El avance a las fuerzas rebeldes eran tan bien coordinadas que de no ser por sus sombras, los exploradores de su ejercito regular no seria capaz de rastrearlos, por fortuna para Agdrian sus enemigos estaban mas confiados desde que tantas familias tan cercanas a la casa real Blacksong, se les habían unido, no habían esperado mucho antes de que reunieran a sus tropas en secreto y comenzaran a movilizarlas utilizando bosques y montañas para camuflar sus avances. Sus sombras por fortuna eran capaces de incluso infiltrarse entre las filas de aquellos ejércitos y enviarle informes constantes.
Avanzaban en dirección a Elparion donde solo contaba con la guarnición de la ciudad para su defensa, su legión personal habia marchado a la frontera norte para reforzarla, o eso era lo que quería que creyeran sus enemigos, la verdad era que tendrían la orden de dar media vuelta sin previo aviso y regresar a la capital justo cuando el enemigo estuviera en ella.
- Los rebeldes están a un día - dijo Licinio mientras Agdrian estaba recostado en la hierba del jardín real y observaba la luna en el cielo nocturno - comenzaran a llegar y a acumular sus fuerzas en el pueblo de Pulver como teníamos previsto.
- ¿Cuántos hombres tienen? - pregunto Agdrian mientras se acomodaba.
- Nuestras sumas - dijo Licinio mientras tomaba una nota de debajo de sus ropas - es de seis mil hombres.
Agdrian sonrió.
- Patético - dijo mientras se levantaba del suelo - han sumado todas sus fuerzas y no son capaces de nada mas que eso.
- Para tomar la ciudad serian suficientes - dijo Licinio mientras se ponía en cuclillas a su lado - ¿esta seguro de que puede confiar en esa mujer?.
Agdrian observo a su sombra.
- Con mi vida - dijo sin dudarlo - Eleonor es como una hermana para mi.
Su sombra asintió y se levanto.
- Confió en ti también - dijo Agdrian a su sombra que se volteo a mirarlo asombrado - no por tus juramentos o por los rituales, se que eres un hombre de confianza, eres un buen hombre.
- Agradezco sus palabras - dijo Licinio.
Se levanto del suelo y tomo la espada que tenia apoyada sobre el tronco de uno de los arboles y se la ato al cinturón. El jardín habia sido el lugar preferido de su padre, era donde se escondía cuando tenia que meditar o cuando se preparaba para tomar una decisión importante y crucial para su nacion. Ahora entendía porque le gustaba tanto ese lugar, era un lugar de paz donde podía estar sin que nadie lo molestara, odiaba a ese viejo, pero no podía evitar extrañarlo a veces.
- ¿Cuáles son sus ordenes? - pregunto Licinio.
- No hay cambio en ellas - dijo sin dudarlo - todos saben lo que deben hacer.
Licinio se llevo el puño al pecho e inclino la cabeza para luego dar media vuelta y alejarse por el camino de piedras. Se acerco al gran balcón de piedra en donde terminaba el jardín y observo la ciudad a sus pies, a lo lejos, mas allá de las murallas observo la población de Pulver, el lugar mas cercano a la ciudad de Elparion y donde se congregarían sus enemigos próximamente, un enemigo que creía que el no sabia nada de sus movimientos, pues Agdrian se habia encargado de que creyeran eso.
Estuvo allí por mucho tiempo observando el horizonte, hasta que logro ver en la oscuridad de la noche como centenares de antorchas comenzaban a congregarse en la lejanía, pequeñas luces que titilaban y se dio cuenta de que ya era demasiado tarde como para cambiar de opinión. Volvió a la sala del trono y se sentó allí esperando lo que pasaría, no tenia sueño, no tenia hambre ni sed, solo tenia deseos de que todo terminara de una vez por todas.
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La Nueva Sangre
FantasyTercer Libro y ultimo de la saga. Primero Leer El Consorte y La Reina, después Legitima y finalmente este libro. La Reina Maria dedica sus esfuerzos a restaurar su reino luego de la guerra contra el Usurpador y consolidar la paz, mientras que Andros...
