José Luis entró a la casa como un huracán.
¡¿Altagracia?! - gritó por tercera vez, pero solo el eco le devolvía la voz. Revisó la sala, el jardín, la cocina... hasta el cuarto de huéspedes. Nada. La cama matrimonial estaba intacta. Ni un cojín fuera de lugar. Ninguna prenda en el suelo. Solo el armario, ligeramente entreabierto... y dentro, un espacio vacío que antes ocupaban sus vestidos favoritos.
No... no puede ser... - murmuró, abriendo los cajones con manos temblorosas. El neceser de maquillaje ya no estaba. Tampoco sus joyas ni el portarretrato con la foto de su boda.
Sacó el teléfono de inmediato y marcó, Buzón de voz, Otra vez, Buzón, Otra, Buzón. Golpeó el respaldo del sofá con furia - ¡¿Dónde estás, maldita sea?! - gritó, y se dejó caer al piso, ahogando la desesperación entre los dientes apretados.
En ese momento, la puerta principal se abrió. Eleonora apareció con su andar calculado, el cabello suelto y una sonrisa apenas dibujada.
¿Te pasa algo, esposo mío? - preguntó con una dulzura venenosa.
¿Qué estás haciendo aquí? - dijo él, poniéndose de pie de un salto.
Ay, vine a buscar unos papeles. De cuando era la dueña legal de esta casa. Aunque ya veo que llegué en mal momento... - observó el desorden, la mirada descompuesta de José Luis - ¿Se fue? ¿La patrona se fue sin avisarte?
¡Cállate! - le gritó, fuera de sí - Tú tuviste algo que ver. ¿Por que regresaste Eleonora?
¿Yo? Nada que no fuera cierto. - Se encogió de hombros - Solo le recordé que el papel de esposa ya estaba ocupado... y que tú sigues siendo legalmente mío. Tal vez no le gustó la competencia.
No tienes idea de lo que acabas de provocar - dijo José Luis, y la rabia se le agolpaba en la garganta.
¿Ah, no? - sonrió, acercándose un poco más - Al contrario, mi amor. Tengo exactamente la idea. Porque yo sí sé lo que se siente cuando te arrebatan a la persona que amas... y ahora te toca a ti.
José Luis la miró con una mezcla de asco y desconcierto. Luego, sin decir más, salió corriendo hacia el garaje. Subió al coche sin saber a dónde ir, solo sabiendo que no podía quedarse quieto.
Marcó a Tania - ¿Dónde está mi esposa? ¿La viste salir hoy?
—Sí, señor... salió con Matamoros... parecía un poco indispuesta...
—¿A dónde fueron?
—No me dijo. Solo pidió que no lo comentara con nadie. Señor, la vi mal. Tenía la cara pálida. Hasta se mareó frente a mí.
José Luis sintió que algo dentro de él se rompía - ¿Matamoros? - repitió. Cerró el puño sobre el volante - Claro... él lo sabía. Él la ayudó.
Horas después, José Luis irrumpía en el apartamento del guardaespaldas - ¡¿Dónde está?! - gritó, empujándolo contra la pared - ¡¿Dónde la tienes, malnacido?!
Matamoros no se movió. Lo dejó descargar la furia - Bájame la voz. No estás en tus oficinas.
—¡Es mi esposa! ¡Tenía derecho a saber!
Ella me pidió que no te dijera nada - respondió Matamoros con firmeza - Y si realmente la amas, vas a respetar su decisión... por dolorosa que sea.
José Luis lo soltó, pero su rostro estaba desencajado - ¿Está bien?
—Sí.
—¿Está... con alguien más?
—No. Está contigo. En el único lugar donde no pueden tocarla. En tu historia, en tu amor... y en su decisión de proteger lo único que ahora importa.
José Luis se quedó mudo. Algo más se escondía detrás de esas palabras. Lo supo. Lo sintió. Pero no lo preguntó. No tenía fuerzas para más.
Solo susurró - Dile... que la voy a esperar. Todo el tiempo que haga falta.
Y se marchó.
Sin saber que cada minuto que pasaba... Eleonora se acercaba más a descubrir la verdad que Altagracia intentaba ocultar con su vida.
En el lugar seguro
Las montañas se alzaban como testigos mudos del secreto. En una vieja cabaña de madera, Altagracia se sentaba junto al fuego. Matamoros encendía leña en silencio. Afuera, solo el viento.
El eco del monitor aún retumbaba en su memoria. Esos dos latidos. Dos vidas.
No puedo seguir así - murmuró ella, rompiendo el silencio - Quiero llamarlo, Matamoros. Quiero decirle que va a ser padre. Que no es su culpa.
Matamoros se acercó, le puso una manta sobre los hombros - Entonces hazlo.
—No. No todavía. Si Eleonora llega a saberlo... puede usarlo. Puede usar a mis hijos como su última bala. No lo voy a permitir.
Matamoros la observó con ternura y respeto. Ella era fuerte. Pero esa fuerza tenía un precio.
¿Y tú? - preguntó ella de pronto - ¿Hasta cuándo vas a cargar con mis guerras?
Hasta el final - respondió sin dudar - Hasta que esos dos nazcan. Y después... hasta que tú decidas vivir en paz.
Altagracia cerró los ojos. Por primera vez en días, se permitió llorar. Pero no de miedo... sino de alivio. Porque aunque estaba escondida, no estaba sola.
Había llovido toda la noche. El lodo hacía difícil el camino entre las colinas, pero José Luis no se detuvo. Llevaba días buscándola. Cruzando datos, llamando a viejos conocidos, sobornando empleados. Hasta que una vieja casera en los límites de la hacienda antigua de los Cedeño mencionó a "una mujer elegante con ojos tristes" y "un guardaespaldas silencioso".
Se bajó del coche sin apagarlo. Su corazón latía tan fuerte como los pasos que daba sobre el pasto húmedo. Matamoros lo esperaba en la entrada de la cabaña. No dijo nada. Solo se hizo a un lado.
José Luis abrió la puerta de madera.
Ella estaba junto al fuego, envuelta en una manta. El cabello suelto, los ojos húmedos. Cuando lo vio, se puso de pie, como si le costara creerlo.
¿Qué haces aquí? - susurró.
Él se acercó, lento. Los ojos vidriosos, la voz rota - Te estoy buscando desde el día que te fuiste. Desde antes. Desde el momento en que dejé que ella te lastimara con mis silencios.
No vine a pelear - dijo ella, mirando al suelo.
—Ni yo. Vine a decirte... que si tú estás rota, yo también lo estoy. Que no sé qué pasó ni por qué te fuiste, pero quiero entenderlo contigo. Caminarlo contigo.
Ella apretó los labios. Y entonces, temblando, llevó su mano al vientre - Estoy embarazada, José Luis.
Un silencio pesado, sagrado, cayó entre ellos.
Él parpadeó, sin comprender al principio... luego se arrodilló frente a ella, con los ojos enrojecidos - ¿Es verdad?
Ella asintió - Son dos. Lo supe hace poco. Pensé en protegerlos... en protegerte a ti.
José Luis la abrazó con fuerza, apoyando su rostro en su vientre aún plano - No me protejas de mi familia, Altagracia. No otra vez. Vamos a luchar por ellos. Por ti. Por nosotros.
Y por primera vez en semanas, ella lloró sin contenerse. Esta vez no por miedo, sino porque por fin alguien compartía el peso de esa verdad.
A kilómetros de allí, en un despacho privado, Eleonora miraba las imágenes en la pantalla de su celular.
Una foto, capturada desde lejos, mostraba a José Luis arrodillado frente a Altagracia. Matamoros, al fondo.
Navarrete le alcanzó un informe. El encabezado era claro: Ultrasonido. Embarazo gemelar. 4 semanas.
Eleonora apretó los labios - Lo sabía. Esa zorra lleva a los herederos en el vientre. No solo quiere su amor. Ahora también su apellido.
—¿Qué vamos a hacer?
Lo que sea necesario. - Tomó una copa de vino y la alzó como si brindara por el desastre - Vamos a arrancarle ese futuro de las entrañas. Aunque tenga que destruirlos a todos.
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Zona de riesgo
Roman d'amourWedding será publicada de nuevo por la que la escribió pronto. Así que tendremos nueva historia pero esta también será de Altagracia y Navarrete tengan paciencia no tengo idea de como fluirá la historia pero espero les guste No se ataquen por favor...
