, Altagracia. Pero esto... esto es algo que ni siquiera entiendo. Si Eleonora está viva y regresa, va a quererlo todo. La empresa, mi nombre... tal vez incluso a mí.

Entonces más vale que tengas claro qué vas a defender primero - le digo con calma, pero con firmeza.

José Luis levanta la vista. Esta vez no hay rabia, solo miedo. Miedo a lo que está por venir - ¿Crees que ella nos está vigilando? - pregunta en un susurro - Ayer de camino acá sentí que alguien nos seguía.

Mi corazón se acelera. También lo sentí - No lo sé - respondo - Pero si Eleonora está viva... ya no somos solo tú y yo en esto. Y no va a jugar limpio.

José Luis me toma la mano, esta vez con suavidad. La suya está helada - No me alejes, Altagracia. Por favor.

No lo haré - le digo, apretando sus dedos - Pero si ella vuelve, vamos a necesitar algo más que amor para sobrevivir.

Después de dejar a José Luis con más dudas que respuestas, tomé las llaves del todoterreno y conduje hacia la hacienda. El viento golpeaba los ventanales del coche, como si el universo intentara advertirme algo. Cada kilómetro que me alejaba de la ciudad, sentía que el pasado se acercaba más.

La hacienda estaba como siempre: imponente, silenciosa... casi sagrada. Me bajé sin prisa. Caminé por el sendero de grava hasta la entrada principal, donde la brisa traía el aroma de las bugambilias floreciendo al borde del portón.

Abrí la puerta, y el eco de mi entrada resonó por el gran salón vacío.

Sabía que vendrías - dijo una voz desde las sombras.

Me detuve en seco. El aire se me fue de los pulmones. Lentamente, giré hacia el rincón desde donde provenía esa voz.

Y ahí estaba. De pie, con las manos cruzadas al frente, la mirada fija en mí - Matamoros... - susurré.

Mi garganta se cerró. No podía creer lo que veían mis ojos. Su silueta era más delgada, el rostro más marcado por el tiempo, pero su postura seguía siendo la misma. Firme. Leal - Hola, Doña - dijo, con esa sonrisa triste que siempre usaba para suavizar los momentos difíciles.

Corrí hacia él sin pensarlo. Lo abracé con fuerza, como si de ese gesto dependiera mi estabilidad. Sentí cómo su cuerpo temblaba ligeramente. No supe si por emoción o por culpa - Te creí muerto - murmuré entre lágrimas, con la cara contra su hombro - No sabes la falta que me haz hecho

Lo sé... y me duele - dijo, apartándose con cuidado para mirarme a los ojos - Pero tenía que hacerlo. Era la única forma de seguir protegiéndote.

- ¿Protegerme de qué? ¿De quién?

Matamoros bajó la mirada - De ella, de Eleonora.

Sentí que el mundo giraba un poco más lento - ¿Tú sabías que estaba viva?

Desde hace un año. Pero no podía decírtelo. Ella tiene ojos en todas partes. No solo quiere la empresa, Altagracia... te quiere a ti fuera de todo. Muerta, si es necesario.

Me llevé una mano a la boca, intentando controlar el vértigo. Sentí que el peso de los últimos meses por fin encontraba su punto de quiebre - ¿Y por qué ahora? ¿Por qué mostrarte?

- Porque estás en peligro. Porque ella ya se está moviendo... y no vas a poder enfrentarlo sola.

Lo miré a los ojos, buscando respuestas, buscando al amigo que había perdido. Y ahí estaba. Más vivo que nunca. Más dispuesto que nadie - Entonces dime qué hacemos, Matamoros. Porque no voy a dejar que me arrebaten nada más.

Él asintió, firme como siempre - Volvemos a hacer lo que siempre hicimos Doña, pelear juntos. Pero esta vez... sin dejar cabos sueltos.

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