Capítulo 27

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Altagracia me mira, y hay una chispa de algo en sus ojos, algo que no puedo descifrar. Asiento y le ofrezco mi brazo. Ella lo toma sin dudar, y juntos avanzamos hacia la multitud, listos para ofrecer el espectáculo que tanto desean.

Pero mientras lo hacemos, no puedo evitar preguntarme cuánto tiempo más podremos mantener esta farsa sin que se derrumbe. Porque, aunque ninguno de los dos lo admita, las grietas ya están comenzando a aparecer.

José Luis... - digo cuando nos detenemos - No se pero algo me dice que esto saldrá mal 

Me pongo en frente de ella - Altagracia te necesito mas segura de ti mucho mas que antes - acaricio su mejilla - Todo esto saldrá bien si - deposito un beso cerca de sus labios - Vamos preciosa - le regalo una sonrisa y la tomo de la cintura para caminar con ella 

Me pongo en frente de ella - Altagracia te necesito mas segura de ti mucho mas que antes - acaricio su mejilla - Todo esto saldrá bien si - deposito un beso cerca de sus labios - Vamos preciosa - le regalo una sonrisa y la tomo de la cintura para ...

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Altagracia no dice nada, pero puedo sentir cómo su cuerpo tiembla ligeramente bajo mi toque. Es un temblor casi imperceptible, pero lo suficiente como para que yo lo note. Sé que está nerviosa, que una parte de ella quiere escapar y dejarlo todo atrás. Sin embargo, también sé que es demasiado orgullosa como para admitirlo.

Cuando llegamos al centro de la multitud, las miradas se clavan en nosotros como cuchillos. No hay escape. Altagracia endereza la espalda, como si esas miradas la empoderaran en lugar de intimidarla. Su mano se aferra a la mía con una fuerza inesperada, y siento que algo cambia en ella.

Listo - susurra entre dientes, sin mirarme.

Empieza a hablar, su voz fuerte y segura, como si hubiera nacido para este momento. Pero yo sé la verdad. Sé que esta seguridad es una máscara, una que se ha perfeccionado a lo largo de los años. Y mientras las palabras fluyen de sus labios, la chispa en sus ojos se transforma en algo más oscuro, más profundo.

La multitud responde, como siempre, entregándose al espectáculo que hemos montado para ellos. Pero esta vez, algo está diferente. Lo siento en el aire, como una tormenta que se aproxima. Hay murmuros, miradas cruzadas, como si el público también pudiera sentir las grietas que tratamos de ocultar.

¿Lo sientes? - me dice Altagracia sin mover los labios, sus palabras apenas un murmullo entre nosotros.

Sí - respondo, apretando su cintura un poco más fuerte, como si eso pudiera mantenernos a salvo.

El espectáculo continúa, pero mi mente no puede dejar de correr. Las grietas están ahí, visibles para cualquiera que se tome el tiempo de mirar de cerca. Y sé que no podemos mantener esto mucho más tiempo. Algo va a romperse. Es solo cuestión de cuándo, y de cómo.

Y entonces, sucede. Un rostro emerge entre la multitud, uno que ninguno de los dos esperaba volver a ver. Altagracia se queda helada, su voz atrapada en su garganta. Yo también lo veo, y un frío glacial recorre mi espina dorsal.

Es él. Leon Contreras 

El pasado que habíamos enterrado. El secreto que juramos jamás revelar. Y ahora, está aquí, listo para arrancar nuestras máscaras frente a todos.

No se que me pasa es algo que no puedo explicar, que hacia nuevamente Leon aquí - No no puedo 

Altagracia estaba apunto de irse - No cariño - la detengo - Haremos esto Altagracia así tengamos que correar al perro ese pero lo vamos a terminar - la tomo nuevamente de la cintura - Bien muchachos que comiencen las preguntas 

Yo quiero comenzar con una pregunta para la actual feliz pareja - se acerca el policía hacia donde están ellos - Luces espectacular Altagracia - tomo su mano y dejo un beso en ella 

Le quito la mano de Altagracia bruscamente a Leon y lo tomo de su chaqueta - Por que mejor no te terminas de largar pedazo de imbecil 

Le quito la mano de Altagracia bruscamente a Leon y lo tomo de su chaqueta - Por que mejor no te terminas de largar pedazo de imbecil 

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José Luis por favor - intento separarlos pero es imposible 

Leon soltó una risa seca, casi burlona, mientras se acomodaba la chaqueta que acababa de arrugar con mi arrebato. Sus ojos oscuros me taladraban, cargados de una mezcla de desafío y superioridad.
¿Siempre tan impulsivo, Navarrete? - replicó con una voz calmada, casi susurrante, lo que solo me enfureció más.

¡Cállate! - gruñí entre dientes, sintiendo cómo mi sangre hervía. Altagracia, todavía entre nosotros, me miraba con los ojos abiertos de par en par, su rostro una mezcla de temor y algo más que no pude descifrar.

¡José Luis, basta! - interrumpió ella, girándose hacia mí. Su tono firme contrastaba con el leve temblor de su voz - Esto no es el momento ni el lugar.

Tomé aire, tratando de controlarme. Pero era difícil, casi imposible, cuando Leon estaba ahí, como un recordatorio vivo de todo lo que habíamos intentado dejar atrás. De todo lo que habíamos enterrado.

Leon dio un paso hacia atrás, levantando las manos en señal de rendición, pero en su rostro se dibujaba una sonrisa que no auguraba nada bueno.
- Tranquilo, no vine a pelear. Solo vine por la verdad. Todos tenemos algo que esconder, ¿no?

El salón entero quedó en silencio. Las palabras de Leon flotaban en el aire como una amenaza velada, y por un momento, el sonido de mi corazón latiendo desbocado fue lo único que pude escuchar.

¿Qué demonios estás diciendo? - pregunté finalmente, cruzando los brazos, intentando proyectar una calma que no sentía.

Lo sabes muy bien, Navarrete - contestó él, girándose hacia la audiencia que parecía contener el aliento - Y creo que Altagracia también lo sabe, aunque intente fingir que no.

Vi cómo el rostro de Altagracia se tornaba pálido. Leon tenía algo, algo que podía destruirnos, y lo sabía.

Leon, por favor, no lo hagas - murmuró ella, su voz casi inaudible.

¿No lo haga? - Leon rió nuevamente, esta vez más fuerte, casi histriónico - ¿Por qué no? Ya hemos guardado este secreto por demasiado tiempo, y estoy cansado de fingir que todo está bien. Si nadie más quiere hablar, entonces lo haré yo.

El mundo pareció detenerse mientras Leon tomaba una copa de la mesa más cercana y la levantaba, como si estuviera brindando.
- Por lo que pasó esa noche... y por lo que viene después de que todos se enteren.

La copa cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos, justo cuando Altagracia soltó un grito ahogado. El pasado había regresado, y esta vez, no iba a dejarnos escapar.








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